Un pueblo vive el "milagro de la mandioca"

En la humilde escuela del lugar se comprobó que el cultivo del tubérculo puede alcanzar rendimientos más que óptimos en ese suelo.

01 Oct 2006
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LEVANTANDO LA COSECHA. Sorprende a los agricultores el tamaño de los tubérculos. Como sustituto de la papa, tiene ventajas alimentarias. LA GACETA/ FOTOS DE OSVALDO RIPOLL

CONCEPCION.- En la humilde escuela 237 de Nueva Trinidad (Simoca), el entusiasmo desborda a docentes y alumnos. Aunque allí las limitaciones abundan, se comienza a avizorar un futuro más esperanzador. Es que todos están embarcados en un emprendimiento productivo que, en principio, tenía perspectivas desalentadoras y que ahora adquirió un impulso inesperado. Se encamina a convertirse en un gran aporte para la economía de la zona. Se trata del cultivo de la mandioca, un fruto que actualmente sólo se produce en Misiones. Desde esa provincia se distribuye al país, previo proceso químico de conservación.
En la escuela 237 se comprobó que la mandioca puede producirse en los suelos de Nueva Trinidad con un nivel de rendimiento más que óptimo. Lo interesante es que dispone de un mercado asegurado. El tubérculo puede reemplazar a la harina en la elaboración de distintos alimentos, lo que la convierte en un producto esencial para los pacientes celíacos (alérgicos al gluten).
“La mandioca carece de esa sustancia y es rica en hidrato de carbono. De ahí que es especial para los celíacos, que no pueden consumir nada de lo que se haga con derivados del trigo”, comentó el alumno José Concha Vallejo, uno de los que participaron en la elaboración del proyecto.
Este año la escuela, junto a otros vecinos, produjo 500 kilos de mandioca y para el 2007 estima llegar a los 8.500 kilos. La producción tiene entregas aseguradas a un precio promedio de $1.40 el kilo. Se comienza a cultivar en octubre y se cosecha entre mayo y junio.
“Este es un emprendimiento integrador y de desarrollo local. Al principio costó bastante hacer que la gente tomara conciencia de su importancia. Ahora estamos logrando más participación entre los vecinos. Han comenzado a advertir que esta producción les puede representar un ingreso que alivie sus gastos de familia”, dijo la docente Lucía Macías, una de las tres asesoras.  
“La idea asomó en el 2003. Disponíamos de una huerta que ayudaba a mantener el comedor escolar y a algunas familias muy humildes. La preocupación que existía por la niñita Emilse Díaz, que es celíaca, nos llevó a investigar esa enfermedad y así descubrimos que la mandioca era utilizada en la preparación de alimentos aptos para ella y también para mejorar la calidad nutricional de todos los chicos”, comentó Florencia Aragón, otra de las asesoras.
En principio, docentes y alumnos desconocían si la planta iba a adaptarse al suelo de la zona.

Segundo intento
“El Inta de Aguilares nos dio un plantín. En el primer experimento fracasamos. Pero, después, con el asesoramiento de técnicos del programa Pro Huerta, descubrimos que el cultivo de mandioca podía prosperar en la zona. La cosecha óptima es de 4 kilos por planta y nosotros superamos esa cantidad”, apuntó Isabel Ovejero, otra de las maestras asesoras.
“Para promocionar primero su consumo entre los vecinos, la mayoría muy humildes, realizamos en la escuela una degustación de comidas preparadas con ese fruto. Experimentamos con platos típicos de la zona. A lo que se hacía con papa, le pusimos mandioca. Nos salieron exquisitos pasteles y también ñoquis”, añadió. Luego de esta experiencia, las docentes entregaron semillas a los vecinos, algunos de los cuales comenzaron a cultivar. Con el apoyo del director Raúl Gramajo, maestras y alumnos se abocaron a avanzar en el proyecto con la colaboración de la Fundación Misiones Rurales Argentina (MIRA) de Buenos Aires, el programa Pro-Huerta del INTA y la Universidad Santo Tomás de Aquino de Concepción.
“Teníamos un producto fresco, orgánico y local. MIRA nos compró la primera producción para la entidad Asistencia al Celíaco de Argentina. Después aparecieron otros interesados”, contó la alumna Claudia Gambarte. Ahora, según Aragón, las ventas podrían extenderse también a provincias vecinas. (C)

Es deplorable el estado de los caminos
La comuna de Nueva Trinidad es una de las más extensas del sudeste tucumano, con cerca de 80 kilómetros de largo. Comienza seis kilómetros al este de Río Chico y llega hasta la cola del dique El Frontal, atravesando la ruta nacional 157.
De norte a sur, la franja comunal tiene distintos anchos que no superan los 10 kilómetros. En esa jurisdicción, de 8.000 habitantes, existen 12 parajes: Los Agudos, Los Arrieta, El Pacará, Finca Guerra, La Junta, Finca Entre Ríos, Niogasta, Sud de Lazarte, Esquina, El Rodeo, El Durazno y Santa Rosa.
Estas comunidades se encuentran comunicadas por las rutas provinciales 331, que nace en Aguilares y conduce hasta La Junta, y la 332 que nace en Río Chico y se extiende hasta la cola del dique Frontal. La caminería supera los 150 kilómetros.
A pesar de su extensión, la comuna apenas dispone de un tractor y una niveladora de arrastre.
Los vecinos de la zona expresan quejas permanentes por el mal estado de los caminos. Muchos productores de caña de azúcar, soja y trigo enfrentan serias dificultades para sacar sus cosechas.
“Ahora cuesta mucho circular por estos lugares. Cuando llueve, la situación empeora y quedamos casi aislados. Por aquí Vialidad nunca aparece. Para ellos nosotros no existimos”, se quejó el vecino Luis Molina de Santa Rosa.
Pero no sólo las pésimas carreteras aíslan a las poblaciones de esa comuna, sino también los desbordes anuales de los ríos Medinas y Chico. Ambos inundan todos los veranos a Los Agudo y La Junta. El Chico también hace estragos en Niogasta, Esquina y Sud de Lazarte.
“El problema se repite porque los ríos no fueron reencauzados y tampoco se construyeron defensas. Aquí los funcionarios vienen en cada inundación sólo para la foto y no vuelven más, dejando promesas que nunca se cumplen”, apuntó Enrique Lazarte, de Esquina.
“Este año nos anegamos en enero y ahora está llegando otra vez el verano. Los ríos siguen igual o peor, así que tenemos que prepararnos para otras inundaciones”, indicó el vecino. La gente de Niogasta teme que el Centro de Integración Comunitaria (CIC), que se inaugurará este mes y que demandó una inversión de $ 500.000 de parte de la Nación, termine destruido por las aguas.

Sin ambulancia ni médico
En Nueva Trinidad las quejas resuenan por la falta de ambulancia en el pueblo y porque el Caps del lugar sólo tiene médicos dos días por semana.
“Somos alrededor de 2.500 personas y cada vez que alguien se enferma hay que salir en busca de algún vecino con vehículo. A veces no está ninguno. Entonces hay que montar un animal y salir a buscar atención”, comentó un poblador. (C)