Un testigo dijo en el juicio del ex fiscal Albaca que usurpó tierra en El Cadillal - LA GACETA Tucumán

Un testigo dijo en el juicio del ex fiscal Albaca que usurpó tierra en El Cadillal

Olivera cedió una parcela a Kaleñuk (fallecido) en un camping y terminó ligado al caso “Lebbos”. Ahora afronta un pedido de investigación penal.

02 Dic 2021 Por Irene Benito

Luis Daniel Olivera fue citado a declarar como testigo sobre la línea de investigación del homicidio de Paulina Lebbos con eje en el camping 27 de Agosto de El Cadillal y sobre el rol del ex fiscal imputado Carlos Albaca en el desarrollo de esa hipótesis. Pero Olivera terminó confesado que él había usurpado la tierra donde instaló su emprendimiento turístico, y donde montó y desmontó una cabaña Alberto Kaleñuk, ex gendarme y ex secretario privado del senador saliente José Alperovich en la época en la que este era gobernador. Estas admisiones dominaron el interrogatorio, y el fiscal Gerardo Salas y el abogado del Estado provincial, Luis Albornoz, requirieron la investigación de los posibles delitos cometidos por Olivera aunque observaron que era posible que la acción penal esté prescripta.

El testigo, que se presentó como un pequeño agricultor de la localidad de Chuscha, lloró cuando recordó cómo la Gendarmería lo buscó y lo detuvo, pero y pese a la insistencia de la presidenta Fernanda Bähler, no fue capaz de definir en qué año había sucedido esa privación de la libertad. Tampoco pudo precisar ante cuál Fiscalía estuvo a disposición, pero sí aseguró que Kaleñuk (falleció en 2016) construyó su casa de madera en 2007, es decir, luego de la desaparición y muerte de Lebbos.

La hipótesis de El Cadillal sostiene que la víctima habría sido llevada hasta allí y que el cadáver habría estado guardado en un freezer. La línea investigativa refiere que, luego, el lugar habría sido borrado: literalmente, que la vivienda fue desarmada. Kaleñuk es padre de Sergio Kaleñuk, uno de los testigos con pedido de investigación surgido del segundo juicio contra agentes estatales encargados de esclarecer el crimen de Lebbos (el de Albaca es el tercero). Ese proceso generó condenas para los encubridores vinculados a la Policía y a la cartera de Seguridad de la provincia.

Con camisa amarilla anudada a la altura del cierre del pantalón y gafas oscuras: así ingresó Olivera a la sala del juicio del ex fiscal. “Tengo un camping en El Cadillal desde el año 80. No conozco a Albaca”, refirió respecto del ex funcionario constitucional acusado de perpetrar un presunto encubrimiento agravado en perjuicio de Lebbos. “Vine aquí a declarar muchas veces... aparte, me llevaron preso”, comentó Olivera. “¡Cuente todo!”, instó Bähler.

“Era ‘machimbradita’”

“Nunca me han llamado. Me sacaron atado del camping... Gendarmería lo hizo. (Estuve) muy maltratado. Me pegaron”, relató el testigo. Luego se quebró: dijo que un hijo había quedado afectado por ese episodio. “Andaba encapuchado de una comisaría a la otra hasta que aparecí aquí, en una celda de los Tribunales. Me sacaban para hacerme preguntas. No sé por qué me trataron tan mal a mí que soy católico y creo en la justicia”, dijo.

Olivera expresó que en el Poder Judicial lo indagaron sobre si conocía a Kaleñuk (padre), a Alperovich y “otra gente de la política”. Él manifestó que a la mayoría los ubicaba por el diario y que Kaleñuk vivió en el camping: “en 2007 hizo una cabañita, pero un día me dijo ‘me voy de aquí porque estos son terrenos fiscales y yo trabajo en el Gobierno. Aparte, compré una tierrita en Los Aguirre: me voy para ahí. Pero te voy a hacer poner la luz’”. El testigo precisó que su sueño era conectarse a la red de energía eléctrica. “Él me llegó a querer de esa manera. Iba (al camping) con su señora y el hijo que andaba en silla de ruedas. Todo lo que la Fiscalía quería era saber sobre él”, narró.

Según Olivera, los vínculos de Kaleñuk con el Estado iban a darle acceso a la luz. “Pero eso nunca pasó. Quedaron los postes puestos. Nunca me hicieron los papeles... Nada... siempre tuve problemas porque el Gobierno no quería que esté ahí”, afirmó.

Ante una pregunta de Kassar, Olivera dijo que Kaleñuk “se llevó” su cabañita: “la desarmó. Pienso que sacó las maderas para ponerlas en Los Aguirre. Él iba a tomar mate porque le gustaba el aire del dique. Quizá se comía un asadito y volvía (a la ciudad)”. A continuación, el testigo confesó que había ocupado lotes estatales. “Yo me casé en el 77, y en el 80 u 81 me fui para ahí. Usurpé esa tierra a la orilla del dique, limpié y puse arbolitos. Mis cuatro hijos nacieron ahí”, respondió a una pregunta de la abogada de la querella, Soledad Deza. Aquella luego inquirió como llegó Kaleñuk a colocar su casa. Olivera manifestó que él estaba en tratativas con la entonces responsable de Turismo de Alperovich, Mercedes Paz, y que se lo comentó al ex gendarme y secretario del entonces jefe de Estado. “Le dije que yo quería mejorar la zona, pero que necesitaba la luz. Él me prometió que me iba a ayudar. Me dijo: ‘Negro, ya te voy a poner la luz. Dame un pedacito de tierra para que haga una casita así pueda venir con mi hijito aquí porque le gusta mucho (el lugar)”, añadió.

El dueño del camping 27 de Agosto comentó en el juicio de Albaca que él dio esta respuesta a Kaleñuk: “‘elija donde quiera (ponerse)’. Tierra había de sobra, y al fin y al cabo ni siquiera era mía. ¿Cuántas veces quisieron sacarme a mí? Tuve demandas de la Fiscalía (de Estado) porque no querían que trabaje ahí”. Olivera afirmó que no se acordaba cuándo tuvo esa charla, pero que creía que ocurrió en 2007. “Estuvo ahí un año, o un año y medio, y luego levantó la casita porque le dijeron que iba a tener problemas con el Gobierno. Después vino Gendarmería” (por el caso “Lebbos”), rememoró.

A instancias de Deza, Olivera describió la casa de Kaleñuk de este modo: “era ‘machimbradita’. Tenía un dormitorio, una cocinita y un bañito... en dos semanas hizo un piso y un contrapiso, y puso (la casa) ahí”. El testigo contó que Gendarmería insistía en que la casilla existía ya en 2006: “pero no, yo me acuerdo que la puso en 2007, después de que murió mi hijo, que era un nieto que estaba criando”. El operativo sacó a Olivera del anonimato y lo puso en el candelero de los medios: dijo que incluso se llevaron un freezer que tenía. “Era una enfriadora: lo usaba para vender picolé helado. Ahí ponía hielito”, se quejó. Pero siguió adelante con la política de favorecer la instalación de casas: el testigo detalló que la Comuna le mandaba interesados y que más de 20 cabañas llegaron a asentarse en el área donde estuvo la casa de Kaleñuk.

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