Matías Tabar no encaja en el molde de un "operador K". Quienes lo conocen en la intimidad lo definen con una palabra que él mismo abraza con orgullo: "gorila". Defensor de Mauricio Macri en el pasado y votante convencido de Javier Milei, Tabar se encuentra hoy en una situación que jamás imaginó: ser el testigo clave que complica al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en una causa por enriquecimiento ilícito.

Socio de "Alta Arquitectura SRL", Tabar es un hombre de Exaltación de la Cruz afecto a los desafíos físicos extremos, como el triatlón "Ironman". 

Sin embargo, su mayor resistencia hoy se pone a prueba en los tribunales. Ante el fiscal Gerardo Pollicita, detalló que la reforma en el country Indio Cuá costó U$S245.000, pagados mayoritariamente en efectivo. 

Para demostrar que "no tiene nada que ocultar", entregó su celular a la Justicia, lo que permitirá el peritaje de los intercambios de WhatsApp con el funcionario.

El perfil comercial de Tabar es, al menos, ecléctico. Aunque refaccionó la propiedad de Adorni con lujos como mármol Travertino y climatización de piscina, su empresa no figura en el registro de la industria de la construcción (Ieric). En cambio, es un histórico proveedor municipal en Exaltación de la Cruz, donde ha vendido desde resmas de papel hasta cámaras de seguridad, cruzando todas las gestiones políticas desde la época de De la Rúa.

El quiebre con el oficialismo se palpa en el ambiente. Tras una tensa llamada de 10 minutos con Adorni -quien le ofreció "ayuda de su equipo" antes de la declaración-, Tabar masticó su malestar. Hoy, ante los ataques de los "trolls" libertarios que lo acusan de peronista, el contratista lanzó una advertencia a su círculo íntimo: “Si siguen tirando, voy a salir y ahí sí, compren pochoclos”.