Expectativas versus realidad - LA GACETA Tucumán

Expectativas versus realidad

04 Nov 2020 Por Marcelo Aguaysol

El gobernador necesita recuperar la iniciativa. En el entorno de Juan Manzur esta frase suena como un mantra. La gestión ha caído en un pozo y requiere de una oxigenación para volver al centro del tablero político. Alguien comparó a la gestión provincial con un tablero de ajedrez, en el que los peones (los ministros) no logran frenar la embestida de los potenciales contrincantes (los problemas cotidianos). Pero esa pieza central tampoco contribuye a modificar la estrategia del juego. Su silencio es contagioso. En medio del descontento popular por los hechos de inseguridad, Manzur le pidió a sus colaboradores que no salgan a contestar ningún agravio. De todas maneras, avanzó en el frente judicial con una serie de denuncias para que se investigue la posible comisión de delitos de orden público. La marcha del sábado ha sido una clara muestra de que no hay ánimos de confrontación directa.

Sin embargo, algunas conductas fueron llamativas. Por ejemplo, que el vicegobernador Osvaldo Jaldo haya sido quien denunció una campaña de desestabilización, apuntando a un sector de la oposición tucumana. La campaña ha sido lanzada antes de tiempo y eso, en política, se llama marcar la cancha. Por si eso fuera poco, a las declaraciones de algunos dirigentes no afines al poder de turno respecto de la actitud del presidente de la Cámara, vino una reacción colectiva de los integrantes del bloque oficialista, que se convirtieron, en definitiva, en una suerte de torres y alfiles de una partida que no los tenía como protagonistas. De todas maneras, hay otra lectura: las declaraciones de Jaldo de algún modo tratan de frenar una embestida que, en el futuro, puede llegar a minar su camino político en caso de que quiera presentarse en la contienda electoral de 2023.

La inseguridad sigue merodeando Tucumán. Más allá de que se trate de hechos de índole privada, el solo hecho de que una persona no pueda transitar libremente por las calles implica una responsabilidad del Estado. Del mismo modo que la que le cabe a la Justicia en causas resonantes donde la sociedad reclama más celeridad en las decisiones, que eviten males mayores. Los tres poderes del Estado están hoy en una incómoda vidriera, bajo la atenta mirada de los tucumanos. La cuestión pasa por saber qué harán a partir de los hechos trágicos que conmocionaron a la provincia, en medio de la sensibilidad social que implica vivir en pandemia con el hartazgo natural de muchos habitantes después de siete meses de aislamiento social, preventivo y obligatorio.

Manzur tuvo ayer una bocanada de aire fresco. La llegada del ministro de Transporte, Mario Meoni, y del presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, fue como una suerte de respaldo político nacional a su administración. Hubo inauguraciones, recorridas y anuncios de obras públicas, algo que el gobernador viene recolectando de tantos viajes a Buenos Aires. Para él, la inversión pública gestionada en la Casa Rosada son los goles que necesita para remontar un partido difícil, tras cinco años al frente del Poder Ejecutivo. Pero ha descuidado la defensa y esa sigue siendo una tarea pendiente. Los miembros del gabinete provincial saben perfectamente que es necesario empezar a mostrar gestión, porque caer en la cuarentena política puede implicar pérdida de terreno electoral a un año de las elecciones de medio turno.

La oxigenación en la Casa de Gobierno se mueve al ritmo que imprime el propio Manzur, con lentitud. El mandatario provincial no es proclive a los cambios de funcionarios, pero las circunstancias lo están llevando hacia ese terreno. Se afirma que en un mes puede haber novedades, pero más que el cambio de fusibles, el Poder Ejecutivo necesita un relanzamiento con planes claros de gestión que cambien el humor social. Dentro de la sede del Ejecutivo cada vez es más fuerte la estrategia de designar un ministro coordinador, una suerte de jefe de Gabinete que cubra las espaldas del gobernador y hasta que hable en nombre de él. Sin embargo, esas son más expectativas que una realidad dentro del poder.

La posibilidad de que la vacuna rusa llegue antes del 15 de enero a Tucumán es otra de las alternativas que se barajan para modificar la situación local. La provincia ha conformado un comité de inmunización con el fin de preparar los centros de vacunación y el personal necesario que trabaje en el operativo. En este aspecto, al sistema sanitario se le abre un probable frente de conflicto: cómo resolver otra expectativa social (la vacunación) a las puertas de las licencias anuales ordinarias en una dotación de agentes sanitarios que, antes de esa fecha, llega con el cansancio natural de aquellos que se acostumbraron a poner los Elementos de Protección Personal (EPP), para atender a los pacientes con covid-19, y gran parte de ellos ya infectados.

Manzur, en suma, debe empezar a cerrar las grietas internas y externas para pararse, otra vez, en el centro del tablero político. Con los apoyos del presidente Alberto Fernández y de sus pares del PJ no basta. El gobernador necesita mostrar qué provincia aspira a gestionar en los tres años que le quedan a su segundo mandato de Gobierno. De otro modo, la difícil realidad se impondrá a las expectativas.

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