"Lo único artesanal que le queda al hombre es el teatro"

El actor Lito Cruz dialogó con LA GACETA durante el encuentro nacional que se realiza en Río Negro. Homenajes y estrenos.

30 Mar 2005
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UN GRANDE. El protagonista de “Hughie” aseguró que prefiere el teatro al cine porque puede manejar mejor la técnica de interpretación.

GENERAL ROCA, Río Negro (De nuestro enviado especial, Jorge Figueroa).- "El teatro representa la realidad, y vuelve a presentarla para que uno no la olvide y pueda reflexionar sobre ella. Es lo único artesanal que le queda al hombre". Con estas palabras, el actor Lito Cruz agradeció el homenaje que le rindió la comunidad teatral en el escenario de la Fundación Patagónica en esta ciudad.
El protagonista de "Hughie", entre tantas obras, y que ahora rueda un unitario -"Botines"- para la televisión con Adrián Suar, fue el primer director ejecutivo del Instituto Nacional del Teatro, cuando se creó en 1997. Simpático, canchero y siempre de buen humor, Cruz fue el centro de atención de la Fiesta Nacional del Teatro que se realiza en esta ciudad. No sólo firmó autógrafos, sino que también respondió a cuanto periodista se le cruzó, tanto en esta ciudad como en Cipolletti y en Villa Regina. "Siempre vuelvo al teatro porque en esta actividad la técnica interior y exterior la puedo manejar. En cambio en el cine o en la televisión, la técnica externa es manejada por el director", señaló a LA GACETA.

Día mundial
Con el homenaje a Cruz, y con la proyección de un video en el que se registraron escenas de las 20 fiestas nacionales del teatro, el Instituto Nacional del Teatro (INT) celebró el Día Mundial del Teatro.
Su actual director, Raúl Brambilla, indicó que es una estructura que aún debe perfeccionarse, y defendió la idea de que las fiestas se lleven a cabo "en el interior del interior".
Más allá de los actos oficiales, las puestas llenan las salas de estas pequeñas ciudades. Alrededor de 1.500 personas están asistiendo diariamente a las diferentes representaciones, aun cuando el intenso frío empieza a molestar a los asistentes.
LA GACETA estuvo en Villa Regina -a 45 kilómetros de General Roca- y la comedia infantil "Y no se olviden de Toto", del grupo mendocino "Haravicus Hitinerante", puso más de 350 personas en el Círculo Italiano. Es evidente que en estas ciudades, el teatro se ha impuesto como el gran entretenimiento de los jóvenes y de las familias. El lunes la visita fue a Cipolletti, donde también las salas están funcionando a full. "El secreto de la luna", del grupo "Setiembre" de Chaco, narra la leyenda del séptimo hijo varón en una familia convertida en tragedia, pero desde la aparición de la luna todo se transformará. La tragedia no dejó de atraer al público.

Interés por una obra provocadora
GENERAL ROCA, Río Negro (Enviado especial).- La obra "Shangay, té verde y sushi en 8 escenas" fue una de las más vistas en el festival. El lunes por la noche, ante la demanda del público, tuvo que brindar tres funciones seguidas y aun así, quedó gente que no pudo ingresar.
La puesta se convirtió en un verdadero suceso, principalmente entre los jóvenes, porque establece con ellos una comunicación directa. Les habla en su propio código. La compañía de Buenos Aires que dirige José María Muscari plantea una historia de amor y de desamor de una pareja gay que, en una confitería temática -china-, termina peleándose. Pero entre las riñas sobre quién se queda con el pichicho o con el video, el relato es universal y puede ser el de cualquier pareja heterosexual.
Planteada en la Casa de la Cultura de esta ciudad, el hall fue ambientado como un restaurante y los espectadores se ubicaron en las distintas mesas instaladas disfrutando del té verde y de algunos bombones.
Muscari ha insistido en una cierta estética gay con piezas como "Pornografía emocional", "Derechas","Grasas", "Desangradas de glamour" y "Catch". Pero es en "Shangay" -debe pronunciarse sangey- donde asume uno a uno todos los códigos -y hasta estereotipos y clichés- de la cultura gay de clase acomodada. El desenfado de los actores y el humor van de la mano, y en realidad, son contados los minutos en los que el público no estalla en carcajadas.
Los chicos se citan en esta extraña confitería oriental en la que sólo hay té y en la que todo -como en la obra misma- parece ser kitsch y rebuscadamente cursi. En la separación -no podía faltar-, interviene la madre de uno de ellos, un personaje emblemático de la clase media alta porteña, que dedica su vida a los ejercicios de Pakua y Tai-chi-chuan, y a hacer el duelo de su gato muerto que carga en una pequeña jaula, aunque su psiquiatra lo desaconsejó.
Finalmente, la separación marca la apertura de nuevas relaciones en la propia confitería y el planteo de una vida en la que todo sigue igual. En definitiva, se trata de un espectáculo bien plantado y en el que, con humor y ciertos códigos, se permite hablar de temas para nada triviales.