La epopeya de los Andes

Dos de los sobrevivientes del accidente aéreo de 1972 hablan con LA GACETA Literaria sobre sus experiencias. Por Daniel Dessein - Para LA GACETA, Buenos Aires.

10 Mayo 2009
Las 16 fórmulas para seguir viviendo
Una tarde de enero de 1946 mi padre estaba a punto de ahogarse en la playa de Carrasco, Uruguay, cuando un hombre lo rescató del mar. Siete años más tarde ese hombre engendraría a Roberto Canessa, uno de los dos jóvenes que en 1972 atravesaron kilómetros de nieve en la cordillera de los Andes y salvaron a los 14 compañeros que los esperaban, refugiados en los restos del fuselaje del avión que se había estrellado 71 días antes. "¿Me estás jodiendo?", me pregunta Canessa, abriendo los ojos, cuando le cuento la historia de mi padre en Carrasco. "Es increíble que los dos estemos conversando aquí hoy; esta es una entrevista absolutamente improbable", me dice el héroe de los Andes minutos después de presentar, en la Feria del Libro, La sociedad de la nieve, libro en el que por primera vez los 16 sobrevivientes relatan en conjunto su experiencia.

- ¿Qué agrega La sociedad de la nieve a la historia narrada en el libro ¡Viven!?   
- Cuando el escritor Piers Paul Read nos trajo la primera versión de ¡Viven!, cuestionamos su enfoque; creíamos que faltaban descripciones que reflejaran adecuadamente nuestras vivencias. El autor sostenía que le resultaba muy difícil expresar nuestros sentimientos y ciertas señas localistas en su texto, porque atentaban contra la objetividad y la universalidad que exigía un relato destinado a habitantes de países muy diversos. Con el paso de los años me di cuenta de que nuestra historia no podía ser plenamente aprehendida con códigos literarios o cinematográficos convencionales. En la película (protagonizada por Ethan Hawke), por ejemplo, la productora de Disney excluyó el personaje del arriero (que es quien encuentra a Canessa y a Parrado) para construir un final centrado sobre los personajes de Nando y el mío, fortaleciendo la idea de una autosalvación. Y creo que esa manipulación perjudicó la historia. Por eso decidimos armar este libro, sin grandes ambiciones, en Uruguay. Luego se publicó aquí, en la Argentina, en España y en otros países.

- Usted afirmó: "no sé si hubo algún científico loco y maldito que dijo: en lugar de poner cobayos, pongamos seres humanos en el hielo". ¿Qué aprendieron sobre la naturaleza humana a través de ese "experimento"?
- Lo primero que aprendimos allí fue que, hasta entonces, vivíamos en una sociedad privilegiada, donde teníamos muchísimo más de lo que necesitábamos y hacíamos mucho menos de lo que éramos capaces. Lo segundo que entendimos fue qué era lo esencial y qué lo accesorio, y que antes del accidente habíamos estado concentrados por adquirir lo segundo, sin valorar lo primero, dando por sentada su presencia en nuestras vidas. Finalmente, descubrimos que los límites a los que puede llegar un ser humano estaban mucho más allá de lo que imaginábamos.

- Los sobrevivientes de los Andes conforman una suerte de reverso empírico de las teorías del filósofo Emile Cioran, el apóstol del suicidio. Teniendo todas las razones para desear la muerte, tuvieron una extrema "tentación de existir".
- El suicida no encuentra una razón para vivir. Víctor Frankl decía que no importa cómo sobrevivir sino "para qué". Cuando se encuentra esa respuesta, un motivo profundo, uno halla maneras insospechadas de sobrevivir.

- ¿Cómo cambió su relación con la idea de la muerte?
- La muerte es el fracaso de la medicina, mi profesión. Y es una puerta a múltiples interrogantes. Mi relación con la muerte cambió porque hoy siento que la muerte está lejos; en la montaña conviví constantemente con ella.

- ¿Cómo fue transformándose, a medida que pasaron los años, el recuerdo de esos 71 días en los Andes? 
- Se transformó por las experiencias que viví a lo largo de mi vida. Hoy soy padre, y eso me abrió nuevas perspectivas. Admiro a la persona que fui en la montaña y trato de responderle a través de una vida honesta y digna; y procuro aprovechar la oportunidad que muchos de mis amigos no tuvieron.

- El libro reúne 16 perspectivas diferentes de una misma experiencia. ¿Son 16 verdades igualmente válidas?   
- Son 16 fórmulas, igualmente válidas, para sobrevivir.
© LA GACETA

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