Carlitos Balá y Martha Venturiello: la historia de amor de más de 70 años

Se conocieron en un casamiento. Él tenía 24 años y ella 18. "La saqué a bailar y después me ofrecí a llevarla a su casa", contó el animador en una entrevista.

Carlitos Balá junto a su esposa Martha Venturiello Carlitos Balá junto a su esposa Martha Venturiello La Nación
23 Septiembre 2022

Carlitos Balá pasó toda su vida con Martha Venturiello, su esposa y con quien tuvo dos hijos, Laura y Martín. Su historia de amor comenzó cuando él tenía 24 años y ella 18. Se conocieron en un casamiento y desde entonces, según contaron en repetidas oportunidades, no volvieron a separarse. Hoy, el país llora la muerte del inolvidable animador infantil.

"Nos conocimos en un casamiento (...) y nunca más nos separamos. Recuerdo que había como quinientos invitados y apenas la vi le dije a mi amigo: ‘Mirá qué linda chica’. La saqué a bailar y después me ofrecí a acompañarla a su casa”, recordaba Balá durante una entrevista con la revista HOLA! tiempo atrás.

Carlitos Balá junto a su familia Carlitos Balá junto a su familia Infobae

 “Vivía en Boedo. ‘Yo te llevo’, le dije, y así fue: ¡la llevé en colectivo!. Eran las cuatro de la mañana y para sacarle una sonrisa me puse a vender una lapicera en el colectivo. Después me animé a hacerle un chiste y a pesar de la hora, ella se rio. Por eso siempre digo que gracias al humor, conquisté a la mujer de mi vida”, relataba.
Después de siete años de noviazgo decidieron casarse. La boda llegó gracias a Hilda Bernard y su esposo, quienes firmaron con Balá un contrato laboral de un año seguido, razón por la cual la pareja decidió irse a vivir juntos. 

Con el tiempo la familia comenzó a crecer y tuvieron dos hijos, Martín y Laura. “Nos conocemos de memoria. Así como es de exigente, Martha también me da todos los gustos. Por ejemplo, me cocina todo lo que quiero: empanadas de choclo, empanadas de pollo y sopa de sémola para que yo crezca fuerte y lindo”, decía Balá.

Carlitos y Martha llevaban juntos más de 70 años y el soñaba con llegar a los 100. “Ya tengo reservada la botella de champagne y todo. No le tengo miedo a la muerte, en realidad me inquieta lo que me espera después. Y no creo que Dios sea tan injusto para mandarme al infierno, ¿no?”, decía.

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