El núcleo más duro de pobreza está en Simoca

Un estudio realizado por el Conicet reveló que es el territorio con peor calidad de vida de la provincia y uno de los últimos del país.

08 Dic 2008

Las investigaciones confirman la agonía de Villa Chicligasta. La miseria puntuó a la comuna para que el departamento en el que está situada, Simoca, ocupara el último lugar de los distritos tucumanos en un ranking de la calidad de vida de las ciudades. El estudio fue realizado por un equipo de investigadores en geografía y en demografía del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y de seis universidades públicas nacionales. Se concretó en todo el país, y en total fueron relevadas 511 ciudades argentinas.
Simoca ocupó el puesto 468 en el ámbito nacional, y el último de Tucumán. Se tomaron como indicadores datos sobre el acceso a la cobertura médica, el nivel de educación, las condiciones de las casas, la mortalidad infantil, la vulnerabilidad ante desastres naturales y el empleo. En el primer lugar de la provincia quedó Yerba Buena, que sobresale porque brinda a la mayoría de sus habitantes buenas condiciones de salud, de educación y de vivienda, y hasta un buen disfrute del ambiente. Cuenta con una alta proporción de gente que terminó la universidad y con un bajo índice que vive hacinada o que carece de inodoro. Sus ciudadanos no enfrentan desastres naturales. Después de la urbe piedemontana se ubicaron la capital, Tafí Viejo, Tafí del Valle, Alberdi, Chicligasta, Monteros, Cruz Alta, Río Chico, Lules, Leales, Famaillá, Trancas, La Cocha, Burruyacu y Simoca, en ese orden. "Lamentablemente, todo el Norte del país se encuentra en una situación bastante complicada", dice Guillermo Velásquez, investigador principal del Conicet que lideró el estudio y director del Centro de Investigaciones Geográficas de la Universidad Nacional del Centro, en Tandil.
"Eso se debe -continúa- a que en el proceso histórico de desarrollo la región siempre quedó al margen. No recibió las inversiones en industrialización que sí tuvieron otras zonas y, además, sufrió los efectos de las inundaciones o de las sequías".
Velásquez considera que uno de los rasgos característicos de la Argentina "es la desigualdad. Una perversión de asimetría casi perfecta, puesto que la riqueza se concentra en el sur y la pobreza hace estragos en el norte".
El investigador tucumano Alfredo Bolsi, del Instituto Superior de Estudios Sociales del Conicet y quien estuvo al frente de la recopilación de datos locales, también ayuda a dilucidar las razones del fenómeno.
Su conclusión es que las raíces estructurales condicionan y dividen al país. "Hubo dos respuestas diferentes a la consolidación del capitalismo y a la colonización", apunta, y agrega que en Tucumán ese grado de diferencias es todavía más preocupante.
Yerba Buena -ejemplifica- se encuentra dentro de las 100 mejores urbes argentinas. Simoca, en cambio, ocupa los últimos puestos de la medición. "En algunas poblaciones simoqueñas hallamos el núcleo más duro de la pobreza", revela el geógrafo. A nivel país, en el primer lugar del ranking quedó la ciudad de Punta Alta, situada al sur de la provincia de Buenos Aires. En el peor puesto se ubicó General Mosconi, en Formosa. Allí vive una comunidad wichi donde apenas el 13 % de la población tiene cobertura social y el 97 % habita una casa sin baño. "Por su nivel de vida, Punta Alta es comparable a las ciudades del Primer Mundo. Mosconi, en cambio, se asemeja a los países subdesarrollados", concluye Velásquez. Después de la ciudad bonaerense se ubicaron Monte Hermoso, también en Buenos Aires, Comandante Luis Piedrabuena, en Santa Cruz, y Río Grande, en Tierra del Fuego.
El estudio fue elaborado en base a las estadísticas del censo 2001 del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), y se publicó recientemente en el libro "Geografía y Bienestar", de la Editorial Eudeba.

Las voces de los protagonistas
- "Los gobernantes jamás se ocuparon de la situación de Villa Chicligasta. Sus dichos se reducen a promesas. En este lugar todas las necesidades están insatisfechas. No hay ninguna fuente laboral", lamenta el médico del poblado, José Mahmoud.

- El padre Luis Alvarez, párroco de Simoca, dice que las localidades del este viven en condiciones de pobreza inimaginables. "La gente pasa hambre. No hay trabajo para nadie. Aquí es imposible conseguir un empleo. Los padres mandan a sus hijos a la escuela para que los alimenten más que por la educación", revela.

- "Trabajo desde los 14 años. No pude terminar el secundario. No tengo posibilidades aquí, porque no hay nada. Para los jóvenes este pueblo es triste", afirma Cristian Barrionuevo, de 16 años, rodeado por sus amigos.

- A sus 79 años, Adelaida Gramajo reconoce que el poblado está mejor que años atrás pero advierte que la desocupación es grave; además, se queja de que la mayoría de la gente sufre problemas intestinales debido a la falta de agua potable.

- "No tengo casa ni cobertura social. Para colmo el boleto del colectivo es caro, así que no se puede viajar a la capital a buscar trabajo", dice Marina Almaraz, de 29 años.

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