Los ámbitos de la vida se mezclaron de una manera que antes habría sido impensada. Nuestro hogar, así como es punto de reunión, también puede ser en ocasiones gimnasio y, en otras, oficina. Pero en los momentos en que los límites se borran es también importante mantener ciertos lineamientos que tengan en cuenta los espacios que deben separarse, incluso si aún se trata del mismo lugar físico. Según el Feng Shui, el sistema filosófico que busca armonizar la energía y el equilibrio en los espacios que habitamos, debemos prestar atención a algunas cuestiones en esa nueva sala laboral hogareña como, por ejemplo, cómo y dónde colocamos el escritorio.

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La ubicación de la mesa de escritorio puede influir en muchas de las sensaciones que obtenemos al habitar un espacio. En esa idea de orden o en nuestras capacidades de concentración, en cuán calmados y en equilibrio nos sentimos al habitar ese lugar. Por ello es que el Feng Shui, el “arte de la disposición”, advierte que para optimizar el equilibrio y la armonía debemos distribuir los objetos de cierta manera.

La ubicación clave dentro de la casa

Crear una oficina en casa que fomente la productividad, la satisfacción y el éxito requiere de prestar atención a uno de los elementos fundamentales de cualquier espacio de trabajo: el escritorio. En primer lugar, debemos notar la ubicación del mismo teniendo en cuenta una advertencia de esta filosofía, que es mantener la vida laboral y la personal separadas, lo que significa que tu oficina nunca debe estar en tu dormitorio. De hecho, debería estar lo más lejos posible de tu habitación. Si es factible, una entrada independiente es ideal.

En una oficina en casa según los principios del Feng Shui, el escritorio debe estar ligeramente descentrado con respecto a la puerta, en el extremo opuesto de la habitación. Sin embargo, siempre debes poder ver la puerta desde donde estés sentado y nunca debes estar de cara a la pared. En Feng Shui, esto se conoce como la «posición de mando», lo que significa que al controlar tu propia energía, puedes rendir al máximo en cualquier situación.

Colores e iluminación para la claridad mental

Según los principios del Feng Shui, algunos de los mejores colores para crear un ambiente de oficina son los tonos que atraen la buena fortuna, como el azul, el verde, el morado y el rojo. Sin embargo, ten cuidado con el rojo. Una oficina completamente roja puede generar sentimientos de ira; es mejor usarlo como color de acento. El blanco y el crema son buenas opciones para la claridad mental, mientras que los tonos marrones y tierra tienen un efecto estabilizador. Añadir una frase o lema favorito a la pared es una excelente manera de llenar el espacio de energía positiva y mantenerte inspirado.

Siempre que sea posible, se recomienda aprovechar la luz natural dejando que el sol entre por las ventanas y claraboyas. Como alternativa, se puede utilizar iluminación de espectro completo, que simula el brillo de la luz solar, reduciendo el deslumbramiento y la fatiga visual. Es preciso evitar las luminarias que apuntan directamente hacia abajo o que funcionan como focos. Estas concentran la energía en un punto en lugar de bañar todo el espacio con una luz cálida.

El secreto del respaldo y el control visual

Dentro de esta filosofía milenaria, contar con una pared firme y sólida detrás de tu silla no es un capricho decorativo: simboliza protección, respaldo y seguridad. Sentarte en un espacio donde la espalda queda expuesta a una zona de paso o a la entrada puede generar una sensación inconsciente de vulnerabilidad e intranquilidad durante la jornada. En caso de que la arquitectura de tu espacio no te permita tener una pared a tus espaldas, se puede resolver sumando una biblioteca o un mueble alto que actúe como barrera protectora.

Dónde colocar el escritorio según el Feng Shui. (Imagen Web)

Asimismo, la regla de evitar la alineación directa con la puerta responde a la intención de controlar el flujo de energía. Cuando el escritorio queda alineado justo frente a la entrada, el paso del Chi (la energía vital) resulta demasiado acelerado y directo sobre la persona. Lo ideal es colocar la mesa en ángulo diagonal respecto al acceso, asegurando siempre que la puerta permanezca dentro de tu campo visual sin quedar enfrentado a ella.

El concepto de míngtáng y el manejo de aberturas

Uno de los pilares del Feng Shui aplicados al trabajo es la presencia del míngtáng o "sala luminosa". Este concepto se refiere al espacio libre y despejado que debe quedar justo enfrente del escritorio para representar amplitud, claridad y apertura hacia nuevas oportunidades laborales y proyectos.

Por esta razón, trabajar mirando fijamente a una pared lisa suele resultar agobiante y contraproducente para la creatividad. Si no se tiene otra alternativa espacial, procurar despegar la mesa al menos unos centímetros de la pared o colocar un cuadro inspirador ayudará a dar profundidad a la vista, haciendo que el ambiente se sienta menos encerrado y sea más cómodo para mantener la concentración.

La regla con las ventanas que no debés olvidar

Las aberturas del ambiente también cumplen un rol esencial. El Feng Shui desaconseja ubicar el escritorio mirando directamente hacia la ventana, ya que considera que por allí la energía y la atención tienden a dispersarse. Desde una perspectiva cotidiana y práctica, esta recomendación cobra aún más sentido: la luz de frente genera reflejos molestos en la pantalla de la computadora, exceso de encandilamiento y continuas distracciones visuales. ¿La mejor alternativa? Ubicar la mesa de forma perpendicular a la ventana para recibir luz lateral.

Por último, el estado de la superficie de trabajo impacta directamente en tu mente. Un escritorio abarrotado de papeles, cables cruzados y objetos acumulados bloquea el flujo armónico del espacio y genera una constante sensación de saturación. Mantener la mesa despejada, organizar las conexiones eléctricas y conservar solo lo indispensable a la vista es el paso final para lograr un espacio donde trabajar sea sinónimo de equilibrio, comodidad y rendimiento.