Gabriel Fulgado: del rock tucumano a la producción de grandes shows - LA GACETA Tucumán

Gabriel Fulgado: del rock tucumano a la producción de grandes shows

Ha sido el gestor de la actuación de artistas nacionales e internacionales en Tucumán. Un recital de Luis Miguel que le generó zozobra. Las pastas y Serrat. La sencillez de Raphael.

20 Oct 2020 Por Roberto Espinosa

Los ojos de papel de una muchacha parpadean tal vez en la memoria del silencio. Una brisa de Liverpool le arrima una canción: “Alguien a quien amar. Alguien nuevo. Alguien a quien amar. Alguien como tú…”. En una pizzería porteña del barrio de Once, madruga una melodía que se le prende al corazón cuando se escapa de la radio: “y cuando mi balsa esté lista, partiré hacia la locura, con mi balsa yo me iré a naufragar...”. La infancia lo vio crecer en el rumor de un almacén de ramos generales de sus abuelos paternos, en la barriada tucumana de Villa 9 de Julio. Una tía que miraba la vida desde una silla de ruedas le abrió las ventanas de la cultura. “Mi tía escuchaba radios chilenas en épocas de alguna dictadura en que acá la información estaba censurada. Una noche, me dijo: ‘este es el chico español que me encanta’ y yo escuché por primera vez una canción de Joan Manuel Serrat que me marcó. Recuerdo que un domingo lluvioso, escuché en la radio ‘Zamba del chaguanco’ y algún pariente me dijo que cantaba Mercedes Sosa, otro recuerdo que fue un antes y un después”, evoca Gabriel Fulgado, productor artístico de larga trayectoria, que trajo a Tucumán a Roxette, Emma Shapplin, Duran Duran, el Ballet Bolshoi, Raphael, Serrat, Roberto Carlos, Luis Miguel, Joaquín Sabina, así como numerosos artistas nacionales.

REFERENTE NACIONAL. Desde hace décadas, el productor se codea con la élite de la música argentina.

- ¿Tu adolescencia descubrió el rock con Los Beatles?

- Una tarde de domingo, con mi primera novia viendo la película “Matar a un ruiseñor” en el cine Ocean, en el intermedio entre una y otra película pasaban noticiosos argentinos. En uno de ellos vi por primera vez en la pantalla a Los Beatles cantando “Love me do”. No puedo definir el impacto, pero sí puedo decir la consecuencia inmediata: me quedé hasta casi la función de la noche, solo para ver tres veces esos minutos de esa primera canción que me impactó a morir. Como Los Beatles llegaron ese domingo, siendo adolescente iba a la pileta de Estudiantes, el club de mi barrio y el guardavidas ponía música, en un momento escuché un tema que me llamó la atención: “La balsa”, en la versión de Los Gatos. Lo harté al salvavidas con ese tema y me prestó el primer disco de Los Gatos y ahí comenzó este amor profundo por el rock nacional. Almendra todavía no existía.

CONSEJO FALLIDO. Serrat se le quejó por una recomendación.

- Fuiste uno de los testigos del nacimiento del rock en Tucumán, ¿cuáles fueron las primeras bandas?

