Enseñar desde el amor le valió un premio en EEUU - LA GACETA Tucumán

Enseñar desde el amor le valió un premio en EEUU

El argentino Jorge Pulleiro superó el bullying y se transformó en un docente inspirador de sus alumnos.

26 Feb 2021
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DISTINCIÓN. Jorge Pulleiro fue elegido Maestro del Año 2021 en Idaho.

“Si esos niños no responden, tal vez no puedan enseñarles todavía, pero podrían amarlos; y si los aman hoy, tal vez puedan enseñarles mañana”, dijo Jeffrey Roy Holland, expresidente de Brigham Young University (BYU), de EEUU.

Allí estudió el docente argentino Jorge Pulleiro, elegido Maestro del Año 2021 en Idaho. De madre santiagueña, criada en Los Ralos (Casilda Nasibe Dip Pulleiro), él nació en Buenos Aires producto de la crisis social que azotó Tucumán en los 60. “En 1962, por la falta de trabajo, mi madre decidió probar suerte en Buenos Aires y allí conoció a mi padre, quien falleció un mes antes de que yo cumpliera cuatro años. Trabajó de costurera y de mucama”, le cuenta el galardonado a LA GACETA.

A los ocho años comenzó a estudiar inglés y una decada más tarde dictó sus primeras clases a jóvenes de secundaria. Sus intereses eran muy distintos a los de sus compañeros: en vez de salir de fiesta, jugar al fútbol y divertirse, se dedicaba al estudio. Por ello, sufrió bullying durante muchos años.

En tercer grado conoció a una maestra especial que le confirmó definitivamente su amor por la docencia y lo motivó a no bajar los brazos. “Supe que me convertiría en un maestro como ella, repleto de amor genuino para con mis alumnos, respetuoso y comprensible, como lo fue conmigo. Su ejemplo cambió mi vida”, señala.

Oportunidad única

No encontraba en una Argentina “socialista y tercermundista” (como él la define) la oportunidad de tener un futuro mejor y progresar. “A los 21 años serví en una misión para La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Uruguay, y conocí a muchos norteamericanos que me alentaron a matricularme en una universidad de EEUU, porque decían que mi inglés era increíble. Lo hice pensando que no me iban a aceptar”, recuerda. Pero fue aceptado por la BYU con una beca con la que pudo costear sus estudios y se mudó. Allí conoció a su esposa y formó una familia; es padre de tres hijas y un hijo. “Mi madre me dijo: ‘¡Jorgito, aprovechá esta oportunidad única y andá!’, con lágrimas en los ojos acepté este desafío y ya han pasado 25 años”, agrega.

Tiempo después, Pulleiro se unió al Ejército norteamericano por seis años hasta su retiro en 2005. Vivió en Alemania y trabajó como comandante de destacamento de retaguardia en el inicio de la guerra en Irak. Al dejar las armas, regresó a la docencia en el programa Troops To Teachers (Tropas de Maestros) en un pueblito rural de 3.000 habitantes en Oregon. Por escoger un lugar remoto, lo becaron para hacer una maestría y logró la certificación docente. Ir a clases como alumno le significó un shock cultural, pero aprendió todas las tradiciones escolares norteamericanas.

“Mis experiencias militares de liderazgo se transfieren al salón, puedo poner en práctica muchísimos de esos conceptos en clases”, asegura Jorge.

El reconocimiento

Cuando el año pasado estaba transitando sus últimos meses, su historia de vida fue noticia e inspiró a muchos. Pulleiro fue elegido Maestro del Año entre 170 candidatos. “Es un honor grandísimo y, a la vez, me siento indigno de semejante distinción. La comparto con más de 14.000 docentes de Idaho. Los represento porque sé que son tan capaces como yo de recibir esta distinción”, acota.

Actualmente tiene 48 años y trabaja en Wood River Middle School en Hailey, Idaho, donde enseña artes del lenguaje en español de doble inmersión. Ya obtuvo dos títulos de posgrado y fundó un programa de intercambio con España. Sus comienzos como maestro fueron difíciles. No podía entender cómo sus alumnos contaban con recursos increíbles y aún así no estaban interesados en aprender y estudiar. La frase de Holland le marcó un rumbo. “Es difícil explicar cómo me sentí cuando leí esa cita, en ese preciso momento supe qué tenía que hacer. Me di cuenta de que no conocía a mis alumnos ni ellos a mí -menciona Pulleiro-. Si quería que ellos se desempeñaran bien, que tuvieran los deseos de aprender y de producir para mí, tenía que cambiar. Ya los amaba, pero ellos no lo sabían, al demostrarles mi afecto fue cuando los resultados fueron formidables”.

El maestro es destacado por su compasión y compromiso con sus alumnos, se preocupa por ellos y está presente mucho más allá del salón de clases. Los estudiantes y padres saben que pueden contar con él y se convirtió en un sostén para las familias latinas e hispanohablantes. “La docencia es una vocación, no una profesión. Conozcan a sus alumnos, sepan cómo están realmente, cuáles son sus desafíos y qué es lo que necesitan para tener éxito en la vida. Lo que suceda dentro de las cuatro paredes del aula debe ser maravilloso, grandioso y, aún más, milagroso. Recuerden que, para muchos de ellos, ustedes serán todo lo que podrán tener de ejemplo”, concluye. 

Hay que ayudar a los jóvenes a aprender

Insuficientes sueldos, falta de recursos en el aula, delegación de responsabilidades educativas familiares al docente, indisciplina del alumnado, no estar interiorizado con las nuevas herramientas tecnológicas y el cambio de valores son los principales desafíos para los maestros actualmente según el argentino Jorge Pulleiro. Además señala que estamos ante un nuevo paradigma en educación formal: “para que sea exitosa y más eficaz, el futuro viene con cambios fundamentales con los alumnos como protagonistas en vez de estar sentados escuchando al maestro sermonear. Debemos ayudar a los jóvenes a aprender”.

(Producción periodística: Mariana Ávila)

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