Panorama Tucumano: Vivir la inflación en carne propia

Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 09 Diciembre 2020

El freezer no da para más. Aquellos que pudieron tomar previsiones alcanzaron a adquirir los cortes tradicionales de carne para esta época. Ir a la carnicería se está convirtiendo en un lujo. Y las pizarras de esos negocios tienden a modificar los precios al alza. En el último mes se acumula un reajuste del 30% y se esperan nuevos incrementos antes de las Fiestas. La elasticidad de los precios es tal que, más allá de la calidad, cualquier consumidor puede encontrar el valor de un kilo de blando especial entre $ 600 y $ 950. En los principales mercados donde se comercializa la hacienda, los operadores señalan que estos aumentos se explican por las restricciones en la oferta de carne, con una producción estancada al menos desde hace dos décadas, pese al incremento de la cifra de consumidores. Frente al encarecimiento de los cortes vacunos, la población se está volcando al pollo.

Las carnicerías están en crisis, como tantas otras actividades. Los expertos señalan que, en los últimos 30 años, se han resignado 30 kilos de consumo de carne vacuna en la población argentina. Según el consultor ganadero Víctor Tonelli, actualmente en la Argentina se consumen 116 kilos por habitante por año, de los cuales 50 kilos son carne vacuna (hasta hace una década era de 85 kilos), entre 49 y 50 de pollo y 16 de cerdo.

El cierre del mercado exportador para la carne aviar ha llevado a que haya más stock para el consumo interno que, sólo este año, ha crecido tres kilos per cápita.

Tonelli advierte que la nueva normalidad encontrará a la carne de cerdo en ascenso (de seis a ocho kilos de aumento por habitante y por año en la mesa familiar en la próxima década), en detrimento de la carne vacuna. Hace 15 años, el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina había efectuado un análisis según el cual la cantidad de carne vacuna que consumía una persona era de 68 kilogramos, de los cuales 62 kilos correspondían a consumo en el hogar y 6 kilos fuera del hogar. La cantidad de días al mes que se consumía carne vacuna (media) era de 17, mientras que la cantidad de comidas con carne vacuna al mes (media) era entonces de 24,6.

El asado, cuadril, bola de lomo y peceto siguen siendo los cortes preferidos en el hogar. Hoy el valor de esos productos están por las nubes. Ayer trascendió que el Gobierno nacional está en tratativas con los frigoríficos con el fin de cerrar esta semana un plan que incluya tres “cortes parrilleros” para pasar las Fiestas al menor costo posible para el bolsillo de los argentinos. La pregunta que surge es si ese programa tendrá un alcance federal o si sólo se concentrará en el Gran Buenos Aires, como suele suceder por una cuestión de logística. Por las dudas, los tucumanos stockean ante las perspectivas de más aumentos. Según el Índice de Precios al Consumidor del Instituto Nacional de Estadística y Censos, en 10 meses, la carne acumula un incremento del 44,4%, por encima de la inflación general que se ubicó en el 37,2%.

Durante el último trimestre del año, la inflación se ha ubicado en la zona del 3% mensual, lo que implica una aceleración de los precios. En este escenario, sumado a la pandemia, los salarios reales argentinos han perdido al menos cinco puntos porcentuales frente a la inflación. La inestabilidad del momento ha frenado los reclamos sindicales de reapertura de paritarias en la mayoría de las actividades, a la espera de que el horizonte se aclare y se encarrile la economía. En el sector público tucumano hay inquietud respecto de esta pérdida del poder adquisitivo, pero algunos dirigentes vienen sosteniendo que no tirarán de la cuerda, porque el Poder Ejecutivo está abonando las remuneraciones en tiempo y en forma. Sin embargo, no cesan en el reclamo de reapertura de paritarias. Este mes, por caso, vence el reajuste que se había acordado (por seis meses) en el reconocimiento de la cláusula gatillo. “No vamos a permitir que el Gobierno reduzca los sueldos de los empleados públicos”, advierten los sindicalistas ante la posibilidad de que las boletas de enero lleguen con entre $ 1.800 y $ 3.000 menos que el promedio de los últimos meses. El gobernador Juan Manzur viene sosteniendo que, en las actuales condiciones financieras, la Provincia no está en condiciones de mejorar los salarios. Más allá de esto, no cierra las puertas para sentarse a negociar con los gremios en marzo o abril del año que viene.

¿Qué pasará con la cláusula gatillo? En el Ministerio de Economía siguen con preocupación las advertencias sindicales porque, al no haber incrementos, las cuentas no pueden cerrar con una merma en las remuneraciones de los trabajadores, más aún de aquellos que están desempeñándose en actividades consideradas esenciales durante esta pandemia del coronavirus. Tácitamente, admiten que la cláusula gatillo continuará en los próximos meses hasta tanto las partes puedan sentarse a discutir el nuevo escenario salarial. Los $ 41.953 mensuales para una familia tipo, medida por la Dirección de Estadística, como el nivel de ingresos que se requiere para evitar ser pobre en Tucumán, le ponen presión al Estado. De todas maneras, en la Casa de Gobierno sostienen que el sueldo estatal está lejos de aquel número.

La caída de los ingresos es evidente. El bolsillo del consumidor no da para más. Por esa razón, el sector privado y el Estado (en todos sus niveles) deben llegar a un acuerdo que, al menos, mantenga los precios. De otra manera, el 44,2% de pobreza medida por la Universidad Católica Argentina (UCA) quedará corto frente a un costo de vida más caro para todos los argentinos.

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