Adrenalina y muchos amigos: el combo perfecto

Fútbol, parapente, mountain bike, trekking... todo puede convertirse en una celebración.

LA EXPLOSIÓN DE LAS CHICAS. Cada año son más los equipos inscriptos en el fútbol femenino. LA EXPLOSIÓN DE LAS CHICAS. Cada año son más los equipos inscriptos en el fútbol femenino.

El fútbol que se juega en el torneo de Las Cañas es el mismo que vemos en todos lados: los goles se convierten metiendo la pelota en el arco, las faltas se sancionan con tiro libre y los saques laterales se hacen con las manos. ¿A qué se debe entonces su creciente popularidad, que en apenas cinco años lo ha llevado de ser un certamen de unos pocos equipos a nuclear un centenar y con una larga lista de espera? Sencillamente, a que ha sabido explotar el lado B de la competencia: el componente social. En efecto, sin ese factor esencial, el de Las Cañas sería un torneo de fútbol amateur como cualquier otro.

Sin descuidar el aspecto competitivo, los organizadores se han preocupado en desarrollar un entorno que propicia el encuentro pre y pospartido con amigos, familia y hasta con rivales: sillones al aire libre con mediasombra, food trucks, música pegadiza con DJ en vivo y un fuerte despliegue publicitario que le brinda color y respaldo económico a la ecuación, todo rodeado por un imponente paisaje. Una fórmula similar a otra de probado éxito, como el Seven de rugby de Tafí del Valle. Son dos casos -entre otros- en los que se ha interpretado de buena forma la potencialidad del deporte como punto de encuentro social.

“El torneo comenzó con el objetivo de generar un espacio para la práctica del deporte, pero también del disfrute. Estamos ubicados en el corazón de Yerba Buena, donde se priorizan el espacio verde y la vista a los cerros. Hoy Las Cañas es un lugar que mucha gente elige para distenderse el fin de semana: jugadores, amigos y hasta familias con sus mascotas. Está preparado para eso, se cuida mucho el ambiente”, resalta Gonzalo Peña, socio organizador del torneo que se lleva a cabo en las canchas del Jockey Club.

Peña remarca que ese énfasis en el aspecto social no surgió con el tiempo, sino que formó parte de la propuesta desde el principio. “Habíamos visto torneos en Córdoba y en Buenos Aires, donde la organización se enfocaba mucho en eso. Por eso le dimos importancia a lo que sería el tercer tiempo, brindando un ambiente que motiva a los jugadores a quedarse despues de los partidos”, explica.

En la construcción de ese espacio fue fundamental la incorporación del fútbol femenino. Que las mujeres tuvieran también un rol protagonista contribuyó enormemente al auge de Las Cañas. “Comenzamos con seis equipos en el primer torneo. Después se fueron a 20, luego 30 y este año terminamos con 48. Está prácticamente igualado con el cuadro masculino, que tiene 52. Se dan muchos casos de marido y mujer o de padres e hijos que juegan en diferentes equipos, así que resulta también una salida familiar”, agrega Peña.

En realidad, todas las disciplinas deportivas que se practican en la provincia sirven como punto de convergencia, aunque ese componente social cobra mayor relevancia en unas que en otras. Por caso, el rugby, del que otros deportes han tomado este concepto del “tercer tiempo”: una instancia donde la rivalidad del juego se termina y se comparte la mesa sin distinciones a fin de forjar lazos de amistad y camaradería entre deportistas e instituciones. Al mismo tiempo, el vínculo estrecho entre el rugby y el hockey, favorecido por la territorialidad común en la mayoría de los casos, también favorece la congregación de familias enteras en los clubes durante los fines de semana. A tal punto pesa ese costado social que, a pesar de que el protocolo para el reinicio de la competencia prohibía expresamente la presencia de público y de que se había estrenado la transmisión en vivo por streaming, no hubo un solo partido en el que las tribunas estuvieran vacías.

Pedaleando

Otra disciplina eminentemente social es el mountain bike, que cada fin de semana congrega miles de practicantes en diferentes puntos de Tucumán, especialmente cuando hay competencia. “Antes de las carreras ya se está pensando en el asado que se va a comer después. Los bikers vamos siempre acompañados por familia o por amigos. Además, se compite en lugares con mucha naturaleza, es como que todo congenia para que la gente se encuentre y comparta un almuerzo o un café. Esa parte social importa mucho en el mountain bike”, describe Antonio “Tony” Quesada, instructor.