- Recuerdo como una de las primeras a Los Truenos, en donde me aparecen referencias como Carlos Podazza; lo que sería la historia oficial tiene que ver con tres bandas fundadoras, siguiendo el esquema de las nacionales que crearon el rock nacional, Almendra, Manal y Los Gatos; en Tucumán fueron Los Fantasmas, Los Bang y Los Sabuesos. Los Bang, banda pionera, fue la primera que grabó un single: “Juan Siglo XX a dónde vas” y lado B, “Si consigues”. Los Fantasmas también grabaron un single: “Hombre solitario” y no recuerdo el otro. Los Sabuesos no dejaron nada grabado, seguramente porque su repertorio siempre fue en inglés; los relacioné con Clapton, con Cream, con el primer Traffic. Estaban integradas por adolescentes que provenían de grupos parroquiales o de las semanas de los colegios; fue la primera presencia de la música con un sello o un tinte local en nuestras vidas. Separados estos grupos por distintos motivos, apareció la fundante de la música tucumana, estéticamente, La Pequeña Banda de Trícupa, integrada por exmiembros de las anteriores, y sumaron la presencia del estudiante jujeño Roberto Giambastiani. Para mí, Trícupa fue la madurez del rock local, solo hizo temas propios y tuvo la preocupación de que en cada presentación hubiera algo más que un listado de temas. Se preocuparon por las letras, llamaron a poetas amigos, verdaderamente el resultado musical fue impactante. En ese momento, Tucumán tenía una banda que estaba a la altura creativa de cualquiera nacional importante. Lo que lamento siempre es que de esta formación original no haya quedado un registro, salvo algún show como cuarteto.

MÁS ALLÁ DEL ROCK. Gieco también llegó de su mano.

- Luego vino un trío que también hizo historia…

- La madurez, la conquista del espacio nacional, llega con Redd, un trío integrado por dos ex Trícupa, Juan Escalante y Luis Albornoz, con la presencia de un músico muy nuevo que fue esencial para el desarrollo del rock tucumano, Esteban Cerioni. Nace en los 70, de otra manera, porque a su alrededor crea una estructura de producción: tenía dos artistas gráficos, sonidistas, iluminadores, un productor. Logra grabar dos álbumes que guardan distintos momentos de la banda con el trío original y un segundo momento, donde las letras son del poeta Ricardo Gandolfo, que se suman a una riqueza musical desconocida, felizmente rescatada y guardada en los registros. A partir de Redd, comienzan a multiplicarse los grupos. La ausencia de vida cultural en la oscuridad de los 70 se vio reflejada en que toda una generación quedó silenciada y se tardó mucho tiempo en que los jóvenes se expresaran musicalmente sus cosas. Aparecen en los 80 las nuevas, donde hay muchos nombres para rescatar, pero para señalar el más emblemático, Karma Sudaca. La evolución siguió; en los últimos 10 años descubrí a muchos jóvenes haciendo cosas interesantísimas a través de las que siguen hablando de un rock tucumano vivo, que es lo importante. En este momento, la crisis pasa más por la difusión que por la creatividad.

- ¿Cómo empezaste a producir espectáculos?

- La producción, la organización, fue la manera de acercarme al fenómeno de la música, del rock tucumano, que tanto me interesaba. Mi primer trabajo fue en el secundario, cuando en el colegio Tulio García Fernández organizamos el primer recital con Bang, Sabuesos y Fantasmas, que por primera vez tocaban juntos en un mismo lugar y en una sola noche. Fue el camino de un oyente de todo tipo de música y de un buscador de las noticias del rock nacional lo que me llevó a acercarme a artistas nacionales y a comenzar a producir los shows.

- ¿Cuáles fueron los shows más complicados que te tocó montar?

