¿Quién arrojó la primera piedra del “Nuevo Cine Tucumano” (NCT)? ¿Quién trazó el círculo alrededor de ese conjunto de films? ¿Quién acuñó el término? Pregunto porque quizás el/la responsable pueda responder si es un movimiento/corriente real de películas y realizadores locales unidos con un mismo objetivo (temático, tonal, estético), o es una etiqueta promocional que se usó en una muestra de cine y simplemente quedó. Tal vez es un poco de ambas. Tal vez es sólo un recorte temporal de producciones cinematográficas que arranca (quizás) con “Los dueños” (Radusky y Toscano, 2013), y cuya única característica en común es que fueron dirigidas por una nueva camada de directores/as tucumanos.

En 2020, la Asociación Tucumán Audiovisual -cuyas redes sociales lideraron la campaña alrededor del NCT-, lanzó la revista Ruta 9. En uno de sus artículos, el docente e investigador Pedro Arturo Gómez propone como posible lineamiento de este conjunto de films "la presencia de temas relacionados con realidades de desigualdad, marginación y explotación social, abordados desde una perspectiva de crítica socio política". En el corpus de producciones mencionadas, sus historias hablan sobre problemáticas y diferencias de clases sociales; memoria y dictadura militar argentina; identidades sexuales disidentes y cultura queer; construcción de masculinidades, y más.

Para integrar el NCT, pareciera ser que un film debe ser serio, apostar por el realismo y presentar sus temas a través del drama y el documental. Puede haber excepciones en cuanto a géneros y formatos, siempre y cuando el trabajo incluya alguna de las temáticas mencionadas, haya recorrido festivales de cine de renombre, o el género al que pertenezca sea una mixtura que atenúe sus particularidades (comedia dramática, por ejemplo). En “Zombies en el cañaveral” (Schembri, 2019) son los temas que aborda (la censura en la dictadura) lo que hace que reciba la etiqueta, no los zombies.

Preguntas incómodas

Indagar en la necesidad de este rótulo es hacer preguntas incómodas pero necesarias, ya que un recorte de films no es tan inofensivo como parece. Cuando señalamos un conjunto de películas y decimos “esto es Nuevo Cine Tucumano”, paralelamente estamos diciendo “esto otro NO es Nuevo Cine Tucumano”. Y en ese “NO” encontramos voces (de cineastas y estudiantes) que quedan fuera del discurso dominante que engloba al cine producido en Tucumán. Porque a diferencia de los Movimientos Cinematográficos, el NCT no vino a romper las reglas ni es un marginado que va en contra de la cinematografía hegemónica y dominante de Tucumán. El NCT es esa cinematografía. Es el discurso que domina. Y para formar parte de él, se deben respetar las características que vienen de la mano con la etiqueta.

Pero el NCT no es lo único que se filma en la provincia. Nuestro cine es un abanico enorme de géneros, estilos, tonos y temas. Tenemos cineastas que quieren hacer reír y asustar, e historias de terror, ciencia ficción y fantasía. Si no se vieron o filmaron demasiadas hasta ahora es porque no alentamos su producción al no darles el espacio, el respeto y la atención que se merecen.

Debemos soltar esa idea heredada, falsa y elitista, de que el único cine que vale la pena ver y difundir es aquel asociado con lo serio, lo realista, lo prestigioso o lo premiado. Los temas importantes pueden tratarse en cualquier género y los géneros son sólo un sistema de clasificación de historias. Debemos dejar de cerrar puertas. Debemos abrir la mirada y empezar a hablar de “Cine Tucumano”. Porque al menos en la provincia, el Nuevo Cine Tucumano cierra más puertas de las que abre.