Crisis ambiental: a diario comemos y respiramos plásticos

Crisis ambiental: a diario comemos y respiramos plásticos

Esta semana la ONU firmó un acuerdo histórico para hacerle frente a la contaminación por plásticos. Residuos en Argentina y sus consecuencias.

EN EL MUNDO. De las 460 millones de toneladas de plásticos producidos por año, menos del 10% se recicla. ARCHIVO LA GACETA EN EL MUNDO. De las 460 millones de toneladas de plásticos producidos por año, menos del 10% se recicla. ARCHIVO LA GACETA
07 Marzo 2022

Sin importar el lugar donde nos encontremos, la situación resulta idéntica: nuestros desechos han provocado un nivel de daño tal que todos los días aspiramos, comemos y bebemos un porcentaje de partículas plásticas.

Para intentar contrarrestar el panorama, esta semana la quinta Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEA-5) acordó la creación del primer tratado internacional contra la contaminación por plásticos.

La decisión representa un hecho histórico por considerarse, en términos ambientales, la iniciativa más grande luego del Acuerdo de París contra el cambio climático (2015). En números, contó con el respaldo de 175 países; entre ellos Argentina.

¿Qué sucederá ahora? Como resultado del encuentro, la ONU ordenó la creación de un “Comité intergubernamental de negociación” encargado de elaborar un acuerdo internacional jurídicamente vinculante para 2024.

“Estamos más que satisfechos por el desafío que implica que este tratado sea vinculante y obligue a los Estados, las empresas y la sociedad a modificar el consumo de plásticos”, comentó Manuel Jaramillo, director general de la Fundación Vida Silvestre Argentina, a la agencia Télam.

Las cifras del daño

Acorde a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en 2019 se produjeron a nivel global 460 millones de toneladas de plásticos. De ellos, menos del 10 % fue reciclado.

Además, un 22 % de esos desechos fueron abandonados en vertederos improvisados, quemados al aire libre o arrojados en plena naturaleza. En el caso de los ambientes acuáticos, los resultados conducen a notables daños físicos, químicos y toxicológicos en el agua y la fauna que allí habita.

Por ejemplo, los especialistas enfatizan el peligro que corren las tortugas y los delfines con las redes que son abandonadas en los mares. Al punto de infringirles heridas, generar restricciones de movilidad o causar asfixia.

“Otro problema aparece cuando los peces ingieren microplásticos. Estos provocan cambios en su ciclo de reproducción y organismo” explicó Andrés Arias, investigador del Instituto Argentino de Oceanografía (IADO).

En nuestro país, la alerta por la presencia de dicho material se disparada en los lagos patagónicos, las orillas del río Paraná y en la costa bonaerense. En esta última zona -según el Censo Provincial de basura Costera Marina- el 84,5 % de los residuos que fueron identificados en 2021 pertenecían a plásticos de diversas formas y tamaños.

Basurales

Los esfuerzos generales por cambiar el final del ciclo aún quedan cortos. Sin ir más lejos, la Cámara de la Industria de Reciclados Plásticos, estipula que en Argentina se reciclan 258.000 toneladas anuales de botellas, envases y envoltorios. Sin embargo, la capacidad instalada recicladora de plástico presenta un 60 % de ociosidad.

A esto debemos sumarle que a lo largo de nuestro país existen cerca de 5.000 basurales a cielo abierto y sitios de disposición final irregulares.

Efectos en los humanos

Los utilizamos en la rutina, los vemos en el paisaje (por desgracia) y encima acabamos por “degustarlos”. Así lo corrobora el estudio “Dieta plástica” realizado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

En la investigación, la entidad estima que las personas consumimos anualmente más de 100.000 micropartículas de plástico. Para ilustrar: se trata del equivalente a comer una tarjeta de crédito por semana.

“Podemos ingerirlos desde el agua de la canilla o envasada hasta los alimentos marinos y la sal”, acotó Arias durante su entrevista al portal de noticias.

De manera indirecta, lo mismo pasa con la mayoría de productos alimenticios que vienen en un packaging fabricado a partir de combustibles fósiles.

“Incluso pueden respirarse porque las partículas muy pequeñas flotan en el aire y tienen la capacidad de generar respuestas inflamatorias y alérgicas”, detalló el investigador del Conicet.

El material es capaz de atravesar nuestras membranas celulares y el tracto digestivo. También, en pruebas clínicas, se han encontrado microplásticos menores a cinco milímetros en la placenta humana.

En este sentido, la solución deriva en modificar la matriz productiva y apostar por una economía circular. “La mayoría de las resinas plásticas que hoy se producen a nivel mundial son 100 % no biodegradables; por eso es necesario rediseñar el producto con ingenierías amigables con el ambiente”, finalizó Arias.

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