Un delito que crece sin pausa

El miércoles se cumplirá un año de la promulgación de la Ley 26.364 (Prevención y Sanción de la Trata de Personas y Asistencia a sus Víctimas). De acuerdo con los datos relevados por el Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación, la cantidad de víctimas rescatadas en el país, a partir de la sanción de la norma y hasta la fecha, es de 257 mujeres, de las cuales 78 son menores de edad.

26 Abr 2009
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UNA NUEVA VIDA. Luciana vivía en Salta; se fue a trabajar a Santa Cruz y a Córdoba. Hoy reside en Tucumán, gracias a la Fundación María de los Angeles. LA GACETA/INES QUINTEROS ORIO

"Roberto me llama y me lleva del brazo al baño. Cierra la puerta con pasador y ?cachetiándome? me dice que debía trabajar haciendo lo que ellos (los clientes) quieran. Y que además de hacer copas debía hacer ?pases?, lo que significaba que debía pasar con ellos a las habitaciones. Después que salimos del baño, me lleva con un revólver a una habitación pegándome y tomándome del pelo. Y siempre amenazándome con el revólver -que me lo pasaba por mi cuerpo- me obligó a bajarme el pantalón y me violó".
El relato de María Inés (24 años) sobre lo que le ocurrió en un prostíbulo encubierto como bar, en una ciudad del Gran Tucumán es, con algunos matices, lo que suele ocurrirles a chicas que son captadas por proxenetas para trabajar como mozas y luego son obligadas a prostituírse.
La joven continuó relatando su calvario. "Mientras me obligaba a tener sexo, ese animal me decía que hacía meses que venía persiguiéndome, que sabía todos los movimientos de mis parientes, que a mi mamá le iba a pasar algo y que yo iba a ser boleta si no le hacía caso", dijo indignada. Agregó que después, mientras ella lloraba en la habitación, Roberto la obligó a ponerse una pollera corta para que trabajara. "Le dije -continuó- que quería irme y me contestó que ahí había horario para entrar pero no para salir, y de inmediato puso en su nariz una sustancia blanca. Salí a trabajar al prostíbulo y me hizo atender a varios clientes hasta que él me autorizó a que me fuera. Y ese día no cobré casi nada". María Inés señaló que al día siguiente el proxeneta mandó a un amigo a su casa para intimidarla a que volviera a la casa de citas y que ella, a su pesar, decidió ir por temor a que le pasara algo a su familia. Y así siguió haciéndolo durante unas tres semanas. "Todas las veces que iba me violaba y me decía que me quería sacar de ahí para llevarme a otra provincia. Pero me amenazaba para que haga lo que pedían los hombres sin reclamar nada", añadió.

Inhalación
También indicó que en varias ocasiones la obligaba a inhalar una sustancia y a tomar bebidas alcohólicas, aunque ella se resistía, lo que derivaba en una golpiza. "Me decía que como sea, iba a ser su mujer. Un día me llevó en un auto a un negocio fuera del prostíbulo y tomamos una cerveza. Al vaso mío le puso droga porque al rato me descompuse. Me tuvieron que llevar al hospital y después a la casa de una amiga de él para que duerma. Mi novio no estaba en la provincia en esos días y justo volvió al día siguiente de mi desmayo. Le contaron que yo estaba trabajando en ese supuesto bar y lo que pasó. Entonces puso la denuncia en la Policía y dejaron de buscarme para ir allí. Pero siguieron por varios días con las amenazas a mi familia", relató finalmente.

"Hacía falta plata"
Otro caso es el de Luciana, de 16 años, que hoy vive en San Miguel de Tucumán pero que a los 15 partió desde Salta -donde vivía- rumbo a Río Gallegos en busca de un porvenir. "En mi casa hacía falta plata, sobre todo porque mi abuela estaba enferma, y me fui con una amiga porque allá iba a tener trabajo seguro en un boliche. Una conocida de mi mamá fue la que hizo el contacto", comenzó a relatar. La esperanza de Luciana pronto se hizo trizas. "Hicimos copas -continuó- una sola noche y al día siguiente ya nos obligaron a pasar con los clientes a las habitaciones: si no queríamos, nos aplicaban una multa de entre $ 100 y $ 250 por noche. Después de darnos cuenta que nos querían hacer trabajar como prostitutas decidimos escapar, pero nos habían quitado los documentos al llegar. Eran falsos: ahí figuraba que éramos mayores de edad".

