En una jornada marcada por la alta tensión política y social, la Confederación General del Trabajo (CGT) movilizará hoy sus estructuras hacia el Congreso de la Nación. El objetivo es presionar a los legisladores en el inicio del tratamiento de la reforma laboral en el Senado. Mientras la central obrera agita la amenaza de un paro nacional, el Gobierno ratificó que aplicará con rigor el protocolo antipiquetes para garantizar la circulación.
La protesta, que comenzará formalmente a las 15, es el resultado de un complejo equilibrio interno dentro del Consejo Directivo de la CGT. Tras semanas de debate entre sectores proclives al diálogo y las alas más combativas, la cúpula sindical optó por una movilización masiva sin cese de actividades unificado, al dejar a cada gremio la libertad de implementar medidas de fuerza propias.
El núcleo del conflicto: ¿Qué se rechaza?
Desde la central obrera calificaron el proyecto oficial como un "retroceso histórico". Denunciaron una "redacción maliciosa" que busca beneficiar a grandes corporaciones en detrimento de las pymes y la estabilidad del trabajador.
Entre los puntos más sensibles destacaron la creación del fondo de cese laboral -que reemplazaría las indemnizaciones-, la implementación de bancos de horas y la limitación de la autonomía sindical. "Es un avance que debilita la negociación colectiva", advirtieron desde la calle Azopardo.
El Congreso, blindado
Para contrarrestar la movilización, el Ministerio de Seguridad dispuso un operativo de máxima seguridad. Con un vallado perimetral estricto en las inmediaciones del Parlamento y cortes programados en arterias clave como Rivadavia, Entre Ríos y Callao, las fuerzas federales buscarán evitar el bloqueo total de calles.
El éxito de la convocatoria no solo se medirá en la cantidad de asistentes, sino en la capacidad de la CGT para forzar cambios en el texto legislativo. De no haber respuestas, la central ya advirtió que el siguiente paso será, inevitablemente, el llamado a un paro general.