Se viene un año clave para el futuro de la escuela

Se viene un año clave para el futuro de la escuela

Presencialidad plena, recuperación de los contenidos perdidos y la búsqueda de los chicos desvinculados del sistema educativo son los desafíos que se plantean autoridades y especialistas para el nuevo ciclo escolar.

El año que despedimos en materia educativa deja algunas certezas sobre cómo debería pensarse el calendario escolar del 2022. Y claro, propone interrogantes para enfrentar un futuro signado por la coexistencia de la presencialidad y la virtualidad en las aulas.

La pregunta obligada es cómo llegan los chicos a esa instancia y si están debidamente preparados para empezar un año “como si no hubiese pasado nada”.

La llegada de la pandemia a Argentina y a Tucumán, puntualmente, encontró un sistema educativo que no había logrado incorporar las tecnologías a la enseñanza y fue necesario acelerar ciertas prácticas para acercar el conocimiento a los estudiantes.

Desigualdades

Es cierto que siempre hubo desigualdades entre los alumnos, pero la necesidad de la virtualidad acrecentó mucho más la brecha. Las experiencias escolares se polarizaron entre los estudiantes con acceso a dispositivos y conectividad de calidad y los que se quedaron sin esa chance. De acuerdo conlos datos publicados por un informe de CIPPEC, en 2020, el 61% de los niños y niñas de entre 4 y 12 años y el 46% de los y las adolescentes de entre 13 y 17 años no accedió a una computadora.

En el caso de los docentes, aunque sí tenían acceso a una computadora en el hogar, más de la mitad debió compartir el dispositivo con otros integrantes de sus familias. El Whatsapp se volvió una herramienta clave para sortear estas dificultades y seguir “en línea” con los requerimientos académicos.

La desigualdad fue notoria durante 2020 y se hizo aún más evidente este año, cuando los chicos regresaron a las aulas -aquellos que pudieron hacerlo- y se enfrentaron con la realidad de lo no aprendido.

Uno por uno

Una de las grandes apuestas de las autoridades para el año que comienza es salir a buscar a los chicos que se desvincularon del sistema educativo. Para ello Jaime Perzcyk, ministro de Educación de la Nación, lanzó el Programa Volvé a la Escuela, que prevé una inversión de 5.000 millones de pesos (a Tucumán le corresponden 90 millones). Los fondos estarán destinados a buscar a los estudiantes de las 24 provincias que, como consecuencia de la cuarentena, abandonaron total o parcialmente los estudios.

No será tarea sencilla, pues la pandemia puso en evidencia la urgencia de avanzar hacia la consolidación de un sistema de información educativa nominal a nivel nacional. El observatorio de Argentinos por la Educación plantea que nuestro país es uno de los pocos en la región que no cuenta con esta herramienta y, por lo tanto, será difícil para las autoridades educativas identificar y localizar a aquellos estudiantes “perdidos” mientras las escuelas estuvieron cerradas.  

El ministro de Educación de la Provincia, Juan Pablo Litchmajer, anunció la semana pasada que hasta la fecha Tucumán ha logrado revincular a 12.123 alumnos, 2.250 de nivel inicial; 4.874 de nivel primario y unos 5.000 de nivel secundario (quedan todavía 12.000 más de acuerdo con los números expresados públicamente por esa cartera).

Otro frente

“Así como cerramos el 2021, abrimos el 2022. Nuestro balance es que pudimos salir adelante y a partir de ahora empieza una nueva escuela”, destacó Litchmajer.

Junto al gobernador Osvaldo Jaldo y mediante el apoyo de la Legislatura se avanzó en el Plan Integral de Recuperación de Edificios Escolares. La iniciativa establece el uso de fondos millonarios para dotar a las escuelas de servicios básicos como agua, luz y mobiliario, que en muchos casos no tienen. Y avanzar en trabajos de reparación y mantenimiento de los edificios. Para obras de infraestructura o refacciones menores se invertirán alrededor de 570 millones de pesos y además dentro del presupuesto está prevista la contratación de mobiliario para 273 instituciones por un monto de $234 millones.

Para analizar

2021 puede dividirse en dos grandes etapas si pensamos en la actividad escolar. Por un lado el primer semestre, donde las escuelas funcionaron con una presencialidad acotada que combinó un sistema bimodal de clases: en burbujas y con pocos días a la semana dentro de las aulas. El protocolo indicaba por ese entonces que los niños y docentes debían respetar una distancia de 1,5 metro entre ellos y garantizar la circulación de aire en los ambientes cerrados para minimizar los contagios. Fue necesario dividir los grados en grupos y en algunos casos los chicos sólo llegaron a tener clases presenciales una vez a la semana.

Después del receso de invierno, cuando los casos de covid-19 bajaron notoriamente, las autoridades permitieron una presencialidad “plena” en los colegios y escuelas, aunque nunca se logró en un 100%.

