Pobreza e inflación, emparentadas pero diferentes

Pobreza e inflación, emparentadas pero diferentes

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El próximo miércoles se conocerán los datos de la Canasta Básica Alimentaria y de la Canasta Básica Total, usados para el cálculo de pobreza mediante ingreso. Seguramente mostrarán alzas, y casi seguro que diferentes de la inflación. Es que dichas canastas y el Índice de Precios al Consumidor miden conceptos diferentes, aunque relacionados. El IPC, los precios de lo que las personas consumen. La CBA, los precios de lo que deberían consumir para no sufrir inanición. Y la CBT deriva de la anterior. Por eso también suelen cambiar distinto el rubro alimentos dentro del IPC y la CBA: el primero mide lo que comen los argentinos, la segunda lo que deberían comer como mínimo.

En estos cálculos se considera la Encuesta de Consumo de Hogares que releva el Instituto Nacional de Estadística y Censos, aunque de diferente manera. La Encuesta indaga qué consumen los consumidores urbanos y con sus datos se conforma una canasta representativa de tal consumo. Luego se averiguan los precios de esos productos, se calcula cuánto cuesta comprarlos y periódicamente se verifica cómo sigue tal costo.

Vale recordar que no siempre se pueden operar unidades diferentes. Dividir distancia en tiempo es posible y ahí está la velocidad. Pero no se pueden sumar precios de bienes diferentes. ¿Cómo operar pesos por corbata más pesos por pocillo más pesos por película y así? Por eso se calcula el gasto en consumo, que surge de multiplicar precios por unidades consumidas, lo que da un resultado sólo en pesos que es posible sumar a otros montos obtenidos de la misma manera.

Supóngase ahora que aquella canasta en un mes determinado cueste 40.000 pesos. Un mes después se averiguan los precios de los mismos bienes y surge un costo de 40.400 pesos. Eso significa que en promedio los precios subieron un uno por ciento. Algunos habrán cambiado distinto que otros pero el conjunto fue uno por ciento más caro. Como hay bienes diferentes la manera de averiguar qué le pasó al promedio de los precios es ver qué le pasó al gasto agregado, que además resulta dar un promedio ponderado. Es decir, cada cambio de precio incide según cuánto representa el gasto en el bien correspondiente sobre el gasto total. Por ejemplo, que un solo artículo represente un diez por ciento del consumo. Si sólo su precio sube y lo hace en un diez por ciento entonces agrega al total el diez por ciento del diez por ciento. Es decir, un punto porcentual.

Además, dividiendo un monto de consumo en el otro y multiplicando por cien se obtiene el índice de precios correspondiente. Así, el del mes inicial o mes base será de cien, y el del mes siguiente, en este caso 40.400, dividido en 40.000 da 1,01, o sea un índice de 101. Para cada mes se hace lo mismo y el índice correspondiente muestra cuánto variaron en promedio los precios entre ese mes y el mes base, y de los cocientes entre índices se obtiene cuánto lo hicieron entre dichos meses.

Por supuesto que las personas van cambiando su consumo en el tiempo, pero la canasta del índice debe mantenerse. Si se compararan gastos en un conjunto de bienes con gastos en otro conjunto de diferentes bienes, ¿cómo saber a qué se deben las diferencias? Los montos pueden haber cambiado porque varió la cantidad que se consumió, o porque se dejaron de lado unos bienes y se compraron otros, o porque cambiaron los precios. Hasta es posible que los precios hayan subido pero los gastos sigan igual (como pasa cuando el sueldo no crece). Deben compararse gastos en exactamente las mismas cantidades de los mismos bienes, y periódicamente actualizar la canasta de consumo.

La CBA tiene otro origen. Primero se estiman cuántas calorías necesita un varón adulto para seguir saludable. Luego, para saber cómo las conseguiría en Argentina se acude a la Encuesta de Consumo de Hogares, que muestra qué comen los argentinos. A continuación se toman las encuestas de precios del Indec y se calcula cuánto cuesta comprar los alimentos necesarios. Esa es la Canasta Básica Alimentaria para el llamado adulto equivalente. Para mujeres, ancianos y niños se estima que su consumo equivale a un porcentaje del adulto varón y se aplica el mismo al costo estimado. De allí surgen las canastas alimentarias para diferentes tipos de hogares.

La CBA es tomada como línea de indigencia, se considera indigente a la persona u hogar cuyos ingresos no alcanzan para cubrir los requisitos alimentarios. Sobre ella se calcula la Canasta Básica Total, que incluye gastos en otros bienes y servicios además de alimentos, y se estima aplicando el llamado coeficiente de Engel (por el estadístico Ernst Engel, 1821-1896). Éste indica cuánto del consumo total se destina a alimentos, con lo que dividiendo el gasto en alimentos por el coeficiente en tanto por uno se obtiene cuánto se gasta en total. Si el gasto en alimentos es el mínimo indispensable para no ser considerado indigente, el gasto total también será un mínimo, el indispensable para no ser considerado pobre. Por eso conforma la línea de pobreza por ingreso. Por ejemplo, si el coeficiente de Engel indica que el 20 por ciento del gasto se destina a alimentos, se supone que la relación vale también para los ingresos bajos y la CBA cuesta 20.000 pesos, se divide esa cifra en 0,20 y surge una CBT de 100.000 pesos.

Es un método relativamente sencillo, pero incompleto. Por eso en el país y en la provincia se trabaja en construir indicadores de pobreza multidimensional, que consideren otros factores. Por ejemplo, las personas podrían ganar más que la CBT pero vivir en condiciones deplorables de salubridad por factores que no siempre dependen de sus decisiones, como conexión a redes de agua potable y cloacas o posibilidad de atención médica. No considerarlas pobres implicaría una subestimación de la pobreza y por lo tanto una errada determinación de prioridades para la acción de gobierno.

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