Todo eso se vio significativamente impactado por las restricciones de la pandemia. “Al principio no se podía ni salir, y cuando se empezó a abrir un poco nos entrenábamos solos y después volvíamos a casa. No podíamos juntarnos después en un bar u organizar un asado. Y en las carreras, no se permitían acompañantes, sólo competidores”, detalla.

Ese encuentro constante en las rutas durante los fines de semana o la asistencia a las diferentes escuelas de mountain bike va formando grandes grupos de amigos. “Cada escuela organiza sus propias fiestas de fin de año, y todas son muy convocantes. En la mía, fuimos más de 60 personas”, comenta.

Benditas montañas

Los cerros también son escenario de otras disciplinas con una carga social muy contundente, como el parapente o el trekking. “En Tucumán generalmente los sábados nos juntamos a volar unos 20 o 30 pilotos y después del aterrizaje sale alguna merienda o alguna cerveza en algún bar, o por ahí un asado en alguna casa. Si bien muchos van a competir, también hay otros que lo toman como actividad para escaparse un rato de la casa o como una buena excusa para tomarse una cerveza con los amigos después. Además, al ser practicado por hombres en su gran mayoría, es un deporte amigable para la armonía matrimonial, ja ja”, bromea Shauin Kao, precisamente una de las pocas mujeres que surca los cielos tucumanos a nivel competitivo.

“Se genera una camaradería muy fuerte en el parapente. Creo que tiene que ver el hecho de que, si a vos te pasa algo, siempre el que está más cerca para ayudarte es otro piloto. Quieras o no, terminás haciéndote amiga. Y eso pasa no solo a nivel local, sino también internacional”, explica la experimentada parapentista.

CALEIDOSCOPIO EN EL CIELO. Una imagen extraordinaria del Mundial de parapente organizado en Tucumán. CALEIDOSCOPIO EN EL CIELO. Una imagen extraordinaria del Mundial de parapente organizado en Tucumán.

El Mundial que se llevó a cabo el mes pasado en Loma Bola fue una clara muestra de ello: a la par de la competencia, se desarrolló una nutrida agenda social entre los representantes locales y extranjeros. De hecho, la casa de Shauin funcionó como punto neurálgico de estas reuniones. “Cuando viajás a competir se da mucho esto de trabar amistad y ofrecer tu casa como hospedaje. Me pasó de haberlo hecho, así que ahora que vinieron un montón tuve que elegir a quiénes hospedaba. Me incliné por los más cortados, que son los sudamericanos. Para los otros, pagar 15 o 20 euros de hospedaje por noche no es nada, pero para los peruanos y colombianos sí”, compara Shauin.

“Con el trabajo y la presión de la competencia estuve muy estresada al principio, pero después de un mal resultado que tuve el tercer día decidí relajarme y disfrutar de la visita de estos amigos internacionales. Así que en mi casa fui recibiendo a las delegaciones de todos los países de dos en dos, hubo asados y juntadas todas las noches hasta las 3 de la mañana. El parapente tiene eso: es como una especia de fraternidad”, lo define Shauin.

El placer de andar

A Ana Lía Verratti el trekking no sólo le cambió la vida a los 48 años, sino que también le brindó muchas amistades. “Son nuevos, pero hoy ya son mis mejores amigos. En las sendas se potencia la esencia del ser humano. La solidaridad, la generosidad y el compañerismo son factores determinantes en cada salida”, subraya Ana Lía, quien después de cuatro años de haber abrazado esta nueva pasión sigue disfrutándola con la emoción del primer día. Por el proceso y por quienes la acompañan.

“No hacía ningún deporte. Fue mi hija la que me llevó hacia el trekking. Empezó como hobby y hoy es una pasión, al punto de que hasta me hice un tatuaje”, explica Verratti, mostrando un diseño que combina la forma de las montañas con las de un electrocardiograma, coronado por las iniciales de sus hijos: “cambié mi mundo de salidas nocturnas por mis botas, mi bastón y mi gorrita. Las sandalias están guardadas. Cuando el fin de semana todos están volviendo de madrugada a su casa después de una salida, yo me estoy levantando con toda la emoción del mundo para encontrarme con mis amigos y salir a los senderos”.

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