Antinomias insalvables en una obra cabal, escrita con las tripas

Por Roberto Espinosa. El escritor tucumano da cierre a su trilogía con un trabajo profundo. Pocos personajes, diálogos y conflictos bastan para construir un escrito descarnado acerca del pasado reciente y la actualidad.

13 Abr 2008
Las antinomias han acompañado a los argentinos desde nuestra génesis. El país ha estado siempre partido en dos, como una suerte de fatalidad que hasta ahora no hemos podido superar: morenistas vs. antimorenistas, unitarios vs. federales, rosistas vs. sarmientistas, peronistas vs. radicales, peronistas vs. antiperonistas, River vs. Boca, Atlético Tucumán vs. San Martín...
En esta confrontación histórica, el otro no es asumido como un adversario, como alguien que tiene derecho a pensar diferente, sino como un enemigo al que hay que eliminar para poder ser totalmente felices o adueñarse del poder absoluto, del destino del prójimo. Tal vez por estar enfermos de verdades absolutas, la reconciliación que es consecuencia de la aceptación del otro, está aún lejana. Dardo Nofal cita en ese sentido, como ejemplos, proclamas expresadas por Juan Manuel de Rosas y Juan Domingo Perón, dos de los personajes más poderosos de la historia argentina: "¡Viva la Santa Federación, mueran los salvajes unitarios!" y "Para el amigo, todo, al enemigo ni justicia".
Matar para morir cierra la trilogía iniciada por Nofal con Una lágrima por el Cóndor y La prisión de Bautista, que fue finalista en el Concurso de Novela 2000 del diario La Nación. Escrita con las tripas, esta novela retoma la larga y sangrienta tragedia que vivimos los argentinos durante la última dictadura militar y sus prolegómenos. Dos hermanos enfrentados ideológicamente y enemistados por una historia de amor, vuelven a conversar en el bar "La Cosechera", a partir del asesinato de una tía acaudalada.
Leonardo, ex militante del Ejército Revolucionario del Pueblo, representa la pasión, el compromiso, la acción armada, el mesianismo, el idealismo, la lucha contra las desigualdades. Omar, docente y catedrático, es reflexivo, humanista, teórico, crítico de la realidad, admirador de Mahatma Gandhi y de Cristo. Un comisario que tiene cuentas pendientes con Leo convence al fiscal que investiga el crimen de que este la ha matado para quedarse con su dinero y así poder reflotar la guerrilla. El comisario es un antiguo torturador y asesino, a quien Leo ha dejado rengo de un balazo en la época dura.
La acusación une a los hermanos que comienzan a sacar a la luz viejos rencores personales e ideológicos en conversaciones hostiles, sin concesiones, por las cuales transcurre una buena parte de la historia argentina de los últimos cincuenta años. Leonardo planea la muerte del rengo como una forma de darle un sentido a su lucha, a su propia vida. Es una suerte de antihéroe, acostumbrado a vivir en los extremos, acorralado en su destino. Sin embargo, antes de llevar a cabo su cometido descubre en sus primos que viven en Metán, valores nobles como el calor familiar, el mate compartido, la dignidad que se construye trabajando la tierra, el amor levantado ladrillo a ladrillo, cómo se erige una casa.
"En los días siguientes a esta brutalidad, aprendí de mi hermano y de mis primos Rodrigo y Paulina que la vida es posible dentro de las angustias y las tristezas dignas. Que la peor invención del hombre fue 'la verdad absoluta', incontestable. En una palabra, el dogma: el de los católicos, el de los marxistas, todos los dogmas, porque nadie es dueño de ni siquiera un milímetro más que la mitad de la verdad. Eso sí, si volviera a empezar mi lucha lo haría con esta nueva convicción: guerra sin cuartel a los que se creen dueños de la verdad porque son sospechosos de poder o de imbecilidad", escribe Leonardo.
Le bastan a Nofal pocos personajes, diálogos y conflictos profundos para construir una novela descarnada sobre el pasado reciente y nuestra actual realidad para mostrar esa suerte de mito del eterno retorno en el cual permanecemos entrampados los argentinos. "Hoy, quienes creen haber salvado la patria, se sienten víctimas. Las antiguas supuestas víctimas están en el rol de justicieros. Con los papeles invertidos episódicamente, la historia de los argentinos se va repitiendo, obstinada en su declive", afirma Dardo Nofal.
Matar para morir, cuya portada está ilustrada por el pintor Gerardo Ramos Gucemas, es, sin duda, una novela importante en la literatura argentina. Es una obra que mueve a reflexionar -si se la lee compartiendo un whisky amigo con los personajes, mejor- sobre las antinomias que nos han impedido hasta ahora alcanzar la madurez como pueblo.© LA GACETA
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