Sexualmente hablando: acerca de la circuncisión

Inés Páez de la Torre - Psicóloga

Como sabemos, la circuncisión es la intervención quirúrgica que extirpa en forma total o parcial el prepucio; es decir, el trozo de piel que rodea el glande o cabeza del pene. Su registro más antiguo se remonta al año 2300 a.C., en Egipto. De allí probablemente la tomaron los judíos y otros pueblos, con un significado religioso o cultural y como parte de rituales de iniciación y de purificación.

Sin embargo, en la actualidad esta práctica trasciende estas funciones y cuenta con promotores que le adjudican toda clase de beneficios sanitarios. De hecho, en algunos países -Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Filipinas o Corea del Sur- se realiza de manera rutinaria. Pero lo cierto es que, según el criterio médico, esta operación es necesaria solo cuando el pene se ve afectado por lo que se denomina fimosis. Es decir, cuando existe un impedimento para retraer total o parcialmente el prepucio, debido a un crecimiento anormal de tejido conjuntivo. Una anomalía que suele ser dolorosa, dificulta la erección y afecta el desarrollo de la respuesta sexual.

La Academia Americana de Pediatría ha manifestado oficialmente que no existe una base sólida científica para la circuncisión sistemática de todo recién nacido. Incluso desde hace unos años se ha instalado un fuerte debate al respecto. En primer lugar por su comparación con la ablación del clítoris (una horrorosa mutilación que lamentablemente siguen sufriendo todos los días miles de niñas en el mundo) y también porque, como muchos afirman, no deja de ser una invasión innecesaria y no consentida sobre el cuerpo del niño.

La sensibilidad

Existen diferentes posturas acerca de cómo afecta la circuncisión a la sensibilidad del pene: mientras algunos sostienen que la aumenta, otros aseguran que, al “queratinizarse” la piel del glande por quedar expuesta, la sensibilidad se ve reducida (como si se hiciera un callo). Los que mejor pueden referirse a esta cuestión son aquellos que, habiendo sido circuncidados de adultos, pueden comparar su antes y después. No hay demasiados estudios al respecto. Uno de ellos fue realizado en Uganda por un equipo de la Universidad John Hopkins, como parte de una investigación en torno a los efectos de la circuncisión en la prevención de infecciones de transmisión sexual: de una muestra de casi 4.500 hombres, la mitad fueron circuncidados. Al cabo de dos años se los interrogó sobre su placer y satisfacción sexual y se compararon sus respuestas con las de quienes no habían sido intervenidos. ¿Los resultados? No hubo diferencias sustanciales: 98,4% de los circuncisos dijo estar satisfecho.

¿Una medida preventiva?

Los médicos han observado que el cáncer de pene, infrecuente de por sí, cuando aparece lo hace casi exclusivamente en hombres no circuncidados. De hecho, entre judíos y musulmanes es muy raro que se presente.

En Uganda, Sudáfrica y Kenia, apuntan a que la circuncisión podría ser una nueva vía -un “cortafuegos” lo han llamado- para evitar la transmisión del VIH y del HPV. Esto no implica en absoluto que una persona a quien le han extirpado el prepucio sea inmune y pueda dejar de usar preservativos. Más bien, lo que los expertos subrayan es que la circuncisión podría ser un factor más a tener en cuenta en ciertas regiones subdesarrolladas del planeta, ya que, de ser cierto lo que apuntan ciertas investigaciones, esta práctica ayudaría a reducir la incidencia de las cifras de transmisión en lugares donde suele ser muy difícil obtener otro tipo de profilaxis.

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