Ningún logro hubiese sido posible sin el apoyo de los más cercanos

Hoy se celebra en el mundo el Día Internacional de la Familia, para recalcar su importancia para el desarrollo de las personas. Tres historias de tucumanos que sienten el apoyo incondicional y los lazos.

EN COMPAÑÍA. Sebastián (al centro) con sus seres queridos. Les agradece siempre el apoyo incondicional. EN COMPAÑÍA. Sebastián (al centro) con sus seres queridos. Les agradece siempre el apoyo incondicional.

Un pequeño universo de amor, comprensión y cuidado. Ese primer contacto con el mundo; ese espacio en el que forjamos nuestro carácter y nuestros sentimientos. Un lugar incondicional al que siempre podemos volver. Es que, sin ella, las personas no seríamos como somos. Eso es la familia: amor eterno, que siempre acompaña, que siempre está.

Hoy se celebra en el mundo el Día Internacional de la Familia. La efeméride fue propuesta por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con el claro objetivo de brindar un momento de reflexión y agradecimiento para este núcleo de la sociedad. Además, en este día se busca crear conciencia sobre el papel fundamental que tiene en la educación de los hijos.

Familia es muchas cosas. Ese “algo” que nos impulsa en los momentos de incertidumbre; un fuerte pilar en las situaciones más dolorosas y la alegría desmedida en los días felices. Todo eso y más. Y está claro: sin nuestro pequeño (o gran) mundo sería difícil desenvolvernos y soportar los momentos de mayor emoción en nuestro paso por la tierra. Por eso hoy compartimos tres historias de tucumanos en los que su entorno íntimo fue el firme timón para lograr sueños y un medio para fortalecer lazos.

Sueños cumplidos

“Sin mi familia hubiera sido casi imposible”, admite Sebastián Castellano ante la pregunta de LA GACETA. Él tiene 30 y es electrodependiente. Gracias al incondicional apoyo de sus seres queridos, pudo estudiar y convertirse en Licenciado en Comunicación Social. “Cuando uno es discapacitado, las familias quedan obligadas a no tener el papel tradicional, de apoyar, de dar contención, sino que quedan superditadas a dar asistencia -explica-; gran parte del hecho de que yo sea profesional es por ella. Durante cuatro años, mi papá se iba del trabajo para llevarme a la universidad; mi mamá se quedaba conmigo en la facultad, soportando el frío, el calor... Mis hermanas igual, tenían que acompañarme”.

Por supuesto, el agradecimiento es muy grande. “Pero también siento impotencia. Porque la dinámica familiar se ve alterada ante la obligación de asistir a una persona con discapacidad. Les agradezco pero al mismo tiempo me da bronca que todos hayan tenido que pasar por este estrés -resalta-; esa asistencia la tendría que brindar el Estado: tener enfermeros, traslados y un montón de cuestiones que necesita una persona con discapacidad”. Y por eso hoy milita por las personas con electrodependencia.

MÁS UNIDOS QUE NUNCA. Eva (la pequeña niña modelo) disfruta a pleno junto a sus papás y su hermano. MÁS UNIDOS QUE NUNCA. Eva (la pequeña niña modelo) disfruta a pleno junto a sus papás y su hermano.

“Agradezco que mis padres siempre tuvieron una mirada diferente. Muchos padres de personas con mi discapacidad prefieren mandar a sus hijos a instituciones para discapacitados, pero ellos siempre tuvieron una mirada más inclusiva y de equidad, sabiendo que podría incluirme en el sistema”, afirma. Y así fue.

Meta conseguida

César y Franco Maxud hoy son abogados. Padre e hijo finalizaron sus estudios este 2022 y aseguran que, sin la compañía del otro, el proceso habría sido mucho más complicado. “Fue un esfuerzo de todos. Mi vieja a veces nos veía bajón; o miraba que alguno no quería continuar con la carrera y nos alentaba a seguir. Y entre nosotros, también nos dábamos apoyo, porque además de lo filial nos convertimos en compañeros y amigos”, cuenta Franco y su padre agrega: “había veces que uno llegaba cansado del trabajo y se quedaba a dormir la siesta, entonces el otro iba y tomaba apuntes. Nos complementábamos”.

