El Facundo y la maratón de los Facundos

El Facundo y la maratón de los Facundos

Por Ricardo de Titto para LA GACETA.

VARIACIONES. Durante la vida del propio Domingo Faustino Sarmiento, el Facundo tuvo cuatro ediciones: la de 1845, la de 1851, la de 1868 y la de 1874. VARIACIONES. Durante la vida del propio Domingo Faustino Sarmiento, el Facundo tuvo cuatro ediciones: la de 1845, la de 1851, la de 1868 y la de 1874.
22 Mayo 2022

La lectura principió, como estaba previsto, poco antes de las 11.30 horas Noé Jitrik, decano de los estudios de la obra sarmientina en la última mitad del siglo XX, y prologuista en sendas ediciones, toma asiento en el medio del salón que ha dispuesto sus sillas en modo de arco. A su lado, su compañera de la vida y de andanzas literarias, la escritora “Tununa” Mercado. Como anfitrionas y organizadores, Virginia Fernández, directora del Museo Histórico Sarmiento y Adriana Amante, titular de la cátedra de Literatura Argentina I B de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA –con el auspicio del Grupo de Estudios Sarmientinos del Instituto de Literatura Hispanoamericano–, ofrecen la bienvenida a los presentes y dan la señal de largada con un ajustado “comencemos”.

El programa señala que, además de la lectura, se proyectará un video, “Facundia. Crónica de un niño solo” de Alejo Ruiz y que compartiremos un audio, también titulado “Facundia” de Julio Schvartzman. Los lectores se suceden y todo queda registrado bajo la atenta mirada de las cámaras de “El Pampero Cine” un grupo cinematográfico liderado por Mariano Llinás. Los organizadores han previsto, además, mudar cada tanto de salón para “cambiar el aire” de todos los maratonistas. Nadie se molesta, la disposición ayuda mucho a disfrutar de la larga travesía y el clima es de gozo colectivo.

El público es por demás variado y la inmensa mayoría entra al salón con su libro bajo el brazo y acompaña la lectura con aplicada mirada. Algunos pocos llevan su Facundo en un teléfono o tablet, pero el libro, el papel impreso, se impone por goleada: se ven a simple vista ponderadas ediciones de la Biblioteca Ayacucho, las dos del Centro Editor, alguna de esas con tapa rojiblanca de la Biblioteca del Congreso, no falta una impresión antigua, de Sopena –el portador lo muestra orgulloso porque pertenecía a su abuelo, creo que del año 1938–, no falta una de la trabajada por Alberto Palcos –de lo mejor– y otra más reciente de Puerto de Palos.

Hay entonces Facundo y “facundos”. En vida de Sarmiento, el texto vio cuatro ediciones, en 1845, 1851 -con importantes supresiones como las de capítulos enteros y la propia y famosa introducción-, 1868 y 1874 -con añadidos y restableciendo los tres capítulos retirados desde la segunda edición- y el mismo Sarmiento cambió los títulos, revisó las pruebas e introdujo cambios aquí y allá, por caso, en la propia ortografía, aspecto por demás dinámico en su producción literaria.

El proyecto de esta maratón y con las mismas ideólogas y responsables se había amasado antes de la pandemia y recién ahora se puede concretar. El fuego chispeante es el mismo: pasan por el micrófono personas de la cultura de renombre, entre ellas Beatriz Sarlo, así como “perfectos desconocidos”, personas del común. Algunos leen en forma pausada y casi intimista, otros gesticulan e “interpretan” los textos con ademanes; las y los docentes son reconocibles, exhiben su oficio. Y todos merecen el mismo respeto: los aplausos se reservan para cuando termina un capítulo. Por la tarde, en un breve interludio, Josefina Cabo canta con dulzura la zamba de Guastavino y letra de León Benarós “La Severa Villafañe” acompañada en guitarra por Murci Bouscayrol y los dolores de la guerra civil del año 30 se hacen presentes.

Por entonces han leído ya más de 50 de los designados sobre un total de cerca de 70 invitados –escritores, historiadores, museólogos, artistas visuales, actores, coleccionistas– a los que se suman los que se tientan y se suman de entre las personas del público presente. El número total de lectores espontáneos rozará la centena y las previsiones lo han contemplado: Eudeba se ha hecho presente con la donación de diez ejemplares. El Facundo, está claro, no hace diferencias, es como la patria: “nadie lo es pero todos lo somos”, como diría Borges.

Tras 13 horas de maratón casi ininterrumpida el público, por lógica, ha mermado, pero no mucho. “Presente y porvenir” se titula el último capítulo que, por su mismo carácter, interpela al auditorio y mueve a la reflexión. hasta que, doblado el último recodo, los maratonistas cierran sus libros. Ya es 8 de mayo. Hace casi exactamente 177 años que un joven Sarmiento de 34 años ha comenzado a publicar la primera versión del Facundo como folletín del periódico chileno El Mercurio. Era imposible prever, en aquel momento –es probable que su autor lo haya soñado– que estaba viendo la luz una obra de trascendencia histórica para la literatura y la política americana del amplio mundo de habla hispana. Intuida o no su trascendencia, no está de más recordar la reseña que publica El Mercurio al terminar la publicación, donde se subraya: “Tenemos una idea que puede parecer contradictoria cuando acabamos de elogiar una de sus obras por su mérito histórico. Creemos que el señor Sarmiento está señalado como el escritor de la novela nuestra, a ser para los países que conoce y estudia Irving o Cooper para la América del otro lado del Ecuador”. Juan María Gutiérrez, autor de este comentario que prefirió el anonimato, supo avizorar la magnitud de la obra que latía en sus manos. La posteridad ha puesto en letras de molde las breves pero contundentes proclamas de la disyuntiva entre “Civilización o barbarie” estampada en el título como la universal validez de aquella consigna grabada en la piedra que aseguraba que “las ideas no se matan”: ambas quedarán como registro indeleble de una época, la de formación de los Estados nacionales en el Nuevo Mundo.

Una pregunta me invade entonces: ¿Qué otro libro podría provocar esta maravilla, esta comunión de “argentinos” –al fin, a quien destina principalmente su obra el sanjuanino– unidos por la lectura de un libro fundacional y, sin embargo, fuertemente político y polémico? De acuerdo, sí, tal vez y en otro registro, el Martín Fierro, quizás. No es el caso aquí recrear falsas dicotomías y mejor lo dejamos ahí.

El protagonista de esta Maratón fue un texto y ninguna otra cosa: sencillamente, los Facundos, el Facundo.

© LA GACETA

Ricardo de Titto – Historiador.

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