Regreso anticipado
En los 20 días que hizo pases en la fría ciudad santacruceña, Luciana llegó a recaudar unos $ 8.000, de lo que le correspondía la mitad ($ 4.000): por noche "facturaba" unos $ 400 promedio. Pero cuando le permitieron volver a su casa sólo le dieron -también a su amiga- el pasaje de vuelta y $ 100 para gastos. Su regreso se precipitó porque el dueño del local descubrió que ambas eran menores -había sido engañado por el reclutador de las chicas- y no quiso tener problemas con la Policía. "Volví a vivir en la casa de mi abuela y no le conté a nadie lo que había pasado. El hijo de la señora que nos mandó vendía droga en el barrio y yo no quería tener problemas", señaló.
El año pasado, y debido a que en Salta no conseguía trabajo, decidió probar suerte en Córdoba y partió con otras dos chicas hacia Oncativo, donde estuvo entre junio y agosto. "Nos dijeron que sólo íbamos a hacer copas y que viviríamos en la casa de la dueña del boliche. Pero fue peor que en Río Gallegos. No nos dejaban hablar por teléfono. Teníamos que decir dónde íbamos. Y si no volvíamos rápido, el encargado nos iba a buscar en el acto. Además nos maltrataban cuando no queríamos hacer pases. Nos pagaban al final de la jornada ($ 500 a $ 600). Escondíamos el dinero pero nos robaban las otras chicas o los encargados, y así volvimos con poca plata", relató.

A un instituto de menores
El momento de salir de ese infierno llegó cuando fueron a una exposición rural. La Policía las vio y las detuvo por averiguación de antecedentes. Después las llevaron a la capital cordobesa donde fueron alojadas en un instituto de menores. Luciana, por gestión de la Fundación María de los Angeles, que preside Susana Trimarco, fue enviada a Tucumán.
Hoy, la menor vive en la casa de unos parientes junto a su hija de un mes, fruto de una relación que tuvo en Salta antes de viajar a Río Gallegos. Está cursando el primer año del polimodal y se anima a dar un consejo: "a las chicas de mi edad les digo que, por más necesidad que tengan, no lo hagan. Es muy feo. No tenés libertad y llegás a hacer cosas deprimentes por el solo hecho de ganar dinero".
Jackeline, de 15 años, quien estuvo con Luciana en Santa Cruz y Córdoba, declaró lo siguiente ante la Justicia: "antes de viajar nos llevaron a la peluquería para hacernos unos claritos y nos compraron ropa y zapatos. Las dos pagamos muchas multas allá porque no queríamos hacer pases. Angela, la encargada, era insoportable. Nos insultaba y maltrataba todo el tiempo. Planeamos escaparnos desde el primer momento, pero nos quitaron los documentos y dijeron que teníamos que quedarnos por lo menos 45 días. Trabajábamos todos los días entre las 23 y las 8. Nosotras no tocábamos la plata; todo lo manejaba Angela. La cosa cambió cuando una de las chicas se escapó y denunció en la Policía que en el boliche había menores. Por eso nos sacaron los pasajes y pudimos volver a Salta".
Otra de las chicas captadas por la mafia de la trata de personas fue Nancy, hoy de 19 años, quien fue llevada a La Pampa junto a otras dos jóvenes.

"No te hagás la santa"
"El arreglo -comienza a relatar- era trabajar por dos meses como coperas, sin contacto sexual, por eso acepté. Hablé con mi pareja y él estuvo de acuerdo. Ya teníamos dos hijos y el dinero escaseaba. Era un boliche ubicado sobre la ruta y el horario era de 23 a 7. Había nueve chicas: la mayor de 27 años y la menor era yo, que tenía 17. Todo fue bien hasta que al tercer día un cliente pide estar conmigo y yo lo rechazo. La encargada, Marisa, vio mi reacción y me obligó a pasar con ese hombre a una habitación: ?no estás en una iglesia, no te hagás la santa?, me dijo. Los precios eran entre $ 70 y $ 140, según los minutos del servicio. Después de eso me quería volver a casa, pero Marisa me dijo que le debía plata. Luego de un mes de trabajar sin cobrar nada, volví a insistir, pero nada. Y me recalcaban que no intente escapar porque la iba a pasar mal. Finalmente, después de casi tres meses me dejaron salir. Solamente me pagaron $ 300 y el pasaje de regreso. Pero Dios se ocupará de ellos". Nancy reflexiona hoy: "no existe nada mejor que la libertad y la dignidad de la persona. Yo me equivoqué, pero no me volverá a pasar nunca más. El sufrimiento deja muchas enseñanzas".

Dónde pedir ayuda

-  Fundación María de los Angeles
Salta 514-S. M. de Tucumán
Tels. 0381-4214255 / 4972842
0381-155942955
[email protected]
www.fundacionmariadelosangeles.org

- Red Alto al Tráfico y la Trata
José Juan Biedma 561
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Tels..: 011-4432-9053
011-4432-9048
www.ratt.org.ar

- Pedofilia-no.org 
Pasaje Angel Peluffo 3.981
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Tels.: 011-4981-6882
011-4958-4291
 [email protected] 
www.pedofilia-no.org
 
- Ministerio de Justicia y Derechos Humanos
Oficina de Rescate y Acompañamiento a las  Personas Damnificadas por el Delito de Trata
Tel: 011-5300-4000
[email protected]
www.jus.gov.ar

 

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