El crimen de Paulina Lebbos: una teoría sobre quién y cómo la mataron - LA GACETA Tucumán

El crimen de Paulina Lebbos: una teoría sobre quién y cómo la mataron

Última parte.

01 Mar 2021 Por Gustavo Rodríguez

Ya pasaron 15 años de que se registrara la desaparición y el posterior crimen de Paulina Alejandra Lebbos. En todo este tiempo se ha confirmado que hubo una enmarañada red de encubrimiento que, por ahora, está cumpliendo con su objetivo: evitar que se sepa la verdad de este caso que conmocionó a la provincia y que tuvo trascendencia nacional. En menos de una semana, la causa pasó de estar a horas de prescribir a tomar un nuevo impulso: podría ser el último para que los autores reciban el castigo por lo que hicieron.

Después de que la Corte Suprema Justicia de la provincia dejara firme el fallo dictado en febrero de 2019, el caso tuvo nuevos protagonistas y muchas polémicas. En otras palabras, la investigación tomó otra dirección. Los principales acusados y los motivos por lo que se transformaron en sospechosos son:

-Sergio Kaleñuk:

Su coartada de que el sábado 25 de no había salido de su casa y de que el domingo 26 había estado toda la mañana vendiendo entradas para los hinchas de San Martín en el club Central Córdoba fue derrumbada por testimonios y por el informe de la actividad de su celular de esos dos días.

Con ese elemento se probó que el joven estuvo cerca de la casa de César Soto en el horario que la víctima debía llegar; que se había comunicado con el subjefe de Policía, Nicolás Barrera, a las 7 de la mañana, y que entre las 21.15 y las 21.20, el horario en el que Alberto Lebbos denunció la desaparición de su hija en la ex Brigada de Investigaciones, el comisario pretendió hablar con él sin éxito y estuvo en la misma zona en la que la estudiante activó por última vez su celular.

PAREJA. César Soto, que era pareja de Paulina cuando esta fue asesinada, siempre estuvo en la lista de los sospechosos.

-César Soto:

La pareja y padre de la única hija de Paulina nunca aclaró bien qué hizo después de haber salido de trabajar de una sandwichería de Barrio Norte. Tampoco pudo precisar por qué no se mostró preocupado por la ausencia de la joven, según declararon varios testigos.

A los investigadores les llamó la atención que el domingo 26 de febrero prefiriera lavar la ropa que había usado antes de acostarse que almorzar. Jamás precisó por qué llamó a la casa de los Lebbos para preguntar por ella y no intentó comunicarse con ella a su celular.

El sábado 11 de marzo, su madre le contó a su vecina que su hijo le había dicho que el cuerpo hallado camino a Raco era de su nuera, a pesar de que el reconocimiento oficial se realizó el lunes 13.

Una hermana y la madre de la estudiante declararon que una vez el joven había intentado ahorcarla y la autopsia reveló que la víctima había sido estrangulada. El sospechoso era miembro de “La Inimitable”, la barrabrava de Atlético.

-Esteban Gómez:

Tenía 16 años cuando se registró el hecho, pero quedó en la mira por haber instalado el chip de su línea en el celular de la joven en la zona donde fue hallado el cuerpo. Su hermano, José Luis, fue acusado del crimen con esa idéntica prueba, pero fue absuelto en el juicio por el beneficio de la duda.

Por esta misma línea, también debería ser investigado Ernesto Atim, el comerciante de celulares que habría tenido contacto con los hermanos Gómez y con Maximiliano Gallardo, otro que de alguna manera manipuló el teléfono móvil de la estudiante luego de su crimen.

-Los Acevedo:

Los miembros de una familia que está sospechada de dirigir una red de narcomenudeo en distintos puntos de la capital siempre fueron mencionados en la causa. Quedaron vinculados por ser los líderes de “La Inimitable” que tenía contactos con Kaleñuk (era dirigente de Atlético) y Soto, que era la persona que se encargaba de pintar los “trapos”, como se denomina en la jerga futbolera a las banderas que exhiben en las tribunas.

Dos fueron mencionados como los posibles conductores del remis que transportó a Paulina el día que desapareció. Los dos fallecieron antes de que comenzara el juicio. Guillermo “Kin” Ramos –hijo de Sergio “Chupete” Acevedo- fue asesinado en Termas de Río Hondo en una confusa pelea vecinal. Sebastián “Pelao” Acevedo se ahorcó con un cinto en su celda de la unidad de Máxima Seguridad -donde está prohibido que los internos tengan ese elemento- semanas antes de que solicitara su libertad.