Algunos datos mencionan que después de julio sólo el 46,5% de las escuelas tuvo una modalidad enteramente presencial. Mientras tanto. el 47,5% continuó con una modalidad combinada presencial y virtual (o bimodal). El 5,6% se mantuvo exclusivamente en la virtualidad.

A no perder tiempo

La escuela de 2022 tiene que ser mucho más potente desde lo educativo y lo afectivo. La consigna la plantea Claudia Romero, Doctora en Educación y profesora e investigadora en la Escuela de Gobierno de la Universidad Di Tella.

“No se puede regresar como si nada hubiera ocurrido, hay que hablar con los alumnos de lo sucedido, hablar del miedo, de las pérdidas, ponerle palabras al sufrimiento que todos hemos padecido. Pero también celebrar el volver a estar juntos, valorar el reencuentro”, propone Romero. Tampoco deja de lado la necesidad de defender la presencialidad y lo plantea como uno de los desafíos centrales del sistema educativo en el año que comienza. “No se puede perder ni un día. Autoridades, docentes, familias, sindicatos y los propios alumnos deben comprometerse a sostener el calendario escolar y en lo posible ampliarlo”, agrega.

Reinsertar a los que tuvieron una débil conexión con la escuela será otro de los ejes del año nuevo. “Es una tarea que requiere un abordaje integral, la escuela sola no puede y necesita de políticas sociales para acompañar a esos alumnos”, explica la especialista en educación.  

Según Romero, el desafío es acelerar los aprendizajes, redefinir y priorizar los contenidos básicos y evaluar las pérdidas. “Debe hacerse alumno por alumno y de esa forma se podrán establecer metodologías que permitan acelerar ciertos procesos”, cierra.

¿Y las familias?

El cierre de las escuelas y las medidas tomadas por las autoridades movilizaron a padres y madres preocupados por la falta de clases. Muchos se reunieron y de manera espontánea o conformando organizaciones bien constituidas lograron revertir decisiones gubernamentales a fuerza de enérgicas protestas y sucesivos reclamos.

La Red de Padres Organizados por la Educación, que también tiene su representación en Tucumán, es una de ellas. Carina Mondino, vocera de esta asociación, considera que las familias obtuvieron un protagonismo que antes no tenían y que su rol fue central para el retorno a la presencialidad.

“Queremos que las escuelas estén abiertas en 2022, sea cual sea la situación sanitaria, la presencialidad debe ser total. Está comprobado que la escuela es el ámbito más seguro para los chicos”, explica.

Los datos obtenidos en encuestas realizadas a familias en todo el país (Argentinos por la Educación) sostienen que un 70% de las familias consultadas preferiría que la modalidad escolar en 2022 volviera a ser 100% presencial. Por su parte, un 23% indicó que preferiría que continúe una combinación de presencialidad y virtualidad (bimodal) y un 5,2% eligió seguir de manera virtual.

Mondino sostiene que la provincia jamás obtuvo la presencialidad total, como anunciaron las autoridades. “La desigualdad fue notoria, porque pudieron brindar clases presenciales plenas sólo aquellas instituciones, en su mayoría privadas, que contaban con los recursos y herramientas para recibir a sus estudiantes”, agrega.

Oportunidades

Hay quienes se animan a pensar, que una vez terminada la pandemia, la escuela volverá a funcionar como lo hacía en 2019 o antes quizá. Pero aunque resulte una obviedad la pandemia ha planteado la necesidad de diagramar una escuela diferente, y la discusión no pasa por educación presencial vs virtual. “Creo que vamos hacia un sistema híbrido, que vino para quedarse. Tenemos que aprovechar lo mejor de cada estilo”, resume María Cristina Gómez, Master en Economía y Ciencias Políticas y Especialista en Educación.

Gómez mira con preocupación la forma en la que los estudiantes llegan al nuevo año y afirma que no existe una evaluación real de los daños ocasionados por la pandemia. Es más, sostiene que el déficit de aprendizaje es enorme y los chicos están condenados al fracaso si no se diseña un plan de acción a tiempo.

“Gran parte de este escenario es posible porque no hay voluntad política de medir esa realidad. No hubo evaluaciones adecuadas y se ha tapado un problema. Se inventan terminologías y sistemas de acreditación nuevos que mediante resoluciones como las emitidas por el Consejo Federal de Educación (como la promoción automática y acompañada o las unidades pedagógicas) se maquilla una realidad dramática”, cuestiona.

“No se está pensando en los chicos -añade la especialista-. Las medidas tomadas por las autoridades son claras señales para los estudiantes, que desalientan el esfuerzo y el aprendizaje. Y ellos están en una etapa de su vida donde no van a tener una segunda oportunidad. La preparación con la egresan hoy va a determinar su rendimiento en estudios de grado”.

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