Por la carretera de los sueños rotos

Por la carretera de los sueños rotos

Tucumán es el quinto distrito del país que más aportes de coparticipación federal recibe.

Tucumán percibe más del doble de dinero de lo que aporta al Producto Bruto Interno (PBI). Recoge el 5% de la coparticipación nacional y aporta el 2% del PBI.

Junto con CABA, provincia de Buenos Aires y Salta, Tucumán está entre los cuatro distritos a los que más se le aumentaron las remesas de dinero federal durante el último año.

Tucumán es la provincia más pequeña de la Argentina.

Con la cuantiosa coparticipación que recibe, además de otros aportes nacionales para obras y servicios, más los impuestos provinciales y municipales, Tucumán debería liderar todos los índices positivos. Sin embargo, ocurre lo contrario.

Por razones obvias, Tucumán posee la red vial más reducida del país, con menos kilómetros de rutas y caminos.

Por razones no obvias, el tránsito urbano, interurbano y rural es un caos. A las rutas y calles en pésimo estado y atiborradas, se le suma un problema extra: es la provincia más densamente poblada.

Demasiada gente en poco espacio. Esto obliga a doblegar esfuerzos en materia de obras públicas y de planificación estratégica, y a pensar soluciones diferentes a las implementadas en otras provincias.

En Tucumán no faltan planes ni proyectos urbanísticos ni de infraestructura. Lo que falta es hacerlos.

A Tucumán le sobran expertos en desarrollo sustentable, en políticas públicas, en obras de infraestructura y en sociodemografía, entre otras materias que analizan y atienden la evolución de una sociedad.

Especialistas que aportan las cuatro universidades, las áreas técnicas de algunos sectores de la administración pública y del sector privado. Lo que también sobran son anuncios.

Enumerar los anuncios de obras no concretados durante los últimos 20 años, en la continuidad de las gestiones Alperovich-Manzur-Jaldo, es una faena inabordable, aún cuando muchas de estas promesas se fueron repitiendo.

Según el archivo de LA GACETA, en Tucumán se realiza, en promedio, un anuncio de obras por día, contabilizando gestiones provinciales, municipales y comunales.

Faena inabordable porque estamos hablando de más de 5.000 anuncios desde 2003, sin contar sábados y domingos, días en que a veces también los hubo.

Sólo en materia vial, urbana, interurbana y rural, en este momento hay en carpeta más de 300 anuncios.

Solamente el Gran Tucumán, con seis municipios, cinco departamentos y una decena de comunas, concentra la mitad de los anuncios viales.

Las últimas obras viales importantes que se concretaron y finalizaron en el Gran Tucumán fueron la ampliación de la Diagonal a Tafí Viejo (ruta 314), hace diez años; la ampliación de la ruta 301, desde la capital a El Manantial, hace 16 años; y la avenida Perón, hace 27 años.

Este año se sumaron nuevos anuncios viales en el Gran Tucumán: una autopista entre la capital y el Aeropuerto; una autopista en el Camino del Perú; una autopista de circunvalación noroeste para unir Yerba Buena y Tafí Viejo con la ruta 9; la ampliaciones de las avenidas Solano Vera y Fanzolato, en Yerba Buena; y una ciclovía hasta El Cadillal, entre otros.

En abril se iniciaron los trabajos para construir una autopista entre la capital tucumana y Las Termas, un proyecto que tiene más de 40 años. La fecha de finalización es un enigma, como ocurrió con la inconclusa nueva traza de la ruta 38, que lleva años demorada.

Otras materias pendientes desde hace décadas son la vieja traza de la 38; la 307 entre Ampimpa y la ruta 40; la propia ruta nacional 40; la 332 (Santa Ana-Río Chico); la 338 (a San Javier); la 352 (Hualinchay-Colalao del Valle); la nacional 157; por mencionar algunas importantes, más una decena de puentes averiados o directamente caídos, como el de Canal Sur, que se derrumbó hace cuatro años.

Un ícono de los anuncios viales incumplidos es la continuación de la autopista que construyeron los salteños hacia Tucumán hace dos décadas. Esta autopista va desde Salta capital hasta Metán (150 km) y en julio los salteños iniciaron su prolongación hasta Rosario de la Frontera (38 kilómetros). En 20 años los tucumanos no pudimos hacer los 70 km de este lado.

Subrayamos las obras viales porque, reiteramos, Tucumán es la provincia más chica del país con la red de caminos más corta. Debería ser Suiza, o por lo menos Jujuy, que con casi el mismo territorio triplica a Tucumán en kilómetros de autopistas.

Fuera de la cuestión vial, la lista de anuncios que no pasaron de un escritorio se agiganta. Obras hídricas, diques, prevención de inundaciones, saneamiento de ríos, agua potable y cloacas, un centro cívico, un estadio único, trenes urbanos y elevados, metrobuses, un centro de alto rendimiento, la recuperación de El Cadillal, un aeropuerto en Tafí del Valle…

En la lista del haber no hay mucho que decir, se escribe en una servilleta. Al menos comenzó, como ya dijimos, la construcción de la autopista a Las Termas, como también las obras de la nueva cárcel en Benjamín Paz, otro proyecto añoso. Y se inauguró un centro de convenciones en la Sociedad Rural, que está lejos de lo prometido por Manzur, pero cumple su propósito.

Turismo se lleva una de las mejores partes, con llamativas mejoras en El Cadillal y en San Javier y algunos proyectos en marcha que entusiasman, como la revalorización del olvidado dique Escaba, uno de los lugares más hermosos de la provincia.

Bocetar, prometer, dibujar, anunciar, presupuestar, diseñar, planear, augurar, maquetar, planificar, soñar, proyectar…

Anuncios y más anuncios, firma de convenios y acuerdos, actas de intención, viajes y más viajes a Buenos Aires, a Europa, a Estados Unidos y a otros países.

Y en el 2023 electoral asistiremos a un festival de grandes obras gritadas desde los escenarios.

Los tucumanos deberíamos hacer un pacto social. Dejar de anunciar obras faraónicas por unos años y no publicitarlas hasta el día de su inauguración, y ahí sí, si se quiere, con toda la música.

Afirman que cuando más grandes son las expectativas generadas, más grandes serán luego las decepciones. Y sobra decir que la decepción de los tucumanos con la clase política es enorme, más enorme que el Centro Cívico que diseñó César Pelli antes de morir, y que pagamos bastante caro.

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