Poesía versus dictadura. Juan González: De ella se decía.

08 Mar 2015

                                       
 

"háblame boca ahora
 estírate lengua
 invade el espacio manchado"

J.E González, Cartas de Andrea de Azcuénaga (1991)





"de ella se decía que siempre
 estaba en las nubes
 que no sabía enhebrar
 ni siquiera una aguja
 pero sus dedos eran ágiles y
 su cuerpo exhalaba
 un perfume que impregnaba
 las huellas de sus pies"


J.E González, De ella se decía (1993)




(...) cuando escribo siento que camino por una cornisa, donde por un lado acecha el riesgo de caer en los excesos verbales y, por otro, la necesidad imperiosa de lograr la perfección. Sin embargo, precisamente allí, el manejo del lenguaje se transforma en la facultad más elevada que posee el hombre y también en la más peligrosa, ya que la palabra es y será un instrumento subversivo.

Fragmento de la entrevista realizada al poeta Juan González por Elsa Cristes en la Tesis Doctoral "Poesía versus dictadura en la Argentina del Proceso: Juan Gelman y Juan González" presentada en The Florida State University College of Arts and Sciences año 1996 .


                                              
                                         


                                          DE ELLA SE DECIA




                                       



a Nicolás Rosa
a José Luis Mangieri


"no se deja callar, no la dejo callar"


I


Una humareda blanca sale
de su cabeza

eso sucede desde su nacimiento
escribe y salen de su boca
señales luminosas
y su cuerpo se cubre de mantillos
o valvas que se acumulan
en el granero de su lengua
que hace glub bufff
en su garganta estuosa
cuando da vueltas en la calesa
donde nació
entre plumas paraguayas
o joyas que cubrían
su cuerpo desvelado
que apenas tenía el calor
de un nido

o el ardor de los picotazos
en la tierra
cuando comenzaba a gatear
masticando los nudos
del lino que da vueltas
en el rodillo
de su ropa multicolor

aprendo el a b c e dario
de letreo en la imprenta
de gutenberg con el rebuzno
del asno que me lleva en el lomo
de la escritura que saboreo
mientras me abrocho los zapatos.



II


A veces los sueños la atormentan
y no la dejan vivir
está viajando por el atlas
de su cuarto
con un palimpsesto donde escribe
o borra las cosas que suceden
de pronto se aproximan a sus ojos
las estrellas más cercanas
y grita aterrada
me van a aplastar
van a destruir el jardín
donde dibujo los oceanos
y viajo en el cristóforo colombo
pero siempre vuelve
cubierta de hojas o velos
con huellas en los pechos
o sombras de besos en la boca
son los sueños solares
mezclados con aullidos
que atraviesan las paredes
de su casa
donde vive echando lumbres
todo el tiempo o
tejiendo las telas de su ropa
con las que se cubre
o se menea
cuando cruza la frontera
donde abre las palabras.



IV



Al pasar el viento marino
se inclina y saluda
a los asistentes
de la boda
ella está en la proa
del espacio verde
iluminada por la luz
que desciende de los mástiles
de pronto un aire
revuelve su pelo oscuro
y queda desnuda
con sus caderas que tiemblan
y una vibración que atraviesa
todo su cuerpo que jadea
como un hocico de perro
jjjjjjjjjjjjjjj
se escuchan los ecos
de las bodegas
los ruidos de cascos o
botellas o quillas
que rompen las marejadas
y van a dar al jardín
de la boda que se desborda
por las comidas
o el deseo que presiona
la ropa de los navegantes
que invaden
la trama de la fiesta
donde ella deja
su copa vacía
y se tiende en la cama.



V



Abrió una gran ventana
y juntó a todo el mundo
en la terraza lunada
de jaipur
donde jugaban al ajedrez
los sultanes mogoles
con esclavos vestidos
de piezas blancas y negras
que se movían en el inmenso
tablero del patio de mármol

desde uno de los balcones
ella indicaba un movimiento
y desde otro un adversario
envuelto en la sombra
le respondía

a veces se siente
como debió sentirse la mesa
de disecciones de lautréamont
el día en que se dio cuenta
de que encima de ella
había un paraguas
y una máquina de coser

debe tener algo de pararrayos
pero en vez de rayos
detiene combinaciones insólitas
figuras no euclidianas
donde su propia vida
se mezcla con sueños ajenos
noticias que llegan de australia

o cartas equivocadas
que abre inocentemente
para descubrir después
que una muchacha llamada lucy
le confiesa a su madre en panamá
que un tal ernesto no murió
de un a. c. v.
sino que ella le había echado
veneno en la sopa de pescado.



VI



Estuvo también en el infierno
de ahí le quedaron
algunas lenguas que todavía
iluminan su cerebro
y hacen crac
cuando mueve los brazos

de su cintura sale un calor
que ni las llamas
¿qué será ese calor
con olor a melaza?

arre arre dice y tira de la
soga de su cuero
ella sabe que la soga es
su piel tan sonido
de campana que sale de sus
orejas cuando tenía siete años
¿eran siete los años de su campa?
ahí está la rueda que
chirriaba por la presión del
alambre sobre la rueda
que la lleva despacio o
a gran velocidad por la campa

ella no puede dejar de crecer
ni de mirar su cuerpo
que era una vara de mimbre
agitada por el viento o por los
adolescentes que la devoraban
como una fresa

el hambre de los otros la asediaba
y quedó fascinada
cuando vio por primera vez
una palabra escrita por su dedo
y no dejó de crecer
tampoco su dedo
aunque a veces tropezaba
con la escritura de las piedras
o con las cuernas del país
sumergido en el atlántico

ella fue mediterránea
costera en el centro
con peces en la boca o
relámpagos que iluminaban su casa
de madera o
la mesa donde escribía sus sueños.

Juan González, De ella se decía (1993)
Juan González nació en Tucumán, República Argentina. Publicó los libros de poesía: Los días y la tierra (1962); Mandatos y revelaciones (1969); El grito en el cielo (1983); Pasión de la tribu (1988); Tribulaciones de la lengua (1989); Cartas de Andrea de Azcuénaga (1991); De ella se decía (1993). Residió en España durante nueve años donde ejerció el periodismo y la crítica literaria en revistas y diarios, como así también en Italia, México y Venezuela. Actualmente reside en Tucumán



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