Ítalo Maresio, el hombre que le dio alegrías al pueblo

Un corredor de los buenos, que dejó un gran legado en el deporte, en su familia y amigos.

11 Oct 2020 Por Carlos Werner
4

MOMENTOS. con Norah (su esposa)

Los recuerdos son aromas, sabores, imágenes, sonidos y el calor de las manos de mamá y papá, llevándote a puro amor a dar tus primeros pasos.

-¿Qué fue para vos tu papá y qué legado creés que dejó en la familia y en lo deportivo?

- Más que mi padre, fue un amigazo. Un hombre tranquilo, estudioso, buen amigo, que dejó un ejemplo por el cariño y el buen trato que brindaba. Él le llevó alegría a la gente con sus logros.

- ¿Y tu mamá?

- Una compañera de toda la vida. Incondicional, apasionada, a quien le gustaba lo que papá hacía.

Los recuerdos de Ítalo Maresio (h) son hoy, para él, una mano intangible para asirse a sus padres un ratito más. En pocos días, el maldito coronavirus se los llevó, primero a ella, después a él. Los dos tenían 88 años. Pero él, como sus hermanos Nora y Juan y el resto de la familia, sin soslayar la pérdida, se quedan con esos pantallazos de un entrañable pasado, entre los que están los infaltables almuerzos de los sábados.

Papá Maresio fue corredor de autos. De los buenos, aunque sin creerse una estrella. Fue de esos llamados “locos” en cualquier pueblo o barrio de la provincia. Un hombre que se codeó con grandes del volante nacional en los 60 y la primera parte de los 70. Ese que cuando volvía de competir, y luego de que la gente escuchara las alternativas de la carrera por radio, paralizaba Bella Vista con un desfile de ídolo que congregaba a todos.

Mamá Maresio (en realidad, Norah Josefina Ahumada) nunca corrió. Pero es como si lo hubiese hecho, acompañando a su esposo en las buenas y en las malas. Era la que le cosía las alforjas en las que se guardaban desde comestibles a herramientas en aquellas carreras de miles de kilómetros. Era su fin, y su principio.

Ítalo Mario Benito Maresio nació de padres italianos, cañeros, que se afincaron en el siglo pasado en Bella Vista. Siendo adolescentes se conocieron con Norah y se enamoraron. Ella, desde el 56, era la farmacéutica del pueblo.

Ítalo mamó de las fuentes de los motores en un tiempo de mucha efervescencia en Tucumán. Su papá le regaló una Gilera 500, el germen de todo lo que haría después. Su pasión por los fierros lo llevó incluso a surcar los aires, ya que era piloto de aviones.

Se identificó y se hizo conocido por correr con la marca Alfa Romeo (“por la sangre italiana, así como seguía a Ferrari y Ducati”, según Ítalo -h-). Ya con el tiempo compitió con Fiat Iava, y hasta con un Renault 12. Pero a sus primeras aventuras las tuvo con una moto, en una única carrera que hizo en el parque 9 de Julio, sosteniendo un mano a mano con el “Babi” Yanicelli.

Eduardo “Tuqui” Casá, Eduardo Rodríguez Canedo, Oscar Cabalén, Héctor Luis Gradassi,“Rolo” de Álzaga, Gastón Perkins, Carlos Reutemann, Jorge Recalde. Algunos del sinfín de rivales que tuvo. Quería mucho a Nasif Estéfano (“un chango sencillo, que solía ir a comer empanadas a casa de mi abuelo”, según Ítalo -h-) y admiraba a Eduardo Copello. Conoció a Juan Manuel Fangio, a los hermanos Gálvez, a José Rubiol Roca. En Tucumán corrió con el “Colorado Médici, con José Gettas, con Roque Namur. Fue amigo de “Cacho” Chico, Carlos Acotto, el “Gordo” Becker, “Cutungo” Giobellina, Pedro “Pirincho” Parra. Fue figura en tiempos de mucha rivalidad en la pista y los caminos, pero de una amistad perdurable afuera.

“Las primeras imágenes que tengo son las del taller donde se preparaba el auto, y la situación natural de carrera. Y si él no corría, íbamos a ver correr”, cuenta Ítalo (h), de 63 años. “Recuerdo cada momento suyo en el automovilismo. Recuerdo, por ejemplo, que yo era muy chico y me presentó a Andrea Vianini en el hotel Premier. En ese entonces lo vi como un ser celestial”, agrega.

Triunfos, muchos. Uno de ellos, en la primera Vuelta del Noroeste de mayo de 1964, con una Alfa Romeo Giulietta, en la Clase C. Otros relevantes llegaron en julio de 1965 (en la 2ª Vuelta de Santiago del Estero) y en agosto en el gran premio “Ciudad de Clodomira”. En 1967 se adjudicó la IV edición de la Vuelta del Noroeste en la Clase D, con Giulia Súper 1.600.

Dos grandes actuaciones: en la 2ª Vuelta del Noroeste, de mayo de 1965, fue 2° detrás de Nasif. Y en julio de ese año fue tercero en la primera carrera que ganó Reutemann en el Turismo Anexo J en Carlos Paz.

Hubo un golpazo que se dio en Córdoba, cuando le estaba ganando al “Lole”, entre otros. Pasó semanas inactivo. Pero no perdió el entusiasmo y volvió.

Miguel Navarro, amigo y vecino de la infancia, le preparaba el auto en Tucumán, y lo acompañaba. También se sentaron a su lado Alfredo Busnelli, Eduardo Ferrari, “Chacho” Kira.

Cuando se cerraron de manera masiva los ingenios tucumanos, la familia decide trasladar la farmacia de Bella Vista a la capital. Ítalo se dedica a ello por completo y empieza a alejarse de las carreras. Pero siguió prendidísimo de la velocidad. Hasta sus últimos días, ver pruebas de F-1, TC y MotoGP formaba parte de su rutina.

Un proyecto de Agustín García Fernández propone que una calle de Bella Vista lleve el nombre de Ítalo Maresio. Como la alegría del pueblo que él representó, sin dudas sería un acto de justicia.

Comentarios