Fernández Díaz: “siempre quise escribirde modo popular”
Se acaba de publicar La traición, la nueva novela de Jorge Fernández Díaz protagonizada por Remil, un agente secreto que va entre el espionaje, la política y el sexo y que se ha convertido en un personaje icónico. La historia de la novela comienza con la cuarentena y se desprende de una pregunta: “¿Qué pasaría si un ex guerrillero devenido referente social que confraterniza con el Papa se toma en serio la idea de que en la Argentina hay un estado prerrevolucionario?”.

Por Alejandro Duchini para LA GACETA - Buenos Aires
Jorge Fernández Díaz se reafirma en el camino de lo que llama “thriller político” con la publicación de La traición. Es la tercera novela que tiene por protagonista a su personaje, Remil, una suerte de agente de inteligencia argentino que irrumpió en 2014 con El puñal y tuvo su segunda aparición en 2017, con La herida.
En diálogo vía Zoom con LA GACETA Literaria cuenta que la idea de esta historia surgió, como le suele pasar, tras una pregunta: “¿Qué pasaría si un ex guerrillero devenido referente social que confraterniza con el Papa se toma en serio la idea de que en la Argentina hay un estado prerrevolucionario?”
La traición es producto de la cuarentena por covid-19: “La historia de esta novela comienza con la cuarentena. Yo venía rescatando parte de mis artículos imperecederos para fundirlos en un ensayo sobre las ideologías que abracé al comienzo de mi vida y cómo fui cambiando y cómo fue ese proceso de cambio. Quería revisar los 70 desde una perspectiva nueva. Sobre ese terreno vengo tomando notas en un diario personal. Un libro personal, de batalla cultural. Casi 1.000 páginas. En diciembre lo había terminado de escribir. Fue un trabajo demoledor. Había empezado a pulirlo con mi mujer. Iba a salir en mayo. Pero con la pandemia me llamó Nacho Iraola, de editorial Planeta, para decirme que no se sabía qué iba a pasar y que lo paremos. Me quedé seco. A los 15 días volvió a llamarme y me dijo que ‘probemos con una novela a fin de año¿. Me preguntó por Remil”.
- ¿Analizaste por qué te salió esa pregunta y no otra?
- Había un juego alucinatorio con el gobierno anterior. Se decía que básicamente las causas de corrupción eran un invento. Que el gobierno democrático, que te puede gustar más o menos, era una dictadura. Pero no había nada de eso. No era una dictadura ni era una resistencia peronista. Eso sería insultar a la vieja resistencia peronista. ¿Qué pasa si alguien se lo toma en serio? Se lo conté a (Arturo) Pérez-Reverte por primera vez en Sevilla. Evaluamos el tema. Volví a la Argentina. Me di cuenta de que no era solo el setentismo. Una cosa es hablar de los 70 en un sentido histórico y otra cosa es algo vivo. ¿Qué es lo vivo? Néstor Kirchner entendió como nadie algo que les decía a sus amigos: la izquierda da fueros. Alguien a quien en 30 años nunca le habían interesado la izquierda ni los derechos humanos ni nada, de repente llegaba a la presidencia con un discurso progresista. La mayoría de los escritores y artistas son progres. Entonces ganar a esa pequeña burguesía ilustrada era blindarse. Los resucita. Lee La voluntad, de Caparrós y Anguita, porque no tenía la más remota idea. Había sido periféricamente setentista de joven y había sido un señor feudal con relaciones con militares. Pero esa impostura hace resucitar el setentismo.
- En tu idea encajaba Remil.
- Este proceso me tenía alucinado y me parecía que era jugar con fuego. De hecho ese grupo desgastó al gobierno anterior y entró al gobierno actual, al que también le genera problemas, como las tomas de tierras. Y si tenía que meter a Remil en la historia tenía que hacerlo a la manera de Remil: con espionaje, persecuciones. Entonces me dije “voy a escribir casi como si fuera un Remil en tiempo real”.
- Se te nota entusiasmado con Remil.
- Es un hijo de puta, pero es un personaje querible. Siempre le pongo emociones personales: decepciones amorosas, caídas en desgracia, como acá, cuando papá y mamá se pelean. ¿Qué pasa con el hijo? Eso lo he visto en casa, bastante amargamente. Funciona el hecho de colocar emociones básicas.
- A diferencias de las dos historias anteriores de Remil, esta parece escrita con otro estilo. Tal vez más cortante, directo. ¿Coincidís?
