17 Octubre 2004 Seguir en 
CONCEPCION.- La travesura de dos niños desencandenó un incendio que dejó a los habitantes de la vivienda sólo con lo puesto. En el siniestro, que providencialmente no arrojó víctimas, quedó al descubierto la extrema precariedad con la que trabajan los bomberos de la Unidad Regional Sur. Fue una de las causas por las que las llamas no pudieron ser controladas a tiempo.
El hecho se generó el viernes a la siesta en la casa de mampostería ubicada en avenida Güemes 216, a 50 metros de una estación de servicio, que alquila Cecilia Romero y su madre, Marta Cano. Dos de los tres hijos de Cecilia jugaban en una habitación, al parecer con un encendedor, con el que le prendieron fuego a una sábana.
"Los chicos, de dos y seis años, salieron corriendo para avisarme. Cuando fui a ver, ya no podía controlar las llamas. Saqué a los chicos y empecé a gritar pidiendo ayuda", relató Cecilia, cuyo hijo menor tiene 8 meses.
El fuego rápidamente se extendió a muebles, electrodomésticos y otros bienes. Los vecinos tomaron baldes para combatir las llamas, mientras esperaban la llegada de los bomberos de la Policía y de la agrupación de voluntarios, recientemente creada. El siniestro ya era incontrolable. La antigua autobomba de la Regional Sur llegó después de 30 minutos de iniciado el incendio, denunciaron los vecinos. Pero la bomba de expulsión de agua no funcionaba. Entonces, los efectivos se limitaron a llenar los recipientes del vecindario desde la boca de salida del tanque. Junto a los voluntarios, que no tienen aún autobomba, destruyeron una pared para acercarse a los elementos en combustión. Los bomberos y los vecinos actuaron con decisión, exponiéndose a quemarse por carecer de la indumentaria adecuada.
Algunos exaltados lanzaron improperios contra los uniformados, reprochándoles las carencias que revelaban en ese momento de apremio. "Es increíble que una ciudad con 70.000 habitantes no tenga una dotación de bomberos bien equipada. Si esto ocurre en un edificio o en una vivienda más grande, puede terminar en una tragedia", planteó Enrique Argañaraz.
El fuego pudo ser controlado luego de más una hora. Los Bomberos Voluntarios de Aguilares arribaron en ese momento, pero sólo alcanzaron a colaborar en la tarea de extinguir posibles focos de reinicio del fuego. "Tenemos muchos problemas para actuar; dependemos de la colaboración de la comunidad, que no siempre se da", dijo un alto oficial de la Policía, que pidió que no se difundiera su identidad. (C)
El hecho se generó el viernes a la siesta en la casa de mampostería ubicada en avenida Güemes 216, a 50 metros de una estación de servicio, que alquila Cecilia Romero y su madre, Marta Cano. Dos de los tres hijos de Cecilia jugaban en una habitación, al parecer con un encendedor, con el que le prendieron fuego a una sábana.
"Los chicos, de dos y seis años, salieron corriendo para avisarme. Cuando fui a ver, ya no podía controlar las llamas. Saqué a los chicos y empecé a gritar pidiendo ayuda", relató Cecilia, cuyo hijo menor tiene 8 meses.
El fuego rápidamente se extendió a muebles, electrodomésticos y otros bienes. Los vecinos tomaron baldes para combatir las llamas, mientras esperaban la llegada de los bomberos de la Policía y de la agrupación de voluntarios, recientemente creada. El siniestro ya era incontrolable. La antigua autobomba de la Regional Sur llegó después de 30 minutos de iniciado el incendio, denunciaron los vecinos. Pero la bomba de expulsión de agua no funcionaba. Entonces, los efectivos se limitaron a llenar los recipientes del vecindario desde la boca de salida del tanque. Junto a los voluntarios, que no tienen aún autobomba, destruyeron una pared para acercarse a los elementos en combustión. Los bomberos y los vecinos actuaron con decisión, exponiéndose a quemarse por carecer de la indumentaria adecuada.
Algunos exaltados lanzaron improperios contra los uniformados, reprochándoles las carencias que revelaban en ese momento de apremio. "Es increíble que una ciudad con 70.000 habitantes no tenga una dotación de bomberos bien equipada. Si esto ocurre en un edificio o en una vivienda más grande, puede terminar en una tragedia", planteó Enrique Argañaraz.
El fuego pudo ser controlado luego de más una hora. Los Bomberos Voluntarios de Aguilares arribaron en ese momento, pero sólo alcanzaron a colaborar en la tarea de extinguir posibles focos de reinicio del fuego. "Tenemos muchos problemas para actuar; dependemos de la colaboración de la comunidad, que no siempre se da", dijo un alto oficial de la Policía, que pidió que no se difundiera su identidad. (C)







