La frontera norte de Argentina no es sólo un límite geográfico; es un organismo vivo que muta al ritmo de las finanzas criminales y que ha transformado sus dinámicas delictivas en las últimas décadas. El fiscal federal de Salta, Ricardo Toranzos, desmontó algunos mitos sobre el tráfico de estupefacientes, analizó el cambio radical en las modalidades de transporte y alertó sobre la enorme inyección de recursos económicos que las bandas criminales destinan a un solo objetivo: comprar impunidad.

Para comprender cómo opera el narcotráfico en el territorio, el funcionario judicial propone abandonar las viejas concepciones lineales y adoptar una mirada estrictamente económica. El crimen organizado no actúa de manera azarosa, sino bajo rigurosos criterios de costo y beneficio.

“Siempre planteamos una doble interpretación sobre cómo se evalúa el movimiento del narcotráfico. Por un lado, las provincias fronterizas, en especial las que limitan con Bolivia y Paraguay, donde hay un flujo de ingreso de estupefacientes; y, por otro, las provincias del interior del país”, sostuvo.

“En este marco, siempre se vio a las provincias fronterizas como lugares de paso de ese ingreso y a las del interior como destino para el consumo, pero también como puntos estratégicos en la búsqueda de puertos para su exportación al exterior”, razonó.

Los narcotraficantes usan un escudo social y tecnológico

Sin embargo, esta división se volvió cada vez más difusa debido a las necesidades logísticas de las propias organizaciones. Es allí donde el fiscal introduce una analogía de la vida cotidiana para explicar cómo la cocaína termina dispersándose en distintos puntos del país.

“Siempre planteo que el narcotraficante se maneja como un empresario; reduce sus costos logísticos separando droga. Uso la metáfora del ‘sodero’: si tiene que hacer 20 cuadras para distribuir al próximo cliente, tocará el timbre en todas las casas anteriores para ver si deja una botella y justifica el gasto de logística. Eso hace el narcotráfico: no hay tránsito sin un desmembramiento del cargamento para pagar logística, impunidad y servicios con la propia droga”, comentó.

Singularidad geográfica

La provincia de Salta posee una singularidad geográfica que la convierte en un escenario especialmente complejo para las fuerzas de seguridad y el aparato judicial. Sus límites con Chile, Bolivia y Paraguay, sumados a extensiones territoriales tan amplias como hostiles, condicionan directamente la actividad criminal.

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“La frontera es el termómetro más inmediato de la situación económica y social del país, porque se adapta, con una velocidad impresionante, a los vaivenes financieros, afectando las actividades de comercio exterior, tanto de importación como de exportación. En ese contexto, el narcotráfico tuvo un crecimiento exponencial, no sólo en las cantidades de droga que circulan en la región, sino también en la sofisticación de las maniobras de ocultamiento”, explicó.

Esta evolución obligó a las organizaciones a abandonar los métodos rudimentarios que dominaron décadas atrás. La época en la que el contrabando dependía casi exclusivamente del factor humano individual dio paso a una era de organizaciones criminales con un despliegue logístico e ingeniería cada vez más sofisticados y costosos.

“Del ingreso masivo de ‘mulas’ o ‘camellos’, se pasó a importantes cargamentos ocultos en vehículos especialmente acondicionados, con una costosa ingeniería de ocultamiento, para luego introducir centenares de kilos de droga por medio de avionetas, que ‘bombardean’ cocaína en parajes despoblados o la descargan en pistas clandestinas de provincias del interior del país”, comentó el fiscal.

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“Esto permitió la proliferación de bandas con alta capacidad operativa y equipadas con moderna tecnología, generalmente organizadas bajo estructuras de clan, integradas desde ‘baqueanos’ hasta profesionales, que funcionan como células inconexas al servicio de la logística del estupefaciente y del traslado de sus ganancias hacia grandes ciudades o incluso otros continentes”, añadió.