JUEGO DE TRES. Guzmán, Cristina y Alberto. La sociedad se rompió hace largo tiempo y, como se preveía, el economista fue el primero que dejó el Gobierno. Se vienen horas decisivas para el futuro del país. JUEGO DE TRES. Guzmán, Cristina y Alberto. La sociedad se rompió hace largo tiempo y, como se preveía, el economista fue el primero que dejó el Gobierno. Se vienen horas decisivas para el futuro del país.

La economía sangra por sus heridas, pero cualquiera sea su cirujano nada podrá hacer si no tiene los instrumentos para operar. Y hoy ese instrumento es la confianza y para que ella exista lo único que hace falta es un acuerdo político.

Si ese consenso político no existe, el sillón de Alberto Fernández empieza a crujir.

Martín Guzmán había sido claro la semana pasada cuando pidió que Darío Martínez, Federico Basualdo y Agustín Gerez se fueran porque ponían obstáculos en su gestión. Le preocupaba no manejar las riendas en Energía. Alberto Fernández no le llevó el apunte y Guzmán se hartó y se fue.

Anoche, Fernández y algunos funcionarios echaban fuego por la boca despotricando contra Guzmán por esta dimisión, pero, antes, nunca le llevaron el apunte. El enojo de anoche llegó tarde.

El trípode del poder argentino fue una obra artesanal que se apoyó en Alberto, Cristina y Sergio Massa. Por eso anoche, cuando el Presidente y la Vice ni se hablan, era muy importante qué haría el tercero en discordia. Pero no apareció, como tampoco lo hizo el Jefe de Gabinete y así Alberto, en Olivos, tenía menos invitados que Fabiola en su fiesta de cumpleaños en plena pandemia.

Hasta el cierre de esta edición, el Presidente no tenía el reemplazante de Guzmán. Y, cada segundo que pasa sin un nuevo ministro, la sociedad pierde más confianza y la economía sigue sangrando por sus heridas. La política es consenso y es decisión. De lo contrario, es abismo.

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