Hace 78 años su autor patentaba la birome - LA GACETA Tucumán

Hace 78 años su autor patentaba la birome

El húngaro/argentino Ladislao Biró era zurdo y buscaba solución para las manchas de tinta. Un juego de niños fue clave.

11 Jun 2021
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ORGULLOSO. Ladislao Biro sostiene en la mano su invento más famoso.

Era periodista, y cuentan que se puso manos a la obra porque era zurdo, y estaba cansado de manchar con tinta sus escritos. Se llamaba László József Bíró (1899-1985) y había nacido en Budapest, la capital del en aquel entonces Imperio Austro-húngaro, pero eligió (con su hermano Gyorgy y con su socio Juan Jorge Meyne, de origen judío) emigrar a Buenos Aires cuando estalló la Segunda Guerra Mundial.

Aquí adoptó la nacionalidad argentina, pasó a llamarse Ladislao se instaló en el en el barrio de Colegiales y armó un taller. Y aunque el invento había nacido en su tierra natal, aquí alcanzó el estrellato y se instaló en nuestras vidas: ayer hizo 78 de que nuestra simple y eficiente birome fue patentada por su inventor.

“Fue una solución increíble. En esos años en los pupitres todavía estaban los agujeros para los tinteros. Ya no se usaba tanto la pluma, pero las nuevas ‘lapiceras fuente’ seguían dejando manchas en cuadernos y dedos”, recuerda Raúl Lombardo, a sus 80 y pico (ríe y prefiere no decir de cuánto es el pico), con su birome azul en la mano y a punto de rellenar sus palabras cruzadas.

Idas y vueltas

Cansado de su pluma metálica, aún en Budapest, László logró ayuda de su hermano. Gyorgy, que era químico, desarrolló una tinta muy útil para la escritura a mano; pero que atascaba las lapiceras al escribir. Y fue observando unos niños que jugaban haciendo cruzar unas pelotas por un charco que a László se le ocurrió la solución: las bolitas, luego atravesar el agua, trazaban una línea piso seco, justo lo que el necesitaba. El siguiente punto era la imposibilidad de desarrollar esferas tan pequeñas como para una lapicera... Pero en esos años en Europa había problemas más graves, y entonces llegó el exilio.

En Buenos Aires se instalaron y armaron la compañía Biro-Meyne-Biro; y en un garaje con 40 operarios y poco presupuesto mejoraron el invento, lo patentaron y lo lanzaron al mercado con el nombre comercial de Birome (acrónimo de Biro y Meyne). Como argumento de venta se resaltaban virtudes cruciales para la época: estaba siempre cargada; la tinta se secaba en el acto y era indeleble, y se podían usar para hacer copias con papel carbónico.

Pero hay más datos interesantes: la birome no fue su único invento; fueron un montón, pero se destacan un perfumero (con el mismo principio de la bolilla y antecesor de los desodorantes actuales); la caja de cambios automática mecánica y dispositivo para obtener energía de las olas del mar, además de su propia linea de perfumes.

Omnipresentes

Pero volvamos a la birome. Mucha agua ha pasado bajo el puente: la empresa quebró, pero en 1943 vendieron la licencia a Eversharp Faber, de los Estados Unidos, en la entonces extraordinaria suma de 2.000.000 de dólares, y en 1951, a Marcel Bich, fundador de la empresa Bic.

En la actualidad se fabrican modelos muy variados sobre la base de la de Ladislao. Y sólo la empresa Bic vendía (según datos publicados para el “cumpleaños” de 2020) 20 millones de biromes al día (unas 57 por segundo) y la empresa ha declarado que, en los 70 años desde que compararon la licencia han vendido 100.000 millones. Imaginemos el resto.

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