Las enseñanzas de Adyashanti

Una cultura universal que abarca mitos, cuadros, fotos, teatro, literatura, cine, televisión y filosofía.

18 Oct 2020
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REFERENTE DE LA FILOSOFÍA “ADVAITA”. Uno de los aportes de Adyashanti en el camino de la búsqueda espiritual consiste en desconfiar de los esfuerzos o de las imposiciones y sobre todo de los sentimientos de frustración.

ESPIRITUALIDAD

EL FIN DEL SUFRIMIENTO

ADYASHANTI

(Gaia Ediciones – Buenos Aires)

Adyashanti es uno de los referentes más convocados por los seguidores de la filosofía “Advaita”, originada en la India y que –definida básicamente- postula la unidad esencial de todos y de todo más allá de las apariencias y demandas que hacen a la vida cotidiana. Unidad que es la base invisible de lo visible, de lo fenomenológico.

Norteamericano y considerado un maestro espiritual contemporáneo, como lo son también Eckhart Tolle, Francis Lucille, Rupert Spira, herederos, entre otros, de Ramana Maharshi, Yogananda, Aurobindo, quienes abrevaron en el conocimiento védico, de los rishis o sabios vedas.

Sin embargo, a diferencia de otros grandes maestros que atisbaron una suerte de iluminación -“satori” o despertar espiritual- como consecuencia de grandes pruebas o “noches oscuras del alma”, Adyashanti, ya de chico, advirtió la irrealidad o arbitrariedad del quehacer mental, del pensamiento. Lo que, desde esa cosmovisión advaita, es incuestionable en Oriente. La mente es apenas un mero reflejo del intelecto, del Ser, de la Realidad, y gusta de “inventar” relatos por la tendencia humana a la ilusión, a la maya, al mágico escapismo: “¡Cielo Santo -percibía sorprendido Adyashanti en su niñez- las personas mayores se creen lo que piensan, por eso sufren!”

Uno de sus aportes en el camino de la búsqueda espiritual consiste en desconfiar de los esfuerzos o de las imposiciones y sobre todo de los sentimientos de frustración. Adyashanti propicia la renuncia a esta actitud. “Aunque parece difícil no luchar, en realidad no lo es”. Y es esa pretensión misma la que genera una tensión interior.

Sin embargo, una y otra vez nuestro autor advierte que es posible evitar ser absorbido por lo que él llama “el remolino y la pena” de dejarnos arrastrar por nuestra propia mente; basta entender cómo funciona, a la manera de un vértigo o de una adicción, este mecanismo.

“En el pasado –señala- solo una minoría selecta de personas miraban de manera profunda su propia mente y su propio ser. Eran los grandes místicos que sentían la vocación profunda de ir más allá del estado egoico de la conciencia”.

En la actualidad, Adyashanti, viajero infatigable, da testimonio de que son cada vez más las personas que tienen ese anhelo de despertar, algo que el propio estado del mundo y la convivencia reclaman. “Y aunque no son monjes ni monjas, ni sadhus ni ascetas sienten y expresan este anhelo muy auténtico de transformación”.

De ahí que “El fin del sufrimiento” constituye un verdadero aporte al estado de emergencia existencial en que vivimos.

© LA GACETA

Fernando Sánchez Sorondo

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