La política y la economía argentina transitan un sendero de transformación profunda donde las certezas macroeconómicas colisionan, a menudo, con la fragilidad de la microeconomía y el humor social. En Fenoa, el analista político Jorge Giacobbe y el economista Fernando Marull desglosaron las claves de este tercer año de gestión de Javier Milei, marcando las distancias con el pasado y las señales de alerta hacia el proceso electoral de 2027.
El rol del elector
El panorama político actual, según Giacobbe, muestra un mapa electoral dividido en tres grandes bloques que mantienen sus fronteras casi inalteradas desde 2023. En el centro del escenario aparece el “núcleo duro” de Milei, un 30% del padrón que no ve al presidente como una opción técnica, sino como una “bandera” de identidad y rebelión.
De acuerdo a sus estudios de opinión pública, este sector está compuesto mayoritariamente por varones menores de 30 años. Existe allí una particularidad sociológica relevante: el 80% de estos jóvenes vive con sus padres, lo que les permite abrazar el discurso del ajuste con una audacia superior a la de otros sectores, ya que el impacto de la crisis es amortiguado por la estructura familiar.
Sin embargo, sostuvo el analista que para gobernar y proyectar un triunfo en 2027, ese tercio no es suficiente. El sustento del gobierno se completa con un 25% de votantes provenientes de Juntos por el Cambio, mayoritariamente mujeres y mayores de 51 años, para quienes Milei es una “circunstancia” y una herramienta para evitar el regreso del pasado.
Vaticinan el despegue de las actividades azucarera y citrícola en el Foro Económico del NOA 2026En la vereda opuesta, el bloque opositor, más identificado con el “progresismo”, retiene un sólido 35%. Este grupo, integrado por adultos de entre 31 y 50 años en su etapa de mayor esfuerzo vital, es el más sensible a las carencias y el más receptivo a los discursos que propone al Estado como protector.
Ante esto Giacobbe advirtió que, aunque este sector carece hoy de un “producto” o candidato claro, el mercado opositor sigue allí, intacto. El analista enfatizó que la ausencia de un liderazgo carismático actual no significa que el electorado haya desaparecido; en cuanto surja una oferta competitiva, el rechazo al modelo libertario los aglutinará.
En el peronismo, figuras como Axel Kicillof aparecen como opciones “prolijas”, pero sin el magnetismo de Cristina Fernández de Kirchner. Este “hueco de negocio” en la oposición representa, paradójicamente, tanto un alivio temporal para el gobierno como un riesgo latente si el espacio logra renovarse.
La imagen presidencial, sin embargo, muestra signos de desgaste con un 42% de positiva frente a casi un 50% de negativa. Para Giacobbe, estas cifras no garantizan una victoria en primera vuelta, dejando el destino del país en manos de los “swingers”: ese 9% de electores incoherentes que definen las elecciones y su elección puede oscilar entre un sector y otro dependiendo sus intereses.
Dentro del oficialismo, la competencia interna se hace notar. Figuras como Victoria Villarruel y Patricia Bullrich mantienen niveles de imagen competitiva, mientras que Mauricio Macri queda relegado. Giacobbe utiliza una metáfora tecnológica: Macri es una máquina Remington pidiendo reconocimiento, mientras Milei es la laptop que le indica que su tiempo ya pasó.
Bullrich: “el país necesita una serie de reformas que durante muchos años no se pudieron hacer"Para el consultor, el fantasma de 2018 sobrevuela el análisis político. La curva de imagen de Milei muestra un comportamiento de “tobogán” similar al que sufrió Macri en su momento equivalente. La advertencia es clara: el destino del Presidente depende de la paciencia de la opinión pública más que de su fuerza en el Congreso. No obstante, Giacobbe distingue una diferencia fundamental: la relación de Milei con la sociedad es “tóxica” y conflictiva, con líneas de imagen que se cruzan y vuelven a revertirse. A diferencia del “divorcio” definitivo que sufrió Macri, el electorado de Milei parece estar atrapado en una relación de vaivenes y sufrimiento, pero con esperanza de cambio.
Rumbo económico
Desde el ángulo económico, Fernando Marull aportó una visión de solidez técnica y económica que actúa como contrapeso a la incertidumbre política. Para el economista, la mayor fortaleza actual es la estabilidad del dólar, que funciona como el “ancla” del sistema a pesar de la volatilidad internacional.
Este equilibrio cambiario se explica por un cambio en la oferta de divisas. Mientras el sector sojero ha perdido peso, han surgido con fuerza los sectores minero, petrolero y financiero, garantizando un flujo constante de dólares frente a una demanda privada todavía contenida.
En cuanto a la inflación, las proyecciones son optimistas. Marull estima que, tras superar los shocks iniciales de tarifas y combustibles, el índice podría estabilizarse en niveles del 2% o 3%. En este escenario, las paritarias salariales pasarían a ser el único motor relevante de precios, comenzando finalmente a ganarle a la inflación.
La economía real, sin embargo, muestra una dualidad marcada. Mientras la macroeconomía se percibe sólida, la microeconomía ha sentido el golpe de la caída del salario real. Sectores como la industria y el comercio masivo son los más rezagados, a la espera de un rebote impulsado por la recomposición de los ingresos.
Uno de los puntos más disruptivos del análisis de Marull es su optimismo sobre la construcción, previendo un crecimiento del 10% anual. Este salto se apoya en costos estabilizados, el regreso del crédito hipotecario y el impacto del Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI).
Desde la perspectiva del economista, el RIGI se perfila como el gran acelerador de la inversión extranjera, con anuncios que rondan los 25.000 millones de dólares. Según el economista, el impacto será tangible en el corto plazo, especialmente en logística, energía y minería, sectores que ya muestran movimiento en las rutas del país.
Marull sostuvo que Argentina transita una transformación estructural donde el mundo de las brechas cambiarias y las tasas subsidiadas “no vuelve más”. Las empresas ahora deben enfocarse en la eficiencia y la competitividad en lugar de especular con el stock o los materiales de construcción.
Con respecto al clima social, el economista reconoció una tensión evidente, con indicadores de pobreza y consumo peores que los del año pasado. Sin embargo, su perspectiva es de alivio: la baja de la inflación y la recuperación del poder adquisitivo deberían empezar a disipar el mal humor social en el mediano plazo.
Al comparar esta gestión con la de Mauricio Macri, Marull relató tener motivos para mirar con optimismo y tranquilidad el rumbo económico del país. De acuerdo a su exposición, en aquel entonces, una crisis en la macroeconomía arrastró a la micro. Hoy, la macro está robusta, lo que actúa como un escudo ante posibles shocks externos y reduce el riesgo de una crisis sistémica.
La tesis económica es que, al estar la macroeconomía sana, es muy probable que la micro termine “contagiándose” de esa estabilidad. Esto evitaría el colapso que sufrió el gobierno de Macri y permitiría al actual oficialismo llegar al año electoral con una economía en fase de recuperación.
La conclusión de ambos expertos deja un escenario de claroscuros. Por un lado, una economía que intenta sanar desde sus cimientos técnicos y grandes inversiones; por el otro, una sociedad que transita un esfuerzo económico largo bajo una profunda “incomodidad moral”.
Hacia 2027, la gran incógnita será si la solidez macroeconómica que describe Marull llegará un tiempo para reconquistar a los prominentes “circunstanciales” y “swingers” que describen a Giacobbe, o si el desgaste emocional terminará por romper el contrato electoral.
El tercer año de Milei será, en definitiva, el laboratorio donde se probará si una macro blindada es suficiente para sostener un liderazgo político que desafiaba todas las leyes de la política tradicional argentina.