Cuando ayer abrió LA GACETA y supo que habían detenido a varios miembros del Clan Reynoso, respiró aliviado. “Como víctima, me alegro mucho por la noticia”, expresó J., que pidió mantener en reserva su identidad por razones de seguridad. De esa manera comenzó a relatar los tortuosos últimos dos años que le hicieron vivir estas personas.

J., que vive en la capital, no conocía a ninguno de los miembros del Clan Reynoso a principios de 2016. Por aquel entonces, tenía un Fiat Palio y algunos ahorros, que pensaba invertir en conseguir un modelo mejor. “Entré a internet y vi que en alamaula.com (una página de compraventa de todo tipo de artículos) un vendedor de Tafí Viejo publicaba un Peugeot 207 que se veía lindo en las fotos”, recordó.

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Tentado, J. se puso en contacto con el vendedor y fue a verlo a su casa. “Me llamó la atención porque era una vivienda humilde, que no coincidía con el valor del auto. Ahí me atendieron la esposa de Luis Rubén Reynoso (h) y su hijo. Le expliqué que me interesaba el auto y que les ofrecía entregar mi Palio y la diferencia en efectivo. El chico me respondió que no iba a haber problema y dejé mi número de teléfono para que me contactara su padre”, contó.

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A J. le pareció extraño que Reynoso lo llamara al día siguiente y aceptara hacer el trato sin siquiera haber visto el auto que le ofrecían. De todas maneras, el comprador llevó un mecánico para que constatara que el Peugeot estaba en óptimas condiciones y cerraron el trato. “Para hacer la operación, lo cité en mi casa. Vinieron Reynoso y otros cuatro, todos con pinta de mafiosos. En cuanto entraron, comenzaron a preguntarme por mi casa, si vivía solo, la miraban y me decían que estaba linda. Después entendí por qué. Hicimos la operación, entregué el auto y el dinero, y se fueron”, relató.

Amenazas

Un día después, el hombre recibió el llamado de Carlos Ortiz, otro de los presuntos cabecillas del Clan Reynoso. “Me dijo era el hermano de Luis y que este tenía problemas psicológicos y psiquiátricos, que se arrepintió de la venta y que quería que le devuelva el auto. Le respondí que no”, dijo J., sin imaginar lo que se vendría después. “Esa misma noche vino Ortiz a buscarme y me dijo que si no deshacía la operación me iba a levantar el auto en cualquier parte. Incluso sacó un celular, lo puso altavoz y se escuchaba que hablaban policías”, siguió contando.

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En ese momento comenzó a transpirar frío. J. recordó que los vendedores le habían entregado sólo un juego de llaves con la excusa de que habían extraviado el otro. Entonces fue a la concesionaria de Peugeot y pidió un cambio de llaves. “Ahí empecé a investigar. Puse ‘Reynoso Tafí Viejo’ en Google y fui enterándome de todo: eran famosos por los aprietes y las estafas. Corrí a tribunales para denunciarlos pero con la mala suerte de que estaba de turno la Fiscalía II°. Estuve un mes y medio para que el fiscal Claudio Bonari me dé una restricción de acercamiento y hasta el día de hoy no me devuelve el teléfono”, afirmó.

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J. dijo que por esos días vivía bajo el amedrentamiento permanente del Clan Reynoso. “Me amenazaban por teléfono y me decían que me iban a matar donde me encuentren. Un día cayeron en mi casa y me reventaron todos los vidrios del portón. Me gritaban: ‘te vamos a matar, sos un estafador’. Los vecinos estaban atemorizados. A veces paraban un auto frente a mi casa y no se movían de ahí. Una vez me amenazaron con un arma de fuego. Yo iba con todas esas pruebas a la Fiscalía y me decían ‘tené paciencia, ya va a salir la orden’. Me cansé de renegar”, aseguró.

“Estos tipos estafaron a mucha gente, con autos y con propiedades. Pero son tan matones que muchas personas prefirieron perder un auto o una casa antes que perder a un hijo, por eso no hicieron denuncia. Estoy seguro de que tenían complicidad en la Policía y en el Poder Judicial, si no, no se explica”, reflexionó.