17 Octubre 2004 Seguir en 
SAN PABLO.- El periplo de un multimillonario robo de arte realizado en la metrópoli brasileña de San Pablo terminó esta semana con la detención de los ladrones, después de que estos recorrieron Europa con las obras buscando comprador.
El robo ocurrió el 28 de marzo pasado en casa de una rica familia brasileña, de donde los asaltantes se llevaron 24 pinturas. Entre ellas, reconocidísimas obras de Cándido Portinari y Emiliano DiCavalcanti, valoradas en más de 15 millones de reales (unos 5 millones de dólares), así como joyas por otros cinco millones (1,8 millón de dólares), divulgó la Policía a la prensa local.
Por el mundo
La Policía inició una ardua investigación entre los comerciantes de arte brasileños, pero no se imaginó que el plan de los ladrones era otro: estos embarcaron las obras a Francia y luego a Suiza, para intentar venderlas en Europa, y se cree que también viajaron a Argentina.
Sin ser detectados, así como salieron, regresaron a Brasil, con los cuadros a cuestas, dado que los comerciantes de arte de todo el mundo, advertidos por la familia robada, no los aceptaron porque eran demasiado conocidos.
No les quedó otra opción a los ladrones que volver a la casa de donde habían robado las obras e intentar revendérselas a su propietaria original. Pero, advertida sobre la maniobra, la Policía introdujo un detector en el dinero falso entregado a los ladrones y así consiguieron detenerlos. Los tres detenidos son miembros de una misma familia.
Mientras buscaban salida para las obras, a un ladrón se le ocurrió colgar un cuadro de una mulata, obra de Portinari, en la cocina de su casa. Su mujer, sin embargo, le mandó retirarlo porque no le gustó, refirió la Policía. El acervo de la coleccionista robada, Graziela Lafer Galvao, "es una especie de panteón consagrado al modernismo brasileño", según el diario "Folha de Sao Paulo". (AFP-NA)
El robo ocurrió el 28 de marzo pasado en casa de una rica familia brasileña, de donde los asaltantes se llevaron 24 pinturas. Entre ellas, reconocidísimas obras de Cándido Portinari y Emiliano DiCavalcanti, valoradas en más de 15 millones de reales (unos 5 millones de dólares), así como joyas por otros cinco millones (1,8 millón de dólares), divulgó la Policía a la prensa local.
Por el mundo
La Policía inició una ardua investigación entre los comerciantes de arte brasileños, pero no se imaginó que el plan de los ladrones era otro: estos embarcaron las obras a Francia y luego a Suiza, para intentar venderlas en Europa, y se cree que también viajaron a Argentina.
Sin ser detectados, así como salieron, regresaron a Brasil, con los cuadros a cuestas, dado que los comerciantes de arte de todo el mundo, advertidos por la familia robada, no los aceptaron porque eran demasiado conocidos.
No les quedó otra opción a los ladrones que volver a la casa de donde habían robado las obras e intentar revendérselas a su propietaria original. Pero, advertida sobre la maniobra, la Policía introdujo un detector en el dinero falso entregado a los ladrones y así consiguieron detenerlos. Los tres detenidos son miembros de una misma familia.
Mientras buscaban salida para las obras, a un ladrón se le ocurrió colgar un cuadro de una mulata, obra de Portinari, en la cocina de su casa. Su mujer, sin embargo, le mandó retirarlo porque no le gustó, refirió la Policía. El acervo de la coleccionista robada, Graziela Lafer Galvao, "es una especie de panteón consagrado al modernismo brasileño", según el diario "Folha de Sao Paulo". (AFP-NA)