- Sí, pero con la misma intensidad que los anteriores. Recordé al Maigret de Simenon. Simenon escribía en diez días las historias de Maigret y en un mes las que no eran de Maigret. Es considerado el Balzac del Siglo XX. Un superdotado. Volví a leerlo y anoté sus trucos. No para copiar su estilo, porque a los 60 años y después de 14 libros ya tengo mi estilo, pero quería entender cómo una novela corta parecía más larga. Nunca me saqué de la cabeza la idea de ser un escritor popular. Dame un Maigret, que lo quiero leer en un día y medio. Esa idea. No la idea del parnaso. Escribir de ese modo popular siempre ha sido lo que quería. No logré salirme de eso. Estoy en la Academia de Letras, pero escribo para ese lector que fui, que soy, o que imaginé. Ese lector que querían mi papá y mi mamá. No escribo para la Biblioteca de la Academia.
- ¿Seguirás contando a Remil?
- Tengo muchas ideas sobre Remil. No sé cuál se impondrá. Me falta la pregunta que dispare la novela: ¿qué pasaría si…? La realidad argentina me despierta muchas ideas. Por eso digo que esa realidad trabaja para Remil.
- Mencionás a Simenon y pienso en lo genial que era, aunque tal vez minimizado.
- Simenon está minimizado en la Argentina. No entienden nada. La cantidad de escritores y críticos del mundo que lo reivindicaban como el Balzac del Siglo XX es abrumadora. Es uno de los grandes escritores franceses de todos los tiempos. Lo que pasa es que siempre decía que escribía libros pequeños y populares mientras los críticos esperaban su gran novela. “Mi gran novela son todas estas novelas juntas”, decía Simenon, quien pintaba a Francia, a Europa y al mundo.
- ¿Cómo fue tu año de cuarentena?
- De mucho trabajo, día y noche, sábado y domingo. Todo dentro de casa, con mi biblioteca. Desde acá transmito para Radio Mitre, desde acá escribo. Es difícil descansar en estos tiempos. Estudio mucho para el artículo del domingo de La Nación, que empiezo a escribir los miércoles. Leo libros para la radio. A veces miro alguna serie. Me acuesto tarde. Trato de dormir siete u ocho horas. No siempre lo consigo. Leo los diarios, a los que les dedico cuatro horas los sábados y otras cuatro los domingos, y libros de historia política. Para esta novela tuve que estudiar. Los domingos a la tarde escribo o leo. Y así, permanentemente trabajando. Es intenso. Es una vida que me gusta mucho, como el hámster de la ruedita: no bajarse nunca.
- Durante la cuarentena sufriste el proceso del adiós a tu mamá, quien justamente es el personaje de una de tus novelas.
- El proceso de mi madre está contado en el ensayo que publicaré, porque sucedió mientras yo estaba en Europa. Todo fue un gran dolor. Pero me sirvió escribirlo, contarlo, para ese ensayo. Su muerte coincidió con la muerte de otras cosas, como la del mérito, ahora tan cuestionado desde el poder y que mis padres me inculcaron desde siempre. La extraño, porque ella leía las novelas de Remil, porque todavía tenía cabeza para entender, porque le gustaba ese personaje y también ese mundo que no se ve en la tele.
- ¿Volverás a tu alter ego, Fernández?
- No sé qué pasará con él. Siempre me queda a mano. Si tuviera que escribir una historia intimista tal vez volvería. Pero por ahora no lo quiero forzar. No considero a Fernández un personaje aparte, como Remil. Está ahí, Fernández. Son recursos narrativos.
- En una charla de hace unos años, cuando el mundo era otro, decías que querías hundirte con el diario de papel. Con la pandemia, lo digital parece haber avanzado aún más. ¿Cambió aquella idea?
- Soy un escritor de diario, una de las cosas de más orgullo de mi vida, además de ser un escritor de escrituras populares. Porque la otra parte de ser escritor popular es escribir en los diarios. Mi gran laboratorio fue el diario La Nación. Ser un escritor de periódicos es extraordinario.
PERFIL
Jorge Fernández Díaz es escritor y periodista. Fue cronista policial, periodista de investigación, jefe de redacción de diarios y director de revistas. Hoy es uno de los principales columnistas políticos del diario La Nación. Publicó, entre otros libros, Mamá, Fernández, La segunda vida de las flores y La logia de Cádiz.
El puñal fue uno de sus grandes best-sellers y el primer título de una trilogía que completaría con La herida y, este año, con La traición. Obtuvo, entre otras distinciones, el Konex de Platino como el mejor redactor de la década y la Medalla del Bicentenario por su obra periodística y literaria.
En 2012 fue condecorado por el rey de España con la Cruz de la Orden de Isabel la Católica. En 2017 ingresó en la Academia Argentina de Letras.







