Tucumán Rugby: el "Guernica Verdinegro" - LA GACETA Tucumán

Tucumán Rugby: el "Guernica Verdinegro"

El reconocido artista plástico tucumano Isaías “Yita” Nougués cuenta la historia y algunos de los muchos significados que encierra el fantástico mural que realizó para su club en 2017.

05 Jul 2021 Por Federico Espósito

Alguna vez, a Pablo Picasso le preguntaron si lo que distinguía al artista del resto de los mortales era su incesante búsqueda de la verdad. El genio malagueño retrucó: “Yo no busco. Yo encuentro”.

Ese camino, el del descubrimiento, fue el que Isaías Nougués eligió siempre para desplegar su obra. No ser él quien dicte los términos, sino dejar que el arte se exprese por sí mismo a través de su mano. Y así, con trazos sin rumbo fijo, fue tomando forma también el mural que Tucumán Rugby le encargó en 2017 para conmemorar el 75 aniversario de su fundación, y que hoy atrapa en su caos verde y negro la atención de quien ingresa a la cantina del club por la puerta del frente.

O sea, ni el propio “Yita” supo con certeza de qué se trataba o cómo iba a lucir la obra hasta que estuvo terminada. “Para mí, el dibujo consiste en ir descubriendo a medida que lo hacés. Hay una vieja definición que dice que una línea es una sucesión de puntos. Yo prefiero verla como una sucesión de momentos. A medida que vas dibujando, en cada punto estás viviendo un momento interior diferente. Entonces, el dibujo todo es una sucesión de vivencias”, describe el reconocido artista tucumano, que a sus 90 años exhibe con orgullo su condición de socio más longevo del club de Yerba Buena. De hecho, es uno de los pocos testigos que quedan de cómo era el rugby tucumano en sus comienzos, cuando todavía era una rareza traída por Mario Santamarina desde Buenos Aires.

El rugby y el arte

El encargo del mural no tuvo instrucciones específicas. Simplemente le pidieron que pintara algo alusivo al club. Y a ese “algo” lo fue encontrando a medida que escarbaba entre miles de recuerdos y anécdotas recogidas desde la década del 40, cuando egresó del colegio y conoció esta novedad llamada rugby gracias a su padre, Isaías Nougués, amigo de Santamarina y socio fundador del club Universitario de Buenos Aires (CUBA). “Hasta entonces yo sólo había jugado al fútbol y un poco al tenis. Y aparece esto, que era algo incipiente, curioso. Para entonces ya había desarrollado afición por el dibujo, y me parecía que el rugby se complementaba en cierta forma con eso. Porque yo observaba en el juego las formas que adoptaba el cuerpo. Por ejemplo, yo jugaba de fullback, y me pasaba horas practicando patadas al touch y a la hache. Pateaba desde la línea de ingoal de manera tal que la pelota hiciera una comba y se metiera por entre los palos. Practicaba con ambas piernas, manejar las dos era importante en mi puesto. Y así aprendía del cuerpo y lo podía reproducir en mis dibujos”, cuenta “Yita”, cuyo apodo también le vino por herencia: “Yita” es la abreviatura de “Isayita”, que a su vez es el diminutivo de “Isaya”, como llamaban en el campo a su padre.

El debut de Isaías en la Primera de Tucumán Rugby fue en 1946, apenas cuatro años después de la fundación del club y dos del nacimiento de la Unión del Norte, antecesora de la actual Unión de Rugby de Tucumán. Fue jugador del seleccionado provincial en los tiempos de la camiseta marrón durante ocho años (1949-57) y jugó su último partido con la “verdinegra” en 1959. Al año siguiente viajó a Buenos Aires “por unos días”, pero se quedó para siempre. Tras cinco temporadas en Buenos Aires Cricket & Rugby Club (Biei), finalizó su carrera rugbística con otras tres en San Isidro Club.

CAUTIVADORA. Al entrar en la cantina de Tucumán Rugby, es imposible no reparar en la fantástica obra de “Yita” Nougués.

De esos primeros años en Biei surgió uno de los elementos más curiosos de los muchos que componen el mural: el jugador que está tocando un timbre mientras anota un try, en la esquina inferior derecha. “Un día nos toca jugar contra Los Matreros en su cancha de Morón. Era un campo terrible. A dos metros de la línea de touch había unos alambres que servían de separación, pero eran un peligro. Y uno de los ingoal terminaba prácticamente en una casa que había al fondo. Por eso yo decía que si querías hacer un try en ese ingoal, primero tenías que tocar el timbre, je”, explica Nougués desde Buenos Aires, donde ya lleva radicado más de 60 años.

Guernica “verdinegro”

Así, de recuerdos y reflexiones aleatorias se fue nutriendo de formas el lienzo sobre el que “Yita” intentó reflejar todo lo que para él significa el rugby. “Es una mezcla de muchas cosas. Por eso no quería retratar una jugada en especial, sino lo que fue para mí estar y jugar en este deporte y en este club. Yo no lo veía simplemente como un juego de equipo, lo veía como un desafío permanente a uno mismo”, sostiene.

