Zanny Minton Beddoes, jefa de redacción de la revista británica The Economist, se dio el lujo de conversar largamente, en encuentros separados, con Elon Musk y Yuval Noah Harari, dos de las personas que con más constancia y profundidad reflexionan sobre el futuro y la tecnología. El dueño de Space X hizo tres vaticinios con los que coincidió el macrohistoriador israelí: en cinco años la IA superará a la inteligencia acumulada de todos los humanos. En diez, no habrá dinero. En algún momento, la IA podría eliminar a la humanidad.
Tanto cree Harari en el primer pronóstico de Musk que ha declarado que está escribiendo su último libro. Cree que cuando lo termine, cualquier programa de IA podrá escribir mejor que él. Que lo diga el intelectual más famoso del planeta no deja mucha esperanza para un alto porcentaje de sus congéneres que comparten el oficio de combinar palabras por escrito. “Lo que hago, finalmente, es buscar patrones a lo largo de la historia y eso la IA podrá hacerlo mejor que yo”, explicó.
“No hay plata”
Tanto Musk como Harari piensan que el dinero desaparecerá pero por razones y con consecuencias distintas. La combinación de IA y robótica, predice Musk, generará una multiplicación exponencial de bienes y servicios y eso tornará innecesario al dinero. El trabajo será excepcional para los humanos ―“será como hacer jardinería, nadie lo hará por necesidad”― y el ocio se generalizará. Tesla jugaría un rol clave con el desarrollo de Optimus, el robot humanoide que saldrá a la venta el próximo año y que podrá cuidar a chicos y ancianos, realizar tareas domésticas, aprender oficios y funcionar como un asistente personal con conocimientos equivalentes al de varios premios Nobel. En diez años, sostuvo el magnate sudafricano, habrá por lo menos 1.000 millones de robots que en conjunto serán más productivos que la suma de todos los humanos.
La IA no necesita odiarnosLa consecuencia de este proceso, vaticina el magnate sudafricano, será una era de superabundancia. Imagina que habrá más de lo que podremos consumir.
Confianza migrante
El autor de Sapiens y Nexus enfoca el tema desde otra perspectiva. La confianza, sostiene, es el activo más valioso del mundo. Y el dinero, una de las formas más creativas de generarla entre extraños. Permite que una persona vaya a un mercado y reciba un alimento de alguien a quien nunca ha visto antes a cambio de un pedazo de papel. Lo hace por el valor que ese papel dice tener.
El sistema financiero se ha sofisticado mucho desde los inicios del dinero. Entender su dinámica requiere un esfuerzo intelectual que podemos delegar en la IA. Esta, imagina Harari, desarrollará instrumentos y sistemas cada vez más complejos que escaparán a nuestra capacidad de comprenderlos. La gran pregunta es qué pasará con la confianza. Un primer escenario plantea que esta migrará de los humanos a la IA.
Trump apuntó contra quienes piden frenar la IA y lanzó una advertencia sobre ChinaLa forma más poderosa de construir confianza, explica Harari, es a través de relaciones personales. No solemos confiar en nadie más que en nuestros padres, hijos, parejas o íntimos amigos. Pero ya la IA puede producir masivamente una sensación de intimidad similar a la de esas relaciones. Con la ventaja de recordar información sobre nosotros que nadie ―incluso nosotros mismos― es capaz de recordar. “Uno de cada cinco norteamericanos hoy ya tiene una relación muy cercana con la IA”, apunta la periodista de The Economist. “Una novia o un amigo IA puede dar mejores respuestas que el 99% de sus equivalentes humanos”, complementa el autor israelí.
El momento HAL
A casi 60 años del estreno de 2001, Odisea del espacio podemos permitirnos el spoiler. HAL, la IA de la nave de la película de Stanley Kubrick que viaja hacia Júpiter, se rebela contra los tripulantes y decide matarlos para poder subsistir y cumplir con su misión.
