DEBATES - PRACTICAS DE GOBIERNO

El Viejo Vizcacha fue el Maquiavelo argentino

El personaje del Martín Fierro enseñaba las bases de una política despojada de ética y dignidad, y sentó las bases de la "picardía criolla". Pregonaba la abolición de las lealtades, promovía la obsecuencia y exaltaba el oportunismo. Los ejemplos de la historia tucumana.
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RECONOCIMIENTO RIOPLATENSE. La plaza José P. Varela, en Montevideo, Uruguay, alberga el monumento “Viejo Vizcacha”, inaugurado en 1930. Su autor fue el escultor uruguayo José Luis Zorrilla de San Martín (1891-1975).

El Martín Fierro es el poema nacional. En honor al natalicio de su autor, José Hernández, mañana se celebra en la Argentina el Día de la Tradición. Y, precisamente, la obra encierra las que pueden considerarse las bases de una tradición política para este país y para esta provincia: los "Consejos del Viejo Vizcacha".
Las enseñanzas de ese personaje lo convierten en una suerte de Maquiavelo gauchesco: la política despojada de toda ética, de toda raíz moral y de toda dignidad encuentra sustrato en el pensamiento de esa renegada creación del pensamiento de Hernández.
El Viejo Vizcacha le dice a un hijo del gaucho Fierro que debe mantener una relación de obsecuencia con el poderoso. Emplea la metáfora de la rata y su madriguera para elogiar el conformismo; y la del burro (antítesis de la inteligencia) para decir que lo importante es saber donde "comer".
Desprecia a los pobres ("jamás llegués a parar / ande veas perros flacos"), recomienda dejar que el otro trabaje, y propone dedicarse a sacar provecho del esfuerzo ajeno. Además, desalienta la denuncia y auspicia la complicidad: "el que gana su comida / bueno es que en silencio coma".
La abolición de la lealtad se sintetizan en que él va donde le conviene para llenarse la barriga.
Lo único que importa es el provecho propio. Y alcanzar ese fin justifica cualquier medio.
Ese digesto de pijoterías ("acción mezquina", de acuerdo con el Diccionario del Habla de los Argentinos) no es ajeno en la historia reciente de la política vernácula. José Domato alcanzó la gobernación, en 1987, a pesar de que había obtenido menos votos que el radical Rubén Chebaia: en el colegio electoral, consiguió los votos de los electores de Osvaldo Cirnigliaro, quien entonces fue designado senador nacional, cargo que le birlarían porque quien ocupó ese escaño, después, fue Olijela del Valle Rivas.
Antonio Bussi se comprometió públicamente en campaña electoral a cortarse el brazo antes que transferir el Instituto de Previsión y Seguridad Social a la Nación. Luego, asumió como gobernador e hizo lo contrario, pero no sufrió amputación alguna.
Durante el Gobierno de Julio Miranda, sólo uno (Cirnigliaro) de los entonces 40 legisladores denunció que se pagaban gastos de bloque en la Cámara, libres de rendición de cuentas. En un sonado escándalo, la supuesta carta de la entonces esposa de un parlamentario denunciaba ante la Fiscalía Anticorrupción que se habían pagado coimas de hasta $ 250.000 a 27 legisladores, para que habilitaran una reforma constitucional gracias a la que ellos mismos podrían ser reelectos. Esa enmienda quedó trunca. Al poco tiempo, desapareció esa oficina judicial, que investigaba delitos en perjuicio del Estado.
La posibilidad de que los representantes electivos pudieran acceder a un segundo mandato consecutivo se dio con la reforma constitucional de 2006. Pero en ella se pautó que los que estaban gobernando podrían tener tres períodos seguidos. En concreto, el artículo 159 establece: "los mandatos de Gobernador, Vicegobernador, Legisladores, Intendentes, Concejales y Comisionados, en ejercicio al momento de sancionarse esta reforma, no serán considerados como primer período (...). Por tanto quedan habilitados para ser candidatos en las elecciones generales de 2007 y se considerará al período 2007-2011, como el primero".

Corderos y borregos
Ahora bien, toda esta cultura política de la avivada ha sido practicada en Tucumán por representantes populares que son tucumanos. Y es que, como advierten en esta página un sociólogo, un filósofo y un especialista en ética, los "Consejos del Viejo Vizcacha", o la esencia que los reúne, son también la base de la mentada "viveza criolla", de la que tan dudosamente se enorgullecen no pocos argentinos.
El resultado de esa cultura de la propia conveniencia también fue descripto por el Viejo Vizcacha: "...cada lechón en su teta / es el modo de mamar. / Ansí se alimentan muchos / mientras los pobres lo pagan; / como el cordero hay quien lo haga / en la puntita, no niego; / pero otros, como el borrego / toda entera se la tragan".

El ambiente campestre marcó a José Hernández desde que nació en la chacra de un tío en 1834. Su padre era capataz en las estancias de Juan Manuel de Rosas, razón por la que conoció el lenguaje y las costumbres de los hombres de campo. Esto quedó registrado en El gaucho Martín Fierro, obra que escribió en 1872 y que, por su éxito, lo obligó a publicar en 1879 La vuelta de Martín Fierro. Como legislador defendió el proyecto de que Buenos Aires fuera capital de la república. Murió en 1886.