El culto de lo efímero es una característica de las sociedades consumistas y su éxito depende necesariamente de que lo que usted adquiere hoy, como un valor necesario, mañana ya no lo sea. Y esto se ha trasladado al campo de los vínculos; la histeria, que es característica de la existencia de lo efímero, domina las relaciones humanas en buena medida. En nuestro caso, nosotros estamos atados a una forma, a una patología de lo efímero que es el coyunturalismo, el oportunismo, la convicción de que debemos consolidar hoy el poder que mañana no podremos consolidar, porque como no se trata de consolidar proyectos de política de estado de mediano y largo plazo sino de aprovechar el sentido del poder con independencia de la ley, entonces estamos sumergidos en la inmediatez, que es una forma de enajenación del tiempo. ¿Por qué? Porque una cosa es la actualidad y otra cosa es el presente. La actualidad es lo que deviene, lo que transcurre, lo que tiene lugar en un momento tras otro. En cambio, los hombres del presente son quienes tienen la capacidad de discernir las líneas estructurales de ese aluvión de acontecimientos y no dejarse arrebatar por una sucesión de acontecimientos caóticos, verdaderamente desorientadores. Entonces, nos cuesta ser hombres y mujeres del presente porque somos hombres y mujeres de la actualidad. Concebimos la formación del poder sobre alianzas muy transitorias, no sobre valores perdurables. En esa medida me parece que Argentina no acumula capital axiológico; tiene una enorme dificultad para generar valores perdurables y esto se puede advertir muy bien en los partidos políticos, cuyos valores o doctrinas han perdido vigencia -hoy es imposible pensar en un peronismo con planes quinquenales- y se ven enlatadas las instituciones partidarias a la necesidad efímera de generar líderes de perfil cautivante. Y en eso estamos en política: evaluando temperamentos, masculinidades, femineidades, elegancias, filiaciones? ¿Desde cuándo en política, sobre todo en una política democrática, estos han sido valores determinantes? Hoy tienen un peso completamente autónomo. Es posible generar protagonismo político, no a partir de la institucionalidad, sino de la habilidad programática que uno tenga para convertirse en protagonista.

(Entrevista publicada el 25 de abril)