La grieta se ha colado en el debate sobre las vacunas y el sistema educativo

Por Hugo Hame, consultor político.

19 Nov 2020
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Hay un acuerdo generalizado en que la pandemia ha generado una disrupción en la vida cotidiana de la mayoría de los habitantes del mundo y en la vida económica de las naciones. Y mientras se sigue discutiendo sobre cual hubiera sido el mejor modo de atenuar las pérdidas económicas y humanas sabemos que en esto no hay gobiernos sabios. Ninguno nació sabiendo cómo resolver los problemas que a diario el virus plantea y se han tomado distintos caminos, ninguno totalmente satisfactorio. Algunos intentaron controlarlo con cuarentenas estrictas; otros decidieron que lo mejor era quitarle importancia y tomarlo como un hecho casi natural de vida y muerte y entre ambos polos tuvimos situaciones intermedias, idas y vueltas.

Quién tuvo la razón, no lo sabremos seguramente hasta que la pandemia termine y podamos analizar las consecuencias de cada una de las políticas implementadas. Mientras se continúa discutiendo sobre los efectos de la primer ola, ya se abrió una segunda etapa de polémicas. Ésta incluye a las vacunas y a las consecuencias sobre el sistema educativo. En nuestro país, aunque parezca que se trata de dos discusiones separadas; parecen venir juntas y lo que las unifica es la famosa grieta. Hemos podido corroborar, a través de las investigaciones sociales, que la grieta se ha metido en lo que pensamos sobre las vacunas y también en qué debemos hacer en relación al sistema educativo. Así, ante la simple pregunta respecto a si las vacunas en general sirven o no para prevenir enfermedades, es tal el nivel de prejuicio que quienes se manifiestan como opositores al gobierno nacional tienden a opinar que las vacunas no sirven para prevenirlas, y no estamos hablando solamente de las vacunas contra la covid-19. Ese es un dato casi sorprendente porque tenemos una población acostumbrada a vacunarse desde el día mismo de su nacimiento. Pero evidentemente en la medida en que en la actual coyuntura política se asocia a las vacunas con el anuncio oficial de que está en tratativas para importarlas emerge el prejuicio, y se asocia vacuna con Alberto Fernández. Si esta tendencia continúa, las autoridades van a necesitar generar una campaña de comunicación sumamente persuasiva para que la vacunación logre ser masiva y se evite una segunda ola de contagios.

Con el tema de la vuelta a las escuelas sucede algo parecido. Hay un acuerdo general en que lo peor que le puede suceder a un país es que la inversión en educación sea escasa, la calidad educativa sea mala y que la escuela no pueda retener a sus alumnos. Y hay una discusión respecto de la validez de las medidas tomadas por las autoridades educativas para la vuelta a clases, vacuna mediante, comiencen en marzo próximo. El cuándo hacerlo se convirtió en otra controversia en el país. En este mismo momento en Nueva York están anunciando el cierre de las escuelas y seguramente en otro lugar del planeta deben estar hablando de aperturas. Sin embargo, en la Argentina han surgido grupos de padres que bregan por que sus hijos vuelvan ya a la escuela y cuestionan a las autoridades acusándolas de ser anti educación, anti escuela, anti calidad educativa. Concomitante con ello a diario algunos columnistas y educadores también se han sumado a la queja. Sin embargo, lo que pareciera ser un clamor del conjunto de la sociedad ,según lo registrado en nuestras encuestas nacionales, es u reclamo acotado a un sector de padres, que envían a sus hijos a la escuela privada.

En un estudio nacional realizado en octubre pasado, se preguntó en qué momento deben abrirse las escuelas: solo el 31% de los padres contestaron que hay que hacerlo ya , mientras el resto o piensa que hay que esperar que sigan bajando los casos (34%) o esperar que termine la pandemia (34%). A su vez, si analizamos quiénes son los padres que tienen mayor apuro por enviar sus hijos a los establecimientos la mayoria son los que eligieron escuelas privadas(41%). Si incluimos las variables políticas y socio-demográficas, vemos que quienes más apuro tienen son los entrevistados de nivel socioeconómico alto y los votantes de Macri en 2019.

Como vemos, la grieta se ha metido claramente en el reclamo por la reapertura de las escuelas. Más allá de quien tenga razón, queda claro que los sectores más empobrecidos de la sociedad temen por el virus, debido a la falta de recursos económicos para protegerse de los contagios, y desconfían de la contención de la escuela pública. También es lógico concluir que quienes poseen recursos económicos y se sienten contenidos por las instituciones insistan con la apertura. Lo que no parece muy lógico es que algunos intenten confundir las cosas y asumir que es el conjunto de los padres quienes piden la vuelta a la escuela. O que los otros piensen que nadie debe volver. Vacuna y escolaridad requieren una respuesta madura del conjunto de la dirigencia politica.

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