La diócesis de Tierra del Fuego

La decisión vaticana de archivar el proyecto fue interpretada como un gesto tendiente a descomprimir las relaciones bilaterales. Por Guillermo Villarreal - Columnista de la agencia DyN.

10 Ago 2008
El Gobierno argentino consiguió que el Vaticano desestimara el proyecto de crear la diócesis de Tierra de Fuego, que excluía las Islas Malvinas de esa jurisdicción eclesiástica, después de presentar una queja formal en la curia romana.
El cambio de posición demandó -según revelaron a DyN fuentes oficiosas- una “silenciosa, pero efectiva” negociación de Hugo Gobbi, el encargado de negocios temporalmente al frente de la embajada argentina ante la Santa Sede.
Apenas conocida la iniciativa eclesiástica, la Casa Rosada advirtió al Vaticano que pondría obstáculos al trámite para erigir la nueva diócesis, por desprenderse del actual extenso territorio diocesano de Río Gallegos.
Inclusive en despachos gubernamentales se consideró una desprolijidad que se eligiera el nombre de la provincia y no -como es habitual- de la ciudad cabecera, en este caso Ushuaia, que hubiera generado menos controversia. “Era impropio sentar un mal procedente sobre el legítimo reclamo argentino de soberanía sobre Malvinas”, argumentó un diplomático consultado por esta agencia.
Ahora, la Santa Sede volvió sobre sus pasos y congeló esa idea. Así se lo confirmó mediante un paper oficial al secretario de Culto, Guillermo Oliveri. Los acontecimientos fueron también uno de los motivos por el cual la Cancillería agasajó el martes pasado al “canciller” vaticano Dominique Mamberti, de visita privada en el país.
El planteo gubernamental se suscitó porque el Vaticano dice mantener una política de imparcialidad frente al diferendo entre la Argentina y Gran Bretaña por el archipiélago austral. Al punto que Malvinas -según consta en la Guía Eclesiástica Argentina- tiene desde 1952 un status especial de “prefectura apostólica” y depende directamente de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, con sede en Roma. En esa publicación oficiosa de la Iglesia se consigna además que las islas, con escasa población católica y mayoría anglicana, “no forman parte ni de la organización eclesiástica argentina, ni tampoco de la de Gran Bretaña”.
Ese argumento vaticano generó malestar en el Gobierno, por entender que no se aplicó el mismo criterio que en otros casos similares.
Las fuentes citan como ejemplo la situación de Taiwán o Hong Kong, previo a su reunificación a China, en los que la Santa Sede recurrió al concepto de “proximidad” para la atención pastoral de esas diócesis.
La decisión vaticana de archivar el proyecto de la nueva diócesis se interpretó en medios diplomáticos como un gesto que puede distender la relación bilateral.
La relación del Gobierno con la Santa Sede, de por sí difícil desde 2005, puede incluso dar un vuelco -especulan en ambientes gubernamentales y eclesiástico- a fin de poder destrabar otros conflictos aún pendientes.
Resta por resolverse la crisis generada por la negativa del Gobierno a designar un nuevo embajador ante la Santa Sede, tras el tácito rechazo del plácet de Alberto Iribarne por su condición de católico divorciado en nueva unión.
Otro tema es la regularización del obispado castrense, que la administración kirchnerista pretende disolver y permanece vacante desde la renuncia de monseñor Antonio Baseotto. También se prevé poder avanzar en la creación de la prelatura de Esquel, que se desprenderá de la diócesis de Comodoro Rivadavia, cuyo trámite estaba “casi acordado” desde noviembre de 2007, pero quedó cajoneado por el mismo episodio diplomático-jurisdiccional.
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