Qué son los cálculos renales y cómo evitarlos - LA GACETA Tucumán

Qué son los cálculos renales y cómo evitarlos

Aunque multifactoriales, tienen que ver con la dieta y con bajo consumo de agua. Causan uno de los dolores más horribles. El origen del nombre.

02 Jun 2021 Por Claudia Nicolini
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RECOMENDACIONES. Aunque el origen puede ser diverso, para prevenir cólicos se recomienda tomar mucha agua, incluso sin tener sensación de sed.

Quienes pasaron por la experiencia de un cólico renal aseguran que el dolor es indescriptible. Lo confirma Fernando Cenice, que -cuenta- a sus 59 años lo vivió dos veces.

“El dolor siempre tiene un componente subjetivo, pero lo que dicen las voces populares es real: no hay palabras para decir lo que se siente salvo que es horrible; que junto con el dolor de muelas y el de oído, es insoportable”, describe.

Pero Cenice es además profesor de Urología en la Facultad de Medicina de la UNT y consultor de la Sociedad Argentina de Urología, y entonces puede profundizar más técnicamente: “la presentación clásica es de un dolor muy agudo que se irradia y puede llegar hasta los genitales”,

“Muchas mujeres que pueden comparar las situaciones refieren que, en la opción, prefieren parir, y lo hacen con fundamento; de hecho, al acto de expulsar un cálculo renal se lo llama ‘parto del cálculo’”, describe Juan Carlos Cabrera, jefe del Servicio de Nefrología del hospital Padilla y explica que los cólicos renales se producen cuando el cálculo (o la piedra; ver “Etimología”) se “atranca” entre el uréter y la vejiga.

Alta prevalencia

Los cólicos son, entonces, la consecuencia de un enfermedad que se llama litiasis, una enfermedad con alta prevalencia.

“Afecta al 2% de la población, y es más frecuente entre los 30 y los 50 años. La relación por sexo es de 3-1 hombre a mujer”, resaltó por su parte Carlos Ameri, jefe del Servicio de Urología del Hospital Alemán, de Buenos Aires.

Qué lo origina

“Los cálculos se forman por acumulación de cristales, producto de dos tipos de problemas posibles: trastornos de filtrado en el riñón o acumulación de componentes que no deberían estar en la sangre”, detalla por su parte el urólogo Alejo Rasguido y explica que esos componentes se van precipitando como arenilla, “pero funcionan como imanes, se acumulan y forman las piedras”.

El tamaño de los cálculos varía, desde cristales minúsculos que sólo se pueden ver en el microscopio y se eliminan sin que te enteres, hasta piedras grandes. “Pueden a alcanzar 5 o 6 centímetros, pero esos no generan el cólico, porque no pueden salir del riñón; lo que no significa que no sea un problema: obstruyen la vía urinaria completa) -agrega-. Los que generan cólicos tienen milímetros, y si las personas no logran eliminarlos (suelen tener ya entonces entre 6 y 8 mm) hace falta algún abordaje quirúrgico”. “Y existe en quienes hemos tenido un cálculo la tendencia a repetir el cuadro”, destaca Cenice (las estadísticas hablan de un 67% de los casos), motivo por cual los controles posteriores son muy importantes.

¿Se pueden prevenir?

Cenice destaca que la formación de cálculos es multifactorial, pero si tiene que elegir un origen, apunta al bajo consumo de agua. “Es clave la hidratación, y no sólo en verano; por lo general los tucumanos toman poca agua. Es clave -insiste-, y lo es también en invierno”.

También se recomienda una dieta equilibrada, con buen consumo de vegetales y frutas frescas, y evitar exceso de sal y los enlatados. Dieta que, de paso, ayudará a no desarrollar una diabetes y a preservar la salud cardiovascular, resalta Rasguido.

Otro de los factores que incide es el ácido úrico, pues también puede generar cristales. Normalmente el organismo es capaz de disolver en la sangre la mayor parte del ácido úrico y eliminarlo en la orina. “Pero si la concentración es muy elevada, el riñón no puede filtrarla”, explica Cabrera, y destaca que la acumulación se debe al consumo excesivo de ciertas proteínas animales (especialmente, las de las vísceras). “Y como además afecta la función renal, ese consumo daña el sistema a dos puntas”, advierte.

Cómo se tratan

El abordaje de la enfermedad depende del tipo de cálculo (se puede establecer mediante laboratorios), de la gravedad de los síntomas, y también del tamaño y la ubicación. Exploraciones con tomografía computada y radiografía pueden ayudar a determinar ambas cosas, destaca la revista digital Medlineplus, de la Biblioteca Nacional de Medicina de EE.UU.

“En el laboratorio se hace un estudio metabólico de sangre y de orina (debe recolectarse durante 24 horas) -explica Rasguido-. Con esos datos se podrá establecer si hay concentraciones altas de las sustancias que suelen provocar la formación de cálculos”.

Y si bien es cierto con frecuencia (y en algunos casos, con bastante dolor) los cálculos pueden ser eliminados naturalmente, o son demasiado grandes, o están creciendo... o bloquean el flujo de orina y pueden causar una infección o daño renal (entre otros motivos), señala también el informe de Medlineplus, hay que intervenir.

“Hay diferentes alternativas, mucho menos invasivas que las técnicas con las que se contaba hace años -explica Rasguido-. Una es la litotricia extracorpórea, que mediante ondas electromagnéticas que atraviesan el cuerpo rompe los cálculos en pedacitos diminutos, que luego sí pueden ser eliminados”.

“Si los cálculos están dentro del riñón hay que apelar a cirugías (se hace una pequeña incisión en la piel del riñón), que pueden utilizar láser para destruir las piedras, o retirar el cálculo”, añade.

Señales de que puede haber cálculos aun sin dolor

Es posible que no aparezcan síntomas sino hasta que los cálculos vayan por los uréteres hacia la vejiga; y en ese caso, como se dijo, el principal síntoma es el dolor intenso. Pero pueden aparecer otras señales:

• náuseas y vómitos                    

• color anormal de la orina (también puede ocurrir si el cálculo no ha salido del riñón, y es una advertencia que no hay que descuidar)                           

•  sangre en la orina                            

•  escalofríos                         

• fiebre                                   

Fuente: www.medlineplus.gov

La palabra cálculo viene del latín

Un «calculus» era para los antiguos romanos una piedrita que se metía en el zapato y que producía molestia. Pero al mismo tiempo, ese tipo de piedritas, ensartadas en tiras, constituían el ábaco romano que, junto con el suanpan chino, fueron las primeras máquinas de calcular,  en el sentido de contar.  Se dice que originalmente las usaban para controlar que no se perdiera el ganado: guardaban en una vasija una piedrita por cada animal que salía a pastar, y al volver al corral iban sacando las piedritas, una por una, conforme el rebaño iba ingresando. La acepción ‘concreción sólida de materia mineral u orgánica’ recoge el significado inicial de piedra.

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