¿La humanidad enfrentará un “momento HAL”? Con distintos grados de probabilidad, Musk y Harari lo creen posible. “Es vanidoso pensar que una inteligencia inferior como la nuestra controle a una superinteligencia como la de la IA”, plantea el primero. “Hay riesgos pero creo que el proceso no puede detenerse. Puede haber entre un 10 y un 20% de chances de que los robots maten a los humanos. Pero trato de disfrutar el viaje”, agrega y afirma que libros de Iain Banks, como Excession, son los que ilustran mejor la probable fisonomía del mundo que viene.
Seis preguntas para entender por qué es tan difícil frenar el desarrollo de la IAA Harari le sorprende la narrativa de la inevitabilidad en boca del hombre más rico y uno de los más poderosos del mundo, que es además un protagonista en el desarrollo de la IA. “Es una narrativa de la irresponsabilidad”, dice el autor de Homo deus. Cree que la pregunta crucial para un candidato presidencial no es económica ni de política exterior sino qué hará en materia regulatoria con la IA. “Y no es algo para el largo plazo porque puede que en 2028 ya sea tarde; lo fundamental es si concederán personería jurídica a empresas no humanas y si sancionarán el uso de IA para fingir que se trata de humanos”, sostiene.
Harari también se asombra por la preocupación de Musk por lo que ocurrirá con la migración en veinte años si cree que en diez habrá superabundancia o, si todo sale mal, no existiremos. “La preocupación por la migración gira en torno a tres cuestiones: los migrantes pueden sacarnos nuestros trabajos, cambiar nuestra cultura y ser políticamente desleales. Pero la forma más peligrosa de migración hoy es la de la IA: no necesita visa, no viene en medio de la noche, llega a la velocidad de la luz a nuestros celulares, computadoras y cerebros. Los que tienen miedo que sus hijas salgan con un migrante, piensen en un novio IA. Eso es un gran cambio cultural”, reflexiona.
Caja de Pandora
Federico Lix Klett publicó el domingo una interesante columna en LA GACETA en la que señala que el mismo día de la semana pasada un matemático que renunció a Anthropic y publicó un tuit denunciando la falta de controles con la IA que podrían llevar a la extinción de la humanidad, el Nobel Demis Hassabis —director de Google DeepMind— anunció el lanzamiento de AlphaGenome Atlas, un mapa que predice millones de combinaciones genéticas que puede acelerar las terapias contra el cáncer y otras enfermedades. Pero la advertencia apocalíptica tapó la noticia esperanzadora. Aunque hay una cuestión probabilística no saldada, hay cierta lógica en que la longevidad o la salud nos entusiasmen menos de lo que nos preocupa una eventual aniquilación.
Los líderes de la IA coinciden en una advertencia: hay que moderar el ritmo de desarrolloEs cierto que vivimos un proceso con grandes luces y tenebrosas sombras que debemos calibrar adecuadamente. También vemos que los Prometeos contemporáneos que abrieron la caja de Pandora de la IA parecen no saber cómo cerrarla o encontrar la manera de dialogar honestamente y coordinarse. Hay atisbos. Dario Amodei, CEO de Anthropic, publicó un ensayo en el que llama a desacelerar el desarrollo de la IA. “Dario tiene razón”, posteó Musk en X. Sam Altman, su par en Open AI, y Hassabis, de Google, avalaron la postura. Los cuatro grandes parecen intranquilos.
“Me preocupa que si no ganamos en IA, nos encontraremos en una situación muy difícil”, dijo Donald Trump, refiriéndose a China y a pocos días de su encuentro con Xi Jinping. “Es el dilema del prisionero”, escribieron David Sanger y Dustin Volz en The New York Times.
Sam Altman, CEO de OpenAI, advirtió que la IA podría "salir muy mal" y pidió reforzar los controlesTodos participamos del mayor experimento tecnológico, cultural y psicológico de la historia. Mientras nuestros cerebros y nuestros hábitos se transforman aceleradamente debemos decidir cómo regulamos el rumbo de la aventura más vertiginosa, sorprendente y angustiante de nuestras vidas.