- Uno de los shows emblemáticos fue la segunda presentación de Luis Miguel en un estadio de fútbol. Vino trayendo un nuevo disco que no era de boleros, pero ya cargaba con toda la fama. Nos costó llegar a un buen resultado. No era un artista fácil, las exigencias eran casi extremas sobre todo para un lugar como Tucumán, donde a tantos kilómetros de distancia y con tanta ausencia de servicios locales, nos resultaba muy difícil igualar las condiciones de producción de Buenos Aires. A eso se sumaba una actitud de ciertas productoras nacionales mucho más exigentes a la hora de volcar sus pedidos sobre productores locales que sobre Buenos Aires. Pero más allá de lo gigantesco de su convocatoria, del éxito de público, hubo un momento que fue casi de quiebre. Luis Miguel estrenaba un escenario inglés que usaba en todas sus presentaciones. En la mañana del día del show me avisan que una de las vigas del escenario estaba cediendo y que se estaba inclinando la gigantesca estructura. Me comunico a Buenos Aires porque faltaban pocas horas para dar puerta y para que él llegara a Tucumán. La respuesta fue que yo solucionara el problema porque si no, él no venía. Fue uno de los momentos más difíciles de mi carrera profesional. Teníamos más de 10.000 entradas vendidas hasta ese momento, te imaginás que un escenario que podía caerse era una bomba a punto de explotar. Era tal mi nerviosismo que no me había dado cuenta de que el escenario era responsabilidad de la producción nacional. Llamé y les dije que si Luis Miguel no venía iba a cancelar el show y les iba a iniciar una acción judicial. Se solucionó, el show estuvo bien, pero lo recuerdo como una de las cosas más costosas, de mayor nervio de toda mi carrera. Otro show de mucha trascendencia fue Roxette, primer grupo internacional que venía a Tucumán. Sin embargo, desde la producción nacional y de los artistas, todo fue trabajar juntos y no solo fue un éxito, sino también un trabajo hecho con altísimo profesionalismo. Y otro show importante fue el del regreso de Mercedes Sosa a Tucumán, no solo por el hecho artístico en sí, por la complejidad de la producción, sino por lo histórico del regreso, después del exilio y el tema emocional de traer a Mercedes a su casa. Se hizo en el club San Martín, hubo algunos problemas porque estaba terminando el Proceso, las elecciones ya estaban encima, pero el gobierno seguía siendo militar, pero felizmente se concretó, con la emoción y el orgullo que implicará siempre recordarlo.

- ¿Cuáles fueron los artistas más divos y los más sencillos?

- Son innumerables. A medida que pasa el tiempo, me voy quedando con los artistas que me dejaron cosas positivas. Los problemas pueden habernos preocupado o torturado en algún momento, pero voy a rescatar un experiencia pequeña que me tocó vivir un día cuando llevamos a Raphael a Monteros. Si bien tenía una estructura adecuada que era el predio de la Municipalidad con un escenario importante, donde se sigue haciendo el Festival, la presencia de un artista internacional convocaba a otro tipo de responsabilidades para nosotros. Previamente, preguntaba cuáles eran las exigencias de camarines y catering porque era uno de los espacios de la organización de los recitales, en donde muchos artistas realmente nos hacían sentir sus veleidades. Llamó la atención que había pedido una copa de cristal y un buen vino tinto, tanto me llamó la atención la simpleza de un artista tan popular e importante, que me lo comentó el intendente, quien le agradeció por haber pedido solo eso, Raphael le dijo naturalmente: “Señor, yo he venido a trabajar, no a comer y a beber a su casa”. Lo guardo como un buen recuerdo. Son anécdotas casi domésticas. La primera vez que traje a Serrat, al terminar el show, su manager me pidió que les dijera en qué lugar podían comer pastas. Los dirigí a uno de los restaurantes más conocidos del centro, donde se hacían las mejores pastas. Al otro día, cuando lo llevaba en el auto a Serrat para su regreso a Buenos Aires: me dice: “Don Fulgado, ¿usted se considera un amigo? -Por supuesto que sí, para mí sería un honor serlo, ¿por qué? -Si usted invita a algún amigo a que vaya a comer a un restorán, jamás lo lleve a ese lugar, las pastas estaban frías y eran de microondas”. Aparte de pedirle disculpas, me quedó como una anécdota por la manera muy gentil en que Serrat lo recordó.

- ¿Sos un músico frustrado?

- No. La música como arte mayor, abraza a cada uno de la mejor manera posible y cada uno se abraza a ella; probablemente, uno piensa en el músico como protagonista fundamental, que lo es, de esa parte de la experiencia artística. Creo que la música se siente tan mimada por las mágicas manos de un pianista como con una persona que crea los espacios para que la gente la disfrute, como puede ser un productor. No hay categorías, son formas de relacionarse con alguien o con algo que uno ama, así ocurre con la gente y con la música.

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