Es necesario ver más películas de Takeshi Kitano - LA GACETA Tucumán

Es necesario ver más películas de Takeshi Kitano

Un cine único, atravesado por el humor y la tristeza.

07 May 2021
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Daniel Medina

Es actor, comediante, escritor, poeta, pintor y hasta diseñador de videojuegos. Pero acá vamos a hablar de su faceta como cineasta, porque Takeshi Kitano es uno de los pocos del que se puede decir que hace cine de autor en este momento. Basta con ver un par de minutos de cualquiera de sus películas para saber que se está ante una de sus obras. Y no por la trama, que generalmente tiene a mafiosos y policías como personajes principales, sino por una forma particular de contar esas historias.

Es rarísimo cómo construye el humor en sus películas. Es un humor armado en base a silencios, un humor inexpresivo, de acciones que se producen en el lugar o momento inadecuado. Uno de los requisitos del humor es siempre la sorpresa, es colocar algo en un lugar que no le corresponde. Esto pasa también con los personajes, supuestos mafiosos que se la pasan la mitad del tiempo jugando, comportándose como niños, como si no formaran parte de una mafia sanguinaria o de una policía corrupta. Y después están los personajes que dan la impresión de estar dopados, como zombies martelianos, que parecen haber perdido todo contacto con la realidad. Que el humor sea uno de los condimentos de sus films y que él haya formado parte de un dúo cómico en la televisión no tiene que engañar a nadie: sus películas dejan un sabor agridulce, por el ambiente nihilista en el que los personajes dan todo perdido de antemano. Hay fatalidad y desgracia. Hay una angustia existencial que recorre de punta a punta sus films. "Violent Cop" (1989), "Boiling Point" (1990) y "Sonatine" (1993), son claros ejemplos. En estas películas, la violencia se vuelve un espejo macabro que refleja la ira y locura de su sociedad. Y ese espejo es, por momentos, insoportable.

Hay otro rasgo estilístico del cual es necesario hablar. Las tomas largas, los pocos movimientos de cámara y los prolongados silencios son una marca insoslayable, que contribuye a crear un clima de desesperación, de monotonía y de absurdidad, del cual el espectador no puede escapar.

El personaje que encarna Marcelo Mastroianni en 8 ½ de Fellini sentencia: “no tengo nada para decir, pero sé cómo decirlo”. Pero, a veces, es más importante tener algo para decir, aunque no se sepa cómo. Takeshi se hizo cargo de la dirección de una película por casualidad: el director se había enfermado y alguien tenía que terminarla. No había estudiado cine y no conocía muchas cosas: el resultado fue un trabajo totalmente original que ha merecido el aplauso de la crítica y de los cinéfilos. Desde entonces no ha parado de evolucionar y aprender.

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