Atletismo: corrieron “una banda” por la vida - LA GACETA Tucumán

Atletismo: corrieron “una banda” por la vida

La “Escuela de Atletismo Los Salvajes” organizó la primera maratón en pandemia. Banda del Río Salí fue el lugar elegido por el fundador del grupo, Luis Cuellar. Junto con sus alumnos, y cumpliendo los protocolos sanitarios, los atletas volvieron a sentir el rigor de la competencia y pusieron a prueba su entrenamiento.

14 Ago 2021 Por Mariana Apud

Así, a lo salvaje, es que se disfrutó la Maratón de Banda del Río Salí. El calificativo cabe porque el grupo que lo organizó con esa actitud fue la “Escuela de Atletismo Los Salvajes” encabezada por Luis Cuellar, que creció en tierras bandeñas. La ocasión sirvió para homenajear a “Tito” Medina, atleta Master víctima de la covid-19.

Por primera vez desde que la pandemia irrumpió en la humanidad se pudo organizar una carrera de 42,195 kilómetros, más una de 15, en territorio tucumano. Más algarabía significó para el deporte del municipio porque la disputa de esa distancia, la más importante en el atletismo, fue inédita por las calles de la ciudad del este.

“Antes corríamos 600 personas y ahora...”, se escuchó. La melancolía lógicamente estuvo en el ambiente. El suspirado “y ahora” se mantendrá hasta que el virus esté más controlado y por eso es que los habilitados para correr no superarán los 100 atletas, cupo sanitario que fue cubierto en Banda del Río Salí. Víctor Jiménez, se quedó con la victoria, seguido por Jorge Lazcano, de Jujuy, y Oscar Giroto, de Buenos Aires. En damas, el triunfo viajó hacia Santiago del Estero con Franca Romano, seguida por Karina González y Marisa Farchi.

GANADOR. Víctor Jímenez fue el ganador. Tuvo una refrescante bienvenida en la llegada de la carrera.

Puso la tonada mexicana

“Soy de México, de Iztapalapa, de donde son los ‘Ángeles Azules’”, se presentó Oscar Preciado. Su nombre llama la atención entre los inscriptos porque es de otro país, el mismo del exitoso grupo musical. En Banda del Río Salí, el mexicano corrió competitivamente por primera vez. “Me parece realmente increíble que en sólo seis meses de entrenamiento ya esté compitiendo”, destacó el alumno de la academia MDC Running.

LISTOS. Preciado (63) y su coach, Mariano del Corro, en la largada.

Fue en febrero y en el octavo año de residencia en Tucumán que Preciado descubrió lo atractivo de ser runner. “Cada año me gusta hacer actividades nuevas. Justo vi una publicación que compartió una amiga”, recordó el ingeniero eléctrico que llegó a la provincia becado para hacer su doctorado en la UNT. El medio ambiente visual e iluminación eficiente es su especialidad, así que sabe hacer efectivo algo, por ejemplo, al entrenamiento. “En la carrera me fue muy bien. No estuve entre los primeros, pero mejoré todas mis marcas en cinco, 10 y 15 kilómetros. Estoy realmente feliz”, reconoció el mexicano que completó la prueba integración. Preciado llegó a Banda del Río Salí no sólo para probar su rendimiento: lo sedujo otro motivo. “Me contó mi entrenador que la carrera era organizada por una escuela de atletismo de niños, lo que me pareció excelente”, opinó Preciado que ya tiene agendada su próxima competencia. “El 28 haré el Cruce Calchaquí por equipos. Serán seis postas de 21 kilómetros”, contó sobre la exigente prueba.