Walter “Chichilo” Acevedo, que también está tras las rejas, sufrió la pérdida de dos hijos de manera trágica. Gustavo “El Gordo” González, que está procesado por el secuestro de Margarita Toro, fue el único al que se solicitó que se lo investigara por encubrimiento o falso testimonio por haber protegido a Kaleñuk durante la audiencia.

COMPLICADA. Virginia Mercado será investigada por encubrimiento, ya que dejó sospechas de que no contó todo lo que sabía.

-Virginia Mercado:

Los especialistas sostienen que los primeros datos que se reciben en una investigación son clave para llegar a buen puerto. Y la estudiante salteña, la amiga más cercana de Paulina, pasó de ser una testigo fundamental a una sospechosa de encubrimiento porque no contó todo lo que sabía. Ella relató que junto a la víctima tomaron un remis Fiat Duna Bordó que la dejó a ella en su departamento de La Rioja al 400 y que, después, fue a encontrarse con su pareja Soto que vivía en la zona del parque 9 de Julio.

Han pasado 15 años y Mercado nunca logró identificar a ninguno de los remiseros que le pusieron adelante. Tampoco pudo responder por qué dijo no conocer a Soto si hay pruebas de hasta que se llamaban por teléfono cuando ella estaba en su Aguaray natal. Mucho menos aportó datos para explicar porqué se comunicó con las personas vinculadas en la línea narco de la causa. Dijo no conocer a “Chichilo” Acevedo y a los Gómez, pero hubo indicios de que hasta podría haberlos frecuentado.

Su repentina partida de la provincia también resultó ser muy sospechosa. En la audiencia confesó que se fue espantada por la presión que ejercían los medios de comunicación sobre ella, excusa extraña para una estudiante de Comunicación Social que, desde las aulas, sabe lo que es el trabajo periodístico. También fue llamativo el trato que le dispensaron durante la investigación. Varios testigos señalaron que fueron hostigados por la Policía, pero Mercado nunca denunció haber sido acosada.

ESPERA LA HORA. El ex fiscal Carlos Albaca debe ser enjuiciado por el desempeño que tuvo al frente de la investigación.

-Carlos Albaca:

La participación del ex fiscal en la causa generó polémicas desde que fue nombrado para reemplazar a Alejandro Noguera, fiscal separado de la causa por haber mantenido una reunión con el gobernador José Jorge Alperovich, que, como se dijo en estas entregas, podía ser otra maniobra de encubrimiento, ya que el investigador estaba poniendo la mira en el trabajo de la Policía. “Hasta el día de hoy nos seguimos preguntando los motivos de su elección. Era un hombre difícil de llevar; lento para tomar decisiones y, por sobre todas las cosas, muy problemático”, dijo un ex colaborador del ex ministro fiscal, Luis de Mitri. Ese es un interrogante que nunca se responderá, porque el ex jefe de los fiscales murió mientras se desarrollaba el debate oral y nunca pudo declarar.

Los policías más experimentados sostienen que el paso del tiempo es el peor enemigo de toda investigación. Y Albaca tuvo la causa siete años sin hacer casi nada. Las fiscalas de Cámara, Marta Jerez de Rivadeneira y Juan Prieto de Sólimo, elaboraron un durísimo informe sobre la gestión del ex fiscal cuando estuvo al frente del expediente. No sólo lo señalaron por no haber tomado medidas claves para lograr el esclarecimiento, como haber omitido investigar algunas líneas o preservado ciertas pruebas.

En el cadáver de Paulina se encontraron siete pelos. Eran los elementos ideales para hacer una comparación genética. Gabriel y Daniel Alperovich (los hijos del ex gobernador), Kaleñuk, Soto, Gómez y “El Gordo” González, entre otros, aceptaron que se les tomara una muestra para cotejarla. Pero los especialistas de Buenos Aires les informaron que habían fracasado en su intento porque las cabellos se habían inutilizados al no habérselos guardado correctamente. Así, aunque suene increíble, se perdió la posibilidad de tener la prueba vital para esclarecer el hecho.