César fue el que dio el primer paso. Quería volver a estudiar y terminar la carrera que había empezado en su juventud. Y le preguntó a su hijo si quería sumarse. “No sé si la hubiera terminado si arrancaba solo. Y no lo puedo saber porque arranqué con él y me fue mucho más fácil”, explica. “Por ahí, por separado también la podríamos haber hecho, pero con el apoyo de tu familia, de tu padre... tenés un plus que te obliga, es un ánimo más para seguir cursando y meterle pata”, agrega Franco.

Ambos coinciden en que el esfuerzo fue conjunto. “A veces debíamos postergar muchas cosas con mi señora porque me tenía que quedar a estudiar, y ella lo entendía y apoyaba. Pero había que hacer sacrificios -recalca Cesar-; mis hijos supieron comprender; se privaban de quizá comprar algo que necesitaban porque entendían que todo era para que hoy estemos mejor”.

“La familia ocupa un rol importante en nuestro desarrollo. Sin ellos, muchas cosas no se podrían lograr bien, o tan rápido como pasó en nuestro caso. Ellos (el resto del grupo) tuvieron que postergar cosas. y todo eso te incentiva a seguir esforzándote y a estudiar más, para que en el futuro se vean frutos”, agrega Franco y subraya: “esto fortaleció el lazo familiar. Con mi viejo formamos otro vínculo, es como que tenés otra confianza, porque es un compañero... Y todo eso se nota en el ámbito familiar, todos lo detectan. La relación se fue fortaleciendo cuando estudiábamos juntos”.

Un sueño que los unió

Eva Pérez Ortíz (nueve años) nació con una cardiopatía congénita, por la que fue operada a los 10 meses. Con los años creció, pero con todas las miradas de su familia puestas en ella. “A veces uno la sobreprotege... Siempre está el miedo a que le pase algo”, admite a LA GACETA su mamá Fátima Ortíz. Gracias a ello, la familia hoy está más unida que nunca.

Con la pandemia la niña tuvo que dejar de salir de casa, porque es paciente de riesgo. Mientras otros chicos podían salir a jugar, ella debía mantenerse “adentro”. Así empezó el sueño.

LOGRO COMPARTIDO. César (padre) y Franco (hijo) finalizaron juntos sus estudios universitarios. LOGRO COMPARTIDO. César (padre) y Franco (hijo) finalizaron juntos sus estudios universitarios.

Fátima no quería que Eva estuviese sin hacer nada. “Encontré una agencia de modelos que daba clases virtuales -recuerda-; y no solamente la preparan en concursos y certámenes, sino también les enseñan oratoria y cultura”. Y aunque su enfermedad la limita en algunas actividades, en este hobby Eva encontró algo que la hace feliz.

Ahora, de grande quiere ser modelo -pero también veterinaria, aclara su mamá-. “Todos colaboramos. Mi papá nos presta la filmadora profesional, yo ayudo con los vestuarios... Es un trabajo conjunto; participan los abuelos y los primos -relata-; uno no descansa nunca. Su padre es operario de una fábrica y los dos somos artistas plásticos, así que tenemos la posibilidad de hacer cosas artesanalmente. Yo misma bordo y le hago los trajes, aunque también tengo una diseñadora que me apoya”.

Eva ya ha ganado concursos en el país y en el exterior. Algo que sin su familia hubiera sido imposible; es más, si no hubiera sido por su condición y la necesidad de cuidarla -reflexiona su mamá- quizá nunca habría llegado al modelaje. “Esto nos ha unido muchísimo como familia -asevera-; hasta su hermanito, que es más chico, la acompaña, y le colabora”.

Comentarios