El gobierno de Francia se prepara para una jornada de masivas protestas, en ciudades de todo el país.

La oficina del primer ministro, Sébastien Lecornu, informó que se prevén más de 90 manifestaciones y 500 acciones de protesta (ocupaciones de plazas, cortes de rutas) para hoy, que coincide con el inicio de las vacaciones escolares de otoño.

En total, se producirán más de 1.000 acciones, según un mapa colaborativo elaborado por ex militantes de los “chalecos amarillos”, el movimiento que hace seis años tomó las calles de toda Francia en reclamo por la suba de combustibles.

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Ahora, volverán a salir, junto con activistas climáticos, sindicatos de trabajadores que protestan por el costo de vida y estudiantes que reclaman mejores condiciones en sus por el deterioro de las escuelas.

Las autoridades activaron una célula de crisis y blindaron puntos estratégicos de París.

Las protestas de los “chalecos amarillos” en 2018 y 2019, contra el alza prevista de un impuesto al combustible, marcaron el primer mandato del presidente centroderechista, Emmanuel Macron, y las imágenes de violencia, con destrozos incluso en el Arco del Triunfo de París, y de represión policial conmocionaron al país.

A seis meses de la elección presidencial y cuando la pérdida de poder adquisitivo es una preocupación de los votantes, hace semanas empezaron a surgir llamados en redes sociales a manifestar el 17 de octubre.

Desde Bruselas, Macron lanzó un llamado a la “calma” , considerando el derecho a manifestarse debe acompañarse del “respeto” sin “insultar” ni “romper” mobiliario urbano.

Listos para reprimir

“Se espera una movilización bastante importante, hay muchos llamamientos en las redes sociales”, dijo el ministro del Interior, Laurent Nuñez en la cadena France 2. Las autoridades prevén alrededor de 200.000 manifestantes, de los cuales 40.000 en París.

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Ante la situación, Lecornu convocó una célula de crisis, organismo creado en 2010 que permite seguir las manifestaciones en tiempo real.

Nuñez advirtió además que las fuerzas de seguridad podrán usar granadas aturdidoras en caso de disturbios urbanos.

Las autoridades habían restringido su uso en las protestas estudiantiles que reclaman desde septiembre mejores condiciones en los liceos, después de que un joven perdiera una mano.

Convergencias

El jueves, las organizaciones estudiantiles llamaron a sumarse a la movilización, al igual que activistas climáticos, el sindicato agrícola Confederación Campesina y otras centrales obreras.

Un llamamiento titulado “Amarillos y Jóvenes” exhorta a “chalecos amarillos, generación Z, indignados, campesinos, bomberos, obreros, profesores, personal sanitario, defensores del clima, habitantes de los barrios, jubilados” a hacer converger sus reivindicaciones.

“Hay esperanza de que todas estas luchas puedan converger”, dijo Marie-Lou, una universitaria de 18 años que participa en las protestas estudiantiles en Lille y para quien lo de hoy “será una especie de culminación”.

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El “punto en común” es decirle al gobierno que “debe ir a buscar el dinero donde está, en los bolsillos de los multimillonarios, de los rentistas, de las grandes empresas”, aseguró la líder del sindicato CGT, Sophie Binet.

La movilización llega cuando el gobierno busca aprobar en el Parlamento unos presupuestos para 2027 que contemplan un fuerte ajuste fiscal de 54.000 millones de euros (60.780 millones de dólares) para sanear las arcas públicas.