Se recibió con su mamá

Es probable que, como madre e hija, Gabriela Agüero y Valentina Campero correrán varias maratones juntas. Pero la primera será la que más recordarán, no porque cumplieron el objetivo. “Me dijeron que soy la primera chica de 15 años en Argentina en correr una maratón”, explicó Valentina el motivo del reconocimiento que los organizadores le dieron a ambas. Usualmente, la distancia madre del atletismo se empieza a correr más allá de los 20 años. “Nunca dimensioné que eran 42,195 kilómetros, así que empecé llena de energía hasta el kilómetro 30. Ahí empezó la carrera”, comentó la jovencita. Ese punto de la distancia es descripto en los manuales de atletismo como “un muro” construido por el cansancio físico y mental que, a muchos, los obliga a abandonar. No fue el caso, claro está. Incluso Valentina estuvo lejos de sentir lo que su mamá sintió hace dos años. Gabriela marca ese episodio como lo que terminó de “enganchar” a su hija. “En la última maratón, ella decidió acompañarme en los últimos 10 kilómetros. Gracias a ella yo termino porque en el kilómetro 32 no podía seguir. Desde entonces, empezó a entrenarse conmigo y en el grupo de ‘Aldo y su Pandilla’”, recordó la doctora que cumple funciones en el servicio crítico covid 2 del Centro de Salud. En Aldo Divarvaro, entrenador de ambas, quizás estuvo ese extra para Valentina. “Lo mejor fue que fui desde el primer kilómetro hasta el 42 acompañada de mi profe”, celebró Valentina que, tal cómo dijo su mamá con orgullo, “se recibió de maratonista”.

EN LA SANGRE. Valentina, con su mamá Gabriela, recibió copas.

Un triunfo para su salud

En 2017, la vida de Javier Soria cambió: le diagnosticaron esclerosis múltiple. El domingo, la vida del hombre de 37 años tuvo un cimbronazo. “Después de meses de entrenamiento físico y mental, logré pasar la meta de 42 kilómetros”, se enorgulleció en decir. En la llegada lo recibieron sus hijas, Pilar (7 años) y Bianca (1); su esposa, Erika Serrano y su mamá, Beatriz Toscano. Su familia es el principal núcleo, apuntalado por un gran grupo de amigos, que lo acompaña y lo ayuda a afrontar su realidad. “Desde un diagnóstico que provocó un giro en mi vida, puedo decir con mi experiencia que se puede vivir con esclerosis”, sostuvo Soria sobre la enfermedad que afecta al cerebro y que no tiene cura; sólo es tratable. “En el camino, encontré profesionales excelentes que me indicaron un estilo y cambio de vida. Decidí enfocarme en el deporte. Cuando presencié la Maratón Independencia 2018 me motivé para empezar a correr”, explicó el atleta. De ahí en más, Soria fue alternando entre carreras de 10k y 21k con resultados impactantes en cuanto a la evolución de la esclerosis múltiple.

HAY EQUIPO. Soria con su medalla de “finisher” junto con sus familiares.

“Desde el diagnóstico y habiéndome mantenido medicado diariamente, me hice un nuevo control. Las lesiones no presentaban actividad y tampoco había ninguna nueva”, relató Soria. Resultados como los de Banda del Río Salí motivan al corredor a seguir entrenando y compitiendo porque no sólo significa que llegar es una victoria deportiva: también se trata de un triunfo para su salud.

Meta bañada en lágrimas

“Hubo emoción hasta el llanto”, contó Luis Cuellar. Él fundador de la escuela de atletismo “Los Salvajes” entiende del sentimiento que invadió a los que terminaron la carrera. Él también es atleta. “Lo que pasa es que muchos se habían preparado para competir en pandemia y no pudieron”, destacó el profesor de educación física. Así que no le sorprende el desahogo que significó para muchos cruzar la meta.

La tarea de Cuellar, comprometida con el bienestar de jóvenes de pocos recursos de la zona de La Costanera, se potenció con la prueba que organizó en Banda de Río Salí. “Esta vez ‘Los Salvajes’ se pusieron todos la organización en las espaldas”, dijo con orgullo sobre sus alumnos que cumplieron un rol al que no están muy acostumbrados. “Estuvieron en los puestos de hidratación, otros en los de frutas. Otros fueron guías en la carrera y algunos informaron que los puestos estuvieran abastecidos. También ornamentaron... todos hicieron algo”, remarcó.

La idea del profesor surgió a partir de un pedido de ocho deportistas que, frustrados por una carrera de 42 kilómetros suspendida, querían de alguna manera poner en práctica todo lo que se habían entrenado. “Después ya nos dimos cuenta que eran 20 los que querían correr. Pensé: ‘apa, tenemos una complicación’. Por eso me acerqué al municipio de Banda del Río Salí, que apoyó totalmente”, relató Cuellar con la satisfacción del deber cumplido.

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