APORTARON LO SUYO. Los hinchas empujaron al equipo desde el primer minuto y desataron un gran festejo con la goleada consumada. APORTARON LO SUYO. Los hinchas empujaron al equipo desde el primer minuto y desataron un gran festejo con la goleada consumada.

Había una vez un equipo que enamoraba, gustaba y goleaba. Que cada fin de semana sumaba buenos resultados y alimentaba la ilusión de una hinchada desbordada por la ansiedad. Hasta que, por arte de magia, ese encanto que se encaminaba al idilio se fue consumiendo partido a partido. Los resultados no fueron los esperados y, poco a poco , ese encanto se fue transformando en frustración. 

Todo parecía ensombrecido por una necesidad innegociable: volver lo más rápido posible a Primera. Pero claro, de antemano se sabía que el camino iba a ser largo, aunque nadie advirtió que se podría llegar a transitar casi por la cornisa. Justo ahí, cuando el vértigo acechaba, San Martín se puso otra vez de pie y sacó adelante un partido que, en la previa, pintaba complicado ante un Güemes necesitado de puntos, pero que nunca mostró intenciones reales de querer llevarse algo más que un empate. 

Con decisión, y con pasajes de buen juego, el equipo de Pablo De Muner golpeó en los momentos justos para anotarse otra goleada en La Ciudadela, para demostrarle a Belgrano que luchará hasta el final, aunque la distancia siga siendo amplia. La virtud de resolver rápido un partido complejo fue la clave para que el “Santo” vuelva a tomar distancia con el resto y, así, meterle presión al “Pirata”, que no termina de abrochar el ascenso, a pesar de todas las chances que tuvo. Ahora es cuando San Martín debe mostrar toda su fortaleza, porque el premio mayor todavía no tiene dueño.

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