En ese revoltijo de ideas surgió un equivalente rugbístico y “verdinegro” del Guernica, el famoso cuadro de Picasso, que con estilo cubista y surreal representa el bombardeo de la ciudad vasca de Guernica durante la guerra civil española. La semejanza no es casual. “A mí me influyó mucho el estilo de Picasso, pero sobre todo el de Le Corbusier. Del primero me gustaba mucho el Guernica. En el cuadro hay como una lámpara, una luz que se enciende en el bombardeo, pero que parece un ojo. Yo lo veía así, y ese ojo se me empezó a aparecer en todos los dibujos, como si hubiera algo que te mira, que está por encima tuyo, detrás de las cosas que te van pasando. Ese ojo está en toda mi obra. No por una necesidad, simplemente por un placer estético. Me gusta. Además, ese ojo soluciona cualquier lugar vacío. Si sobra un espacio, ponele un ojo y seguro queda bien, ja ja”, bromea Nougués.

En ese punto encuentra otra conexión entre el rugby y el arte. “A medida que vas jugando, te vas dando cuenta de que el rugby es una constante búsqueda del vacío. Se trata de buscar el espacio, jugar por donde no hay nadie. Algo así también pasa con las obras de arte: el vacío juega un papel importante. A veces, los espacios en blanco son los que le dan equilibrio a toda la obra. Y si te fijás bien, en el mural de Tucumán Rugby todos están de alguna manera como buscando ese equilibrio”, analiza.

En el caos de la obra se mezclan significados que saltan a simple vista (como los dados y los casilleros del ajedrez, que representan el componente azaroso del rugby) con otros más ocultos, como el anotador donde se lee “Pesadilla verdinegra”. Este último concepto es quizás el más “actual” de la obra, ya que alude al “Yita” de hoy, que en sueños añora el juego y a sus compañeros de equipo. A esa nostalgia la volcó en un pequeño relato, llamado “Mi sueño verdinegro” (ver apartado).

“En realidad es una suerte de pesadilla, en la que yo veía pasar a todos los que habían estado conmigo y ya no estaban en el club. Incluso dejar de jugar fue para mí una pesadilla, porque fueron más de 20 años. Me sirvió para formarme y madurar. Digamos que me hice adulto jugando al rugby”, explica. Y añade: “una anécdota graciosa es que, cuando se inauguró el mural, tuve que decir unas palabras. Y dije que aprovechaba para felicitarme por haber sido el mejor jugador que había tenido el club, algo que nadie podía desmentir porque cuando yo jugaba no había registro en video y los testigos ya se habían muerto todos, ja ja”.

Perfil: Isaías nougués

Nació en 1930 en Tucumán. Jugó al rugby durante más de 20 años (1946-1967) entre Tucumán y Buenos Aires, donde se radicó hace más de 60 años. Su faceta artística se expresó como pintor, dibujante, escritor, arquitecto y publicista. Su obra abarca miles de dibujos, además de murales
y libros, y puede encontrarse con referencias e información en la página www.isaiasnougues.com

"Mi sueño Verdinegro"

Empapado de luna, camino en la noche recuerdos sin horizonte, momentos escondidos tras del tiempo asomados a los sueños soñados por mis insomnios, dibujados por blancos trazos lunares sobre la transparencia verdinegra del campo de rugby nacido del cañaveral.

Un creciente murmullo empujado por el golpear de pasos y tapones me llega desde lo profundo del cañaveral centenario; aquellos, los que se fueron; protegidos por la negra sombra del cerro, repiten su trotar sin retorno hacia el verde del campo colgado en cada noche de luna.

Pepe Terán, Rofi Montini, Raúl y Alejandro Frías Silva, mi padre y el Mudo Griet...Alvarado, Bertie Godward...Titi Lehmann...

Los mira mi memoria...

Pasan a través de mi alma al rugby del espacio sin tiempo, donde calla el silencio y el ingoal es la eternidad. Pesa en mis manos la pelota ausente que alguien me pasó, buscando el retorno imposible soñado en cada olvido.

También seré recuerdo de mi propio recuerdo, eco de gestos y palabras fundadoras sobre aquellos sueños primeros, cuando todo el futuro a ganar parecía depender de un buen touch...

Me sueña el pasado...

Ya la luna se apaga para fundirse sobre mi sueño verde y negro... sueño donde me escapo añorando futuros que ya fueron en el partido que comenzó con un kick-off...

Hace 75 años...

Soy un lugar en el tercer tiempo de mi memoria, lugar donde me pertenezco entre aquellos que siguen jugando en mí. Los extraño, me esperan. Y pateo la pelota que, ausente, vuela sobre el cañaveral de mis sueños y pesadillas...

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