Una hipótesis

En febrero de 2019, el tribunal integrado por los jueces Rafael Macoritto, Carlos Caramuti y Dante Ibáñez, condenó por encubrimiento al ex secretario de Seguridad, Eduardo Di Lella; al ex jefe de Policía, Hugo Sánchez; al ex subjefe de la fuerza, Barrera; al ex jefe de la Unidad Regional Norte, Héctor Brito, y al ex policía Waldino Rodríguez, y absolvió a Gómez. Pero en su fallo pidió que se investigaran a Kaleñuk, Soto, Esteban Gómez y a Atim por su posible participación en el crimen de la estudiante.

No elaboraron ninguna teoría –no es su función hacerlo- pero, en el debate, con base a los indicios escuchados, quedaron elementos para elaborar una que se describirá paso a paso a continuación:

1-Paulina, posiblemente con Mercado, podrían haber seguido viaje hasta la casa de Soto, en las proximidades del parque 9 de Julio.

2-Con Kaleñuk y otras personas, probablemente integrantes de La Inimitable, se habrían encontrado cerca de la casa de Soto y de ahí se dirigieron hacia un lugar desconocido en el sur de la capital.

3-Alguna situación extraña podría haberse producido en ese encuentro que terminó con la muerte de Paulina. Alguno de los asistentes la asesinó ahorcándola.

4-El hijo de Alberto Kaleñuk, el ex secretario privado de Alperovich, se podría haber comunicado con Barrera para, supuestamente, contarle lo que habría sucedido.

5-Los Gómez, que también habrían asistido a ese encuentro, podrían haber sido los responsables de arrojar el cuerpo de la joven en el lugar donde fue hallado.

6-Esa misma noche, en Raco, se reunieron Di Lella, el jefe de Policía, Sánchez, y el comisario Enrique García. Se cree que en ese encuentro podrían haber comenzado a elaborar el plan de encubrimiento por el que fueron condenados. Barrera, en cambio, se quedó en la ciudad para seguir de cerca los pasos que daba Alberto Lebbos y podría hasta haberse reportado con Kaleñuk.

Esa hipótesis deja una duda: ¿era posible que se monte semejante red de encubrimiento para proteger al hijo de un colaborador del ex gobernador, a la pareja de la víctima y a un grupo de barras bravas? Ese interrogante abre otra pregunta: ¿y si en esa reunión hubo alguien mucho más importante y los señalados son unos meros encubridores? Todo puede ser. Un dato: Soto y Gómez, que se las rebuscaban como podían para ganarse el pan, después del crimen fueron empleados de la Legislatura y de la comuna de San Andrés, respectivamente. Kaleñuk pasó de ser funcionario del “alperovichismo” a asesor de bloque del parlamento tucumano, cargo que sigue ocupando y por el que percibiría un sueldo de $ 150.000 mensuales.

El final

La citación para declarar como imputados a Soto, a Esteban Gómez y a Kaleñuk no sólo evitó que la causa prescribiera, sino que encendió una luz de esperanza para que se esclarezca el caso que conmocionó a la provincia. Pero falta mucho. Y hay un dato objetivo que debe tenerse en cuenta. Cada vez que hubo un juicio, comenzaron a surgir nuevos indicios.

Por ejemplo, en diciembre de 2013, un tribunal condenó al comisario García, al oficial Manuel Yapura y a Roberto Lencina por las irregularidades que se cometieron el día del hallazgo del cuerpo. En esas audiencias surgieron más datos que terminaron siendo claves en las condenas de los ex funcionarios durante el debate realizado por la desaparición y el crimen de Paulina. Ninguno de los ocho se encuentra detenidos. Algunos porque ya cumplieron las penas y otros porque se les otorgó el arresto domiciliario.

Pero aún queda que se desarrolle un juicio que puede ser clave: el de Albaca, que viene demorado desde hace varios años y, que hasta el momento no tiene fecha de realización. Estaba previsto que se celebrara el 24 de marzo de 2020, pero, por la pandemia, se suspendió. Alberto Lebbos, padre de la víctima, tiene la teoría de que las audiencias no se hacen porque el ex fiscal habría amenazado con contar todo si es que lo llegaban a sentar en el banquillo de los acusados. Y eso es lo que se necesita en este caso: que alguien hable para que se termine de esclarecer.

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