“Masterclass me queda grande”. Juan Taratuto lo dice sin falsa modestia. Después de más de dos décadas contando vínculos, desencuentros y crisis personales en películas como “No sos vos, soy yo”, “Un novio para mi mujer” y “Me casé con un boludo”, enroladas en la comedia romántica, todavía prefiere hablar de experiencias antes que ubicarse en el lugar de quien tiene respuestas.

Su paso por el festival Tucumán Cine Gerardo Vallejo, que concluye hoy (ver “Ceremonia de cierre”), incluyó dar la charla “La comedia y todo lo demás” y la presentación de “Nada entre los dos”, su nuevo largometraje. Allí, el humor vuelve a cruzarse con la rutina, el deseo y esas decisiones que parecen pequeñas hasta que cambian por completo una vida.

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Para el realizador, ese “todo lo demás” tiene que ver con el paso del tiempo y con la manera en que la propia experiencia termina entrando en las películas. “Cada vez más creo que la trama son los personajes”, explicó. Ya no le interesan tanto los grandes giros como esos conflictos íntimos que se acumulan en silencio.

“En la vida pasan pocas cosas, pero igual nos atraviesan”, sostuvo. Esa mirada también modificó su forma de trabajar la comedia. A veces, contó, debe quitar una situación o perder un chiste cuando siente que rompe la verdad del personaje en pantalla. “Pero siempre intento colar el humor, es más fuerte que yo. Nada me da más placer que una platea riendo”, reconoció para LA GACETA.

Fiel al deseo propio

“Nada entre los dos” sigue a Guillermo (Gael García Bernal) y Mechi (Natalia Oreiro), dos personas casadas con sus respectivas familias, que se conocen durante un viaje laboral. Él quedó atrapado en una pareja rutinaria y bajo la influencia de su suegro. Ella convive con un trabajo que no la identifica, con un marido lleno de proyectos fallidos y una hija que la rechaza. Una madrugada, un encuentro en la playa pone en movimiento todo lo que venían evitando.

Taratuto recuperó una definición de Peto Menahem, uno de los integrantes del elenco: son personas que construyeron una vida muy parecida a la que deseaban, pero “en algún momento agarraron mal una curva”.

La película, explicó, propone detenerse y mirar hasta dónde llegaron esos personajes. También los obliga a comparar esa realidad con sus deseos originales y preguntarse cuánto dejaron pasar.

“Es una producción sobre la fidelidad al deseo propio”, definió. El eje no está tanto en saber si los protagonistas terminarán juntos, sino en descubrir si podrán moverse del lugar que los incomoda. El encuentro los cambia y pone sus vidas patas arriba.

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El director reconoce esa sensación más allá de la ficción. “Veo mucho eso en otros y en mí: vidas que no nos representan, vidas que encarnamos por decisiones ajenas”, planteó. Para él, hay que revisar el rumbo antes de llegar a lugares difíciles de revertir o al “silencio de la negación”.

Menos humor del imaginado

El tono que debía desarrollar el filme fue uno de los mayores desafíos que debió afrontar. Taratuto había imaginado una película con más humor, especialmente en las escenas vinculadas con el mundo empresarial. Sin embargo, durante el montaje advirtió que parte de ese material perjudicaba las historias personales.

“La película es un poco menos comedia de lo que imaginé”, reconoció. Como las agendas del elenco no permitieron muchos ensayos, los primeros días de rodaje estuvieron marcados por la prueba y el error. Los textos cambiaron poco, pero la forma de interpretarlos fue ajustándose frente a cámara.

También cambió su relación con el humor. Sigue amando las comedias, aunque ya no son su único objetivo. Con el tiempo, se volvió más atento a temas existenciales y a las consecuencias reales de cada broma.

Aun así, cuestionó una corrección política que, según observa, muchas veces presta más atención a las palabras que a las acciones. “Pareciera que lo dialéctico les gana a los hechos. Y eso es muy careta”, expresó.

Presente y futuro

La conversación también alcanzó al presente del cine argentino, en momentos de retracción del apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales a la industria argentina. Taratuto fue directo: “se llevaron puestos los 25 años más exitosos”, tanto por espectadores y premios recibidos como por recaudación y servicios internacionales.

Sus dos últimas películas fueron realizadas para plataformas y filmadas fuera del país. “Y soy un afortunado. Imaginate cómo está el resto”, cerró. Para un director que construyó buena parte de su carrera mirando las contradicciones de la vida cotidiana, la frase deja poco lugar para el remate.