¿Por qué la inflación argentina no es más alta, todavía? - LA GACETA Tucumán

¿Por qué la inflación argentina no es más alta, todavía?

El déficit fiscal escaló considerablemente y la fuente de financiación de ese “rojo” es, casi exclusivamente, la emisión monetaria.

17 Oct 2020
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Por Osvaldo Meloni, profesor de Economía (UNT)

Durante esta semana, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) dio a conocer la tasa de inflación de septiembre (2,8%) con lo que el acumulado en lo que va de año es de “apenas” 22,3%, un número que nos ubica como subcampeones del mundo en un ominoso ranking, detrás de Venezuela.

Sin embargo, llama la atención que la inflación no sea más alta aún, dado que déficit fiscal escaló considerablemente en magnitudes que las estimaciones más conservadoras ubican en torno al 10% del Producto Bruto Interno (PBI) para 2020 y que la fuente de financiación de ese déficit es, casi exclusivamente, la emisión monetaria.

Para ponerlo en términos comparativos, ¿cómo es posible que durante el último año de la gestión de Mauricio Macri, con un déficit fiscal menor (el primario fue 0,5% % y el financiero, consolidando Nación y provincias, del 3,9%) se haya llegado a un 53,8% de inflación y, en cambio ahora, con un déficit fiscal monumental se prevea que 2020 con un tasa de inflación menor al 40%? ¿Acaso no hay conexión entre emisión de dinero e inflación?

Algunas explicaciones

Hay factores de oferta y de demanda por dinero que explican esta trayectoria de la inflación y que ponen dudas sobre su control en 2021.

En primer lugar, no toda la emisión para financiar al déficit fiscal circuló en el mercado. Una parte importante de la oferta de dinero se esterilizó mediante la colocación de Letras de Liquidez (Leliqs) y de operaciones de pases. El stock de Leliqs a diciembre de 2019 era de $ 728.000 millones mientras que en agosto pasado (último mes que reporta el Banco Central -BCRA-) fue de $ 1,777 billón, es decir, en ocho meses se incrementó un 144%.

Otro tanto ocurrió con las operaciones de pases pasivos que aumentaron un 53,5% pasando de $ 432.000 millones a $ 634.000 millones. Por supuesto estas colocaciones son muy onerosas para el BCRA y si no se las acota pueden tener una dinámica descontrolada.

El resto de la oferta de dinero que si llegó al mercado, tuvo dos destinos. Una parte fue demandada por el público y las firmas para sus transacciones y la otra fue dedicada a la compra de dólares. Es decir, el exceso de oferta de dinero se reflejó en la pérdida de reservas. Si tomamos como punto de partida el 10 de diciembre de 2019, las reservas netas, sin swaps ni encajes, eran de casi U$S 12.000 millones mientras que al 9 de octubre, luego de haber transcurrido el primer semestre que suele ser de acumulación de reservas para el BCRA producto de que el grueso de las exportaciones agrícolas se liquidan en ese período, es de apenas 4.518 millones. Esta enorme caída en las reservas era esperable ya que el Gobierno decidió defender el tipo de cambio en valores que el mercado no consideraba de equilibrio dada la inexistencia de un plan económico que privilegiara la integración de Argentina a los mercados internacionales y teniendo en cuenta que la larga cuarentena derrumbaba la economía.

Presiones sobre precios

Hay que considerar que la emisión todavía no tuvo todo el impacto esperado puesto que existen rezagos en la transmisión de la política monetaria que van a presionar sobre los precios en los trimestres venideros.

Otro factor que contribuyó a que la tasa de inflación no escale fue el aumento en la demanda por dinero durante la cuarentena debido a las restricciones a la movilidad y al aumento de la economía informal.

Por último, la inflación no es más alta todavía porque el gobierno regula precios de diversas actividades. De hecho, en septiembre los precios regulados crecieron al 1,8%, un punto por debajo del índice general. Por supuesto, este tipo de regulación no es gratis, se va a pagar más adelante con menores inversiones y una menor calidad de los servicios.

En definitiva, la Argentina está financiando el déficit fiscal con una enorme emisión que todavía no se refleja completamente en los precios porque fue amortiguada parcialmente con el endeudamiento cuasi fiscal (a través de Leliqs), con la perdida de reservas y con controles de precios que llevan a la obsolescencia del capital. Otras versiones, nada originales, del viejo populismo que enamora a los argentinos.

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