¿El que gana pierde y el que pierde gana?

¿El que gana pierde y el que pierde gana?

¿Qué es ganar y qué es perder? Esa es la cuestión. O al menos es la pregunta que se formulan en las dos coaliciones políticas mayoritarias. En Juntos por el Cambio y en el Frente de Todos especulan con el triunfo propio y con la derrota ajena. En ese camino, las versiones sobre la definición matemática de que el 1 está antes que el 2 se convierte en una discusión propia de las ciencias sociales, en las que las ciencias exactas son parte de un debate infinito.

Sin embargo hay ecuaciones que son inapelables, aunque se busque torcer la certeza de los números: gana el que sale primero en la votación. Fin de la historia. ¿O fin de la historia?

En el oficialismo provincial salir primero podría no ser todo. Por ejemplo, si el manzurismo acumula la mayor cantidad de votos, pero el jaldismo cuela el candidato en segundo término la discusión sobre vencedores y vencidos se extenderá hasta 2023. De nuevo: siguiendo el ejemplo, el gobernador Juan Manzur se cansará de decir que es el gran elector y tendrá razón. Aunque también es probable que no esté en condiciones de decir que enterró a su ahora archienemigo Osvaldo Jaldo. Ahí sí, la victoria se vuelve relativa o más bien quizás la batalla estará ganada, pero no la guerra. Invirtiendo los roles, si Jaldo se impone en las urnas podrá gritar “plata” como en la lotería de los domingos. Sería un triunfo casi pleno, con pocos argumentos para discutírselo desde la vereda del Frente de Todos. Sí podrían cuestionar que tan pleno está ese cartón desde Juntos por el Cambio. En ese caso -y siempre en el ámbito de las especulaciones- habrá que analizar cuántos votos sacó esa oposición, a qué distancia están del de arriba y cómo quedan de cara a lo que se viene.

Un anticipo de cuánto se relativizarán los resultados, según a quién le convenga, es lo que sucedió hace dos días, con las visitas nacionales. Iban a llegar por estos pagos Máximo Kirchner, Sergio Massa, “Wado” de Pedro y Martín Guzmán. Los dos primeros no vinieron, pero los otros dos sí. Y los ausentes (casi sin aviso) enviaron saludos grabados y su apoyo al gobernador. Según el jaldismo, las ausencias muestran a un Manzur perdedor o que la Nación “no quiere”. Según el manzurismo, las presencias muestran que el mandatario es un preferido del Gobierno nacional. ¿Ambos ganaron? ¿Ambos perdieron? La interpretación salió primera.

Ni juntos ni cambiados

Algo similar ocurre en la interna de Juntos por el Cambio, aunque con otros matices. En estas primarias será muy difícil no aceptar que el que salga primero es efectivamente el ganador. La dupla Alfaro-Ávila no puede aducir falta de estructura ni de apoyo como tampoco pueden hacerlo ni la yunta Sánchez-Campero (ambos intendentes, con triunfos y gestiones bien valoradas) ni la de Elías-Cano (ambos fueron candidatos a gobernador, acumulan gran parte de la dirigencia radical y caminaron la provincia en reiteradas ocasiones). Con sus fortalezas y debilidades, cada espacio de la tríada posee herramientas que de cara a su espacio político no hace avizorar que haya un “favorito claro”. Por ello, el que saque un voto más que el otro se calzará la corona de ganador y de candidato a gobernador 2023. La interpretación pondrá lo suyo, sin lugar a dudas. Si Elías-Cano salen primeros, los vencidos hablarán de que esta fue una experiencia que sirve para crecer e instalarse ante los votantes “desde atrás”, con figuras ya conocidas en toda la provincia. Si Alfaro-Ávila se imponen, se dirá que los aparatos estatales definen las elecciones por encima de las ideas o de los proyectos. Algo similar se dirá si quienes triunfan son Sánchez-Campero. Ahora bien. Más allá de ese “chiquitaje” propio de la oposición comarcana, será inapelable que lo que sufrieron fue otra derrota si el oficialismo saca más votos. Y será una dura caída si la diferencia de sufragios se cuenta de a seis dígitos. ¿Pensarán en eso en Juntos por el Cambio? Al parecer, el número 23 les nubla la vista.

El juego de “ganadores” y “perdedores” que se propone no es antojadizo sino que responde directamente a cómo lo plantearon los protagonistas de ambos espacios políticos de cara a las PASO. Ellos están jugando a todo o nada y apostando a que lo que sucede el 12 de septiembre termine posicionándolos de manera inapelable para las provinciales de dentro de dos años. Porque más allá que algunos precandidatos se harten de decir que la elección es nacional, que están en juego los puestos para la Nación y que es “egoísta” pensar en 2023, lo real es que no hacen otra cosa más que meditar sobre el futuro, no sobre el presente. ¿De qué otra forma se explica que las principales figuras políticas de Tucumán estén a la cabeza de listas diversas? Lo del interés por el Congreso es